dimecres, 17 de febrer de 2010

Tutankamón fue fruto de una relación incestuosa que le pudo causar enfermedades y malformaciones

El faraón tiene que ser el descendiente de una de las hijas que Amenhotep III tuvo con la reina Tiye  |  Más que parecido a un Dios, Tutankamón era débil y achacoso  |  La endogamia pudo terminar con la dinastía más poderosa del Nuevo Reino

17/02/2010 | LA VANGUARDIA | Cultura

 
Tutankamón fue fruto de una relación incestuosa que le pudo causar enfermedades y malformaciones
Tutankamón fue fruto de una relación incestuosa que le pudo causar enfermedades y malformacionesAP /Ben Curtis
Imagen de archivo de la momia de Tutankamon en una nueva caja de cristal en Luxor, Egipto

El Cairo/Hamburgo. (dpa) - Más de 3.000 años después de la muerte de Tutankamón, el mito del faraón similar a un Dios sufrió graves daños. Lejos de la imagen idealizada del rey juvenil, era débil, achacoso, enfermo y, además, hijo de una unión incestuosa: sus padres eran hermanos.
Las pruebas de ADN confirman que Tutankamón muerió a causa de una enfermedad ósea relacionada con la malaria
Las pruebas de ADN confirman que Tutankamón murió a causa de una enfermedad ósea relacionada con la malaria /   LVE

 

A estas conclusiones llegó un equipo de investigadores internacional liderado por el director del Consejo Superior Egipcio de Antigüedades, Zahi Hawass, que presentó sus conclusiones hoy en El Cairo.

Tutankamón, que murió con apenas 19 años, y cuya máscara de oro es conocida en todo el mundo, sufría de una grave enfermedad ósea y de malaria.

La relación incestuosa de sus padres puede haber sido el motivo de varias de las malformaciones del legendario rey niño y haber causado en parte su muerte temprana, según dijo el investigador Albert Zink de la Academia Europea en la localidad italiana de Bolzano (EURAC).

En un ambicioso proyecto de investigación de dos años, Zink investigó junto a sus colegas las momias de los miembros de la familia real. Con ayuda de los tests genéticos, los científicos descubrieron que el padre de Tutankamón fue el rey Akenatón. "Es fantástico que hayamos podido extraer ADN del cuerpo de una persona que murió hace más de 3.000 años", dijo Hawass.

También encontraron a la madre de Tutankamón. Se trata de una mujer que llaman "Younger Lady", una momia con la denominación KV35YL. Sin embargo, aún no se pudo establecer quién era. De todas formas, los investigadores están seguros de que no fue la esposa de Akenatón, la reina Nefertiti, famosa por su extraordinaria belleza. La que sigue siendo mencionada como posible madre de Tutankamón es la segunda mujer de Akenatón, Kiya. Los abuelos de Tutankamón fueron el faraón Amenhotep III y la reina Teye.

Akenatón puede haber engendrado a Tutankamón con su hija


Sin embargo, según Zink, hay una segunda -y teóricamente posible- explicación para la gran similitud genética entre el padre de Tutankamón y su madre. Akenatón puede haber engendrado a Tutankamón con su hija. Pudo casarse con ella "porque era un Dios", explicó Hawass. "También Tutankamón se casó con su hermana o media hermana Anjesenamón", dijo Zink. "Este tipo de uniones dentro de la familia real no eran inusuales", agregó.

Mediante las huellas dactilares los investigadores pudieron establecer un árbol genealógico de cinco generaciones de la familia de Tutankamón. El "faraón niño" Tutankamón vivió hace unos 3.300 años. Se volvió muy famoso cuando fue descubierta en el Valle de los Reyes su tumba, que no había sido saqueada. Allí se encontraron máscaras de oro, muebles y otros tesoros.

Tutankamón llegó al trono con apenas ocho años y murió según algunos investigadores en 1324 antes de Cristo, a los 19 años. Tuvo dos hijos que nacieron muertos. Los dos fetos fueron encontrados asimismo en su tumba.

La endogamia pudo terminar con la dinastía más poderosa del Nuevo Reino
Con Tutankamón terminó la dinastía de gobernantes más poderosa del Nuevo Reino, quizá la época más conocida de tiempos de los faraones.

La causa de la muerte de Tutankamón fue al parecer una enfermedad ósea relacionada con la malaria. De esta forma podría quedar definitivamente desechada la presunción de que Tutankamón había sido asesinado. "Creo que con esto podemos cerrar algunas preguntas acerca de la muerte del rey Tutankamón", afirmó Hawass.

Los investigadores le diagnosticaron al faraón varias enfermedades, entre ellas labio leporino y deformaciones en los pies.

La endogamia durante generaciones llevó aparentemente a una mala irrigación de los huesos y con ello a su desintegración. "Esa enfermedad por sí sola seguramente no llevó a su muerte, pero le redujo fuertemente la movilidad", explicó Zink. "Esto también aclara por qué se encontraron tantos bastones en su tumba". Sin ellos, el faraón no podía caminar.

El científico de la ciudad alemana de Tübingen Carsten Pusch también participó en el trabajo en el laboratorio de análisis de ADN en El Cairo. "Tutankamón sufría del peor tipo de malaria, la malaria tropical", señaló. "Esto, junto a la necrosis ósea, podría haber llevado a su muerte".


MÁS INFORMACIÓN

El ADN de Tutankamón revela que murió de una enfermedad ósea relacionada con la malaria


Ignacio Orovio | El Cairo | 16/02/2010| Actualizada a las 21:08h | Cultura

Una enfermedad ósea y la malaria crónica fueron la causa de la muerte a los 19 años del faraón más famoso de la historia, Tutankamón, que además fue hijo de Akenatón y de KV35YL: no es una broma, es la denominación de la tumba de la que mañana será supuestamente desvelada como madre de Tutankamón . Así lo desvela un estudio del Consejo Superior de Antigüedades (CSA) de Egipto que se publica hoy en la revista Journal of the American Medical Association (JAMA) y se presenta mañana en rueda de prensa en El Cairo.

El pormenorizado estudio revela lo que se sospechaba: Tutankamón era hijo de Akenatón. Lo dicen los análisis de ADN, con lo que avalan la tesis más apoyada entre los arqueólogos. La investigación es algo más que una ostentosa puesta en escena por parte del Consejo Superior de Antigüedades de Egipto, es un paso importante en la historia de esta disciplina, tradicionalmente basada en rel análisis e interpretación de restos escritos, obras de arte, construcciones y contextos geopolíticos. El estudio conmocido ayer enlaza de forma poderosa la más pura ciencia con la más pura de las vocaciones, la del profesional que se deja los veranos y las uñas rascando capas de polvo en busca de no sabe nunca qué. Esta investigación del CSA ha durado más de dos años y este miércoles se presenta ante la prensa internacional en el Museo Egipcio de El Cairo.


...EL ANÁLISIS 
Eduardo Porta


Misterio, riquezas,enigmas de procedencia, secretos cronológicos, maldiciones (que nunca existieron)
y gran propaganda. He aquí las razones de la seducción que ejerce este escondido faraón cuyo nombre, Tutankamon, nos hace soñar con el antiguo y el actual Egipto.


¿Fue un gran faraón? No ¿Derrotó a todos sus enemigos? No ¿Amplió el imperio? No ¿Incrementó las riquezas? No ¿Aportó grandes beneficios sociales a su pueblo? No ¿Tuvo muchos hijos? No ¿Reinó dutrante mucho tiempo? No.


¿Murió envenenado? Tal vez.¿Murió asesinado? Tal vez ¿Por tuberculosis? Tal vez ¿Por un accidente de caza? Tal vez ¿Fue hijo de Akhenaton, el faraón hereje? Tal vez.


Lo único que sabemos con certeza es que murió muy joven, sobre los 19 años, y que fue enterrado en el actual Valle de los Reyes en una tumba que no fue construida para él sino reaprovechada de algún otro personaje y que el día 4 de noviembre de 1922 un arqueólogo mediocre, de profesión acuarelista, Howard Carter, descubrió su tumba, la KV 62, debajo de las estancias de los obreros de la tumba de Ramsés VI. Tutankamon albergaba la colección de materiales arqueológicos y artísticos
más importante de la historia de la humanidad, aún no superada. 1.780 objetos, no miles ni cien-
tos de millares como se ha escrito en muchas ocasiones.


De los aproximadamente 230 faraones (desde 3100 a.C., con Scorpion Djener, hasta Cesarion, en 30 a.C.) fue el 100, más o menos. Y es el único conocido que sigue en el mismo lugar en que fue enterrado: en su tumba y en uno de los sarcófagos construidos expresamente para él.


Ahí reposaba con pocos problemas hasta que la presión del circo turístico ha conseguido que su momia, a los 86 años de su descubrimiento, y que se encuentra en un estado de gran deterioro, sea expuesta a un público que en general sólo busca el morbo de contemplar un cadáver famoso.


E. PORTA, conservador de museos y consultor del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto
¿Por qué nos sigue fascinando?


El origen de todo lo posible. El movimiento romántico


Una mirada retrospectiva y prospectiva

Más allá de los tópicos, arriesgando si cabe en la interpretación, nos aproximamos al movimiento romántico como germen de la actitud moderna

Antoni Marí  | LA VANGUARDIA  | 17/02/2010 Cultura

Cuando se instauró el Terror, con el eficaz instrumento de la guillotina levantada en la plaza de la Concordia de París, se suprimieron automáticamente los derechos humanos proclamados apenas un par de años antes. Las ilusiones democráticas, los deseos de fraternidad, la confianza en un nuevo Estado defensor del ciudadano fueron traicionados, y, en su lugar, apareció el Estado moderno, mejor represor que el del Antiguo Régimen por su perfecta capacidad de control del individuo en sus movimientos físicos, mentales e ideales. Una vez desaparecidas las supuestas garantías que la revolución había prometido, con los ideales reducidos al ideal del pequeño burgués comerciante y tramposo y cuando los valores de la libertad y de la igualdad se transformaron en ganancia y plusvalía, no quedaba otra solución que recogerse en lo más profundo y secreto de uno mismo para comprobar que, tal vez allí, pudiera permanecer algún rescoldo de lo que hizo posible la revolución, tan pronto traicionada. Robert Southey, el poeta, describía el sentimiento que había despertado en él la revolución: "Todo lo antiguo parecía desvanecerse, y no había más sueño que el de la regeneración de la raza humana"



Los jóvenes europeos y aquellos otros jóvenes alemanes que habían plantado el árbol de la revolución y habían celebrado la Declaración de los Derechos Humanos como algo necesario y natural como la vida orgánica dejaron de observar el mundo exterior como algo propio para atender la vida interior como la única capaz de transformar el mundo en el territorio de un yo inconmensurable, libre y autónomo de las contingencias de la pequeña vida burguesa. La Revolución Francesa había fracasado porque a pesar de las transformaciones sociales, políticas y administrativas, el hombre seguía siendo el mismo que antes de la revolución y había vuelto a crear lo que había destruido y vuelto a caer en manos de la corrupción, la maldad, la injusticia, la falsedad, la traición y el escarnio. Si se quería hacer la revolución, esa revolución debía empezar por uno mismo. Cada uno debía aplicarse en la realización de un ideal de humanidad que uno debía reconocer en sí mismo y en los valores de la autenticidad, la fidelidad, la franqueza, la fuerza y, sobre todo, en la capacidad de dedicar la existencia a la realización de un ideal por el que se podría renunciar a todo y sacrificarlo todo. El camino de la revolución debía ser individual y cada uno debía encontrarlo en la reflexión, en la introspección y en el conocimiento de uno mismo.

Los caminos para acceder al conocimiento podían tomar el itinerario que mejor se adecuara a la naturaleza de la búsqueda, puesto que el conocimiento se adquiría en el trayecto, en el desplazamiento del punto de partida hasta el destino que cada uno había imaginado o escogido. Unos atravesaban las fronteras hasta llegar a lugares recónditos; otros, para volver al origen de donde partieron. El conocimiento, que según los ilustrados tenía sus límites, para los románticos era casi infinito y sin límites. Todo era susceptible de ser conocido, no únicamente por la razón, sino por la síntesis de todas las facultades, como había mostrado Kant en la Crítica del juicio.Esta confianza en las facultades propias permitió, a algunos románticos, ser idealistas, es decir, creer en la capacidad de las ideas de transformar el mundo o de alejarse del que les había tocado vivir. Crearon otras vidas y otros mundos: la Grecia clásica, la Roma republicana, la América indígena, el medioevo místico, el Renacimiento platónico, el origen del mundo..., cualquier tiempo y lugar distintos de los lugares y del tiempo de donde venían. Novalis, Hölderlin, Wordsworth, Coleridge, Leopardi, Schelling expusieron estos viajes de ida y de vuelta, trascendentales, capaces de transformar a los individuos en la idea que se habían hecho de ellos mismos y que pudieron realizar por la audacia de su decisión.

La construcción del yo y la recuperación de la naturaleza como el pasado trascendental de la humanidad fueron las intuiciones primeras que originaron la búsqueda romántica: un yo vigoroso, un sujeto dotado de un poder sobre sí mismo capaz de transformar la realidad a su idea y de reconocerse como parte del universo y de la naturaleza - lugar desde donde surge la voz interior que nombra de nuevo todas las cosas- y liberarse de las ataduras que impedían la realización de sí mismos y del mundo que querían habitar. Para realizar este ideal, los románticos reconocieron la imaginación como la facultad de crear y reproducir ese mundo, de habitar en él y de darlo a conocer a los demás. Aquí reside la revuelta romántica, en la creación de un mundo ideal (pero posible) que espera el momento de hacerse real y habitable y compartirlo con aquellos que reconocen como propia la expresión de la idea. Una idea que puede tomar la forma de un programa filosófico, un manifiesto, una elegía, un himno, una sonata, una tragedia, un drama o un territorio.

Los románticos de la escuela de Jena no se consideraban todavía románticos, puesto que el romanticismo es un atributo que espera el momento de su realización y un deseo todavía inalcanzable. Para Schlegel, el término es indefinido y va acompañado de una ironía violenta y paradójica: "No puedo enviarte mi definición de lo que es el romanticismo porque ocupa 125 páginas". Frente al yo absoluto defendían la fragmentación de la conciencia y el fragmento como la forma idónea para expresar la división y la contrariedad entre la razón y el sentimiento.

La conciencia romántica del desarraigo, de no ser de donde uno es, y la nostalgia de la pérdida son atributos románticos que desde los primeros años del siglo XIX se mantienen hasta hoy como las primeras premisas de la modernidad. En el mundo tradicional no era posible pensar que la realidad de las cosas pudiera ser de otra manera a como es: cada cual tenía asignado su lugar de entre la jerarquía del orden del cosmos y cada partícula ocupaba el lugar que le correspondía. En el mundo moderno, a pesar de todas las contrariedades posibles, se puede ocupar el lugar que nos plazca mientras seamos capaces de asumir el riesgo que eso comporta.

Asumir los riesgos 

Y el romántico es el príncipe de los riesgos; los asume y reivindica todos, ya sea desde la literatura defendiendo la libertad sobre las reglas de la retórica; desde las artes plásticas rebelándose sobre el principio de imitación de la naturaleza para defender la libertad de la expresión; desde la música, atendiendo y formalizando aquellos profundos instantes de inspiración que no tienen lugar en las formas cerradas de la tradición pero que considera más auténticas y expresivas, como el impromptus, la rapsodia, la balada, el nocturno. En arquitectura, la nostalgia del pasado, donde se conservan lo verdaderos valores, les lleva a reivindicar el neoclasicismo como símbolo de la república y de la democracia griega, el neogótico como valedor y símbolo de los valores de la cristiandad antigua o los neoorientalismos como imagen del relativismo histórico y el exotismo novelesco.

Desengañados por la dirección que tomaba la Revolución Francesa y el espíritu napoleónico, los primeros románticos alemanes recuperaron el ideal de la restauración medieval y los valores de una comunidad espiritual, opuesto radicalmente al orden burgués, comercial y egoísta: Novalis, Tieck, Wackenroder, Hoffmann y Eichendorff son buenos exponentes de esta posición. Hölderlin y Heine nunca renunciaron a la perspectiva revolucionaria; Heine, antirromántico radical, se decidió por un romanticismo crítico con la tradición y con la inmediata actualidad. En Inglaterra, los poetas lakistas, Wordsworth, Coleridge y Southey, renuncian a su primer entusiasmo jacobino para recogerse en una restitución medieval que tendrá a Walter Scott como expresión novelesca de ese medievalismo. En Francia, ocurre todo lo contrario, si en un principio los románticos son defensores de la tradición y acusan a la revolución del caos y el terror, como Chateaubriand, Lamartine o Vigny, los acontecimientos posteriores dan lugar a un liberalismo democrático, representado por Hugo y Stendhal. Finalmente, un romanticismo jacobino que toma una posición crítica contra la opresión de las fuerzas del pasado - la monarquía, la aristocracia y la Iglesia-y contra la nueva opresión del Estado moderno y de la burguesía; estos románticos no están dispuestos a mediar con el poder, exigen rupturas revolucionarias y profundas transformaciones y toman como modelo la ciudad griega, la república romana y la obra política de J. J. Rousseau. Babeuf, Stendhal, Alfred de Musset, George Sand nunca renunciaron al jacobinismo.

Que el romanticismo es la modernidad lo afirmó Baudelaire a mediados del siglo XIX desde la ciudad industrial moderna. Con su posición, el movimiento salía de los seminarios y de las universidades alemanas y del paisaje de los lagos ingleses para confundirse con la multitud anónima y la transformación y el movimiento de las calles de París abiertas por Haussman. El romanticismo -en su paradójica contradicción- es el germen del mundo moderno, donde se dan todas las inminencias, los riesgos y los terrores que surgieron entre los dos siglos que nos separan de él. Tal vez, por esta razón, de vez en cuando volvemos a él: para considerarlo desde una nueva posición, y criticarlo y reconocer lo que nos separa de él y lo que se mantiene en sus infinitas propuestas. Porque aquí está, a pesar de lo pasado, el origen de toda posibilidad.


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El autor

Antoni Marí es poeta, ensayista, narrador y catedrático de Teoría del Arte en la Universitat Pompeu Fabra. En su obra ensayística destacan 'L'home de geni' (Edicions 62), 'Formes de l'individualisme' (Tres i Quatre) y 'El entusiasmo y la quietud'.


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Romanticismo y política No sólo al arte, la literatura o la música; el ideal romántico atiende también a la política. Así, las revoluciones europeas de mediados del XIX no se entienden sin el impulso de su pensamiento
 
El gobierno de las afinidades electivas
 
JOSÉ ENRIQUE RUIZ-DOMÈNEC  - 17/02/2010

Si en 1789, Schiller exigió el 'futuro ahora', en 1848, el año de las revoluciones en Europa, ese futuro era ya una realidad, y las nuevas ideas se vincularon a la causa republicana, el Estado nación, el sufragio universal y los derechos de los trabajadores

El romanticismo constituye un cambio esencial en la historia de Europa: es el triunfo de la voluntad sobre la razón. En unos años inciertos, dominados por la guerras napoleónicas, se produjo una transformación social sostenida por un nuevo concepto del arte, la literatura y la música. Los hombres de cultura se presentaban a las reuniones con pantalones rectos, dejando la moda nobiliaria en los desvanes, con la intención de difundir el modelo de vida burgués. Tras la derrota de Napoleón en Waterloo, el gusto romántico fue lo único capaz de suscitar entusiasmo en una sociedad cansada del espectáculo dado por la clase política en el congreso de Viena; ni siquiera el astuto Talleyrand fue capaz de salir airoso de la diplomacia de Metternich favorable a la monarquía absoluta.

La generación romántica demolerá en poco tiempo los acuerdos firmados por las grandes potencias y pondrá fin para siempre al antiguo régimen. Lord Byron apoyó a los griegos en su deseo de recuperar el suelo patrio ocupado por los otomanos; Victor Hugo con Hernani y Berlioz con la Sinfonía fantástica crearon el ambiente a favor de los días de julio de 1830, cuya mejor crónica fue la novela Rojo y negro de Stendhal. Había llegado el momento sansimoniano.

El periódico de referencia se llamó L´Avenir y desde él Saint-Simon postuló una nueva época basada en una justa organización del trabajo que limitara los efectos perversos para la clase obrera del liberalismo económico. ...


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Romanticismo y política: un caso contemporáneo ¿Es el heroísmo un atributo romántico? ¿Existen los héroes contemporáneos? Reflexiones a propósito del recuerdo de quienes desafiaron a la dictadura chilena y hoy siguen en el olvido
 
Historias de sintaxis colectiva
 
XAVIER MONTANYÀ  - 17/02/2010

Hombres y mujeres que lo arriesgaron todo en la lucha contra la dictadura y que la democracia ha preferido mantener en el exilio; habrá quien los pueda considerar terroristas, habrá, también, quien los pueda considerar héroes o mártires, e incluso, románticos
Ahora que, en Chile, tras veinte años de democracia gobernada por el centroizquierda, la victoria de la derecha que fue pinochetista, encabezada por el empresario multimillonario Sebastián Piñera, se ha consumado en las urnas, es de justicia rescatar del olvido la historia de centenares de hombres y mujeres que lo arriesgaron todo en la lucha contra la dictadura. Tanto es así, que, paradójicamente, la democracia ha preferido mantenerlos lejos, en el exilio, negándoles la participación en el debate democrático. Habrá quien los pueda considerar terroristas por armarse para defenderse de un Estado responsable de crímenes contra la humanidad. Los habrá, también, que los pueda considerar héroes o mártires, e incluso, románticos. Quizás puedan serlo por haber logrado rozar lo que parecía imposible. Quizás por eso han sido relegados al limbo del destierro. Pero su historia no es literatura, ni los devaneos y delirios atormentados de un ego superlativo. La suya es una obra de sintaxis colectiva, como dijo Carl Einstein de Buenaventura Durruti, de convicciones sociales y éticas, de rebelión contra el crimen de Estado, de enfrentamiento directo con el enemigo, de resistencia a la tortura, a las más duras condiciones de cárcel y, finalmente, de insumisión, de fuga y de exilio. ...
 

Las paradojas del ser moderno. Las raíces románticas de la modernidad


En nuestros tiempos, ¿hay lugar para el romanticismo? Y, en caso afirmativo, ¿en qué consiste el romanticismo contemporáneo?  |  José Luis Molinuevo es autor, entre otras obras, de 'Magnífica miseria. Dialéctica del romanticismo' (Cendeac, 2009); 'Humanismo y nuevas tecnologías' (Alianza, 2004) y 'Estéticas del naufragio y de la resistencia' (Alfons el Magnànim, 2001)

JOSÉ LUIS MOLINUEVO | LA VANGUARDIA 17/02/2010  Cultura 
El siglo XXI mira con una cierta perplejidad tormentas del siglo pasado que se desataron en un vaso de agua, así la exangüe que enfrentó a modernidad y posmodernidad, dos almas gemelas que se disputaban la misma herencia intelectual. Olvidaron que sólo desde una modernidad múltiple se puede entender una contemporaneidad compleja. Por eso, no nos debe extrañar que a comienzos del siglo XXI sigamos preguntando: ¿qué quiere decir hoy modernidad? Una de las respuestas puede seguir siendo la misma que dio Baudelaire: romanticismo. Porque él no hablaba del romanticismo que había pasado, sino del que venía.

Las ventajas de tomar como guía a este pintor de la vida moderna es que nos evita pisar esos charcos culturales en los que corre peligro de caerse algo más que la aureola del poeta clásico. Así, quien se haya sumergido en los diversos romanticismos no se enredará en las disputas sobre la antítesis entre alta y baja cultura; quien haya comprendido la imposibilidad de vivir de Kleist no se inquietará por los cortejos del nazismo al romanticismo almibarado que triunfa precisamente en las democracias, ni tampoco porque Leni Riefenstahl ya tuviera todo preparado para protagonizar Pentesilea cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Y es que el romanticismo degenerado es la entraña misma del romanticismo clásico, lo que le hace inasimilable a cualquier totalitarismo. Pues, lejos de los irracionalismos, si algo caracteriza al romanticismo es precisamente esto: saber sentir.

Atreverse a sentir 

Certeramente apuntaba Schiller a Fichte que lo que les separaba no eran las ideas (susceptibles de aproximación argumentativa), sino algo más radical, los sentimientos (un aparente océano magmático de la incomunicación como el de Solaris en Lem-Tarkovski). Pues lo que en realidad estaban reivindicando los primeros románticos eran los rasgos cognitivos del sentimiento, presentes hoy en día en la investigación neuronal de las emociones. Con ello se postulaban herederos de aquella ilustración sentimental que oponía, complementando, el "¡atrévete a sentir!" al "¡atrévete a saber!" de los racionalistas. Si era necesaria una crítica de la razón pura para corregir sus extravíos, no menos indispensable resultaba una crítica de la pasión pura devenida autodestructiva. Kant, ciertamente, pero también Goethe. No eran tan distintos: el uno hablaba de la pasión de la razón y el otro de la razón de la pasión.

El resultado de la crítica del sentimiento puro no tenía por qué ser la renuncia a este. El propio Blake proponía el exceso como modo de acceso al palacio de la sabiduría. Uno de sus frutos paradójicos es esa palabra, percepción, verdadera joya producto de la coyunda entre sensibilidad y entendimiento, que la contracultura se apropiará como suya a través de Huxley, pretendiendo llegar a través de los viajes de las drogas a esa percepción de la cosa en sí por la que siempre han suspirado los filósofos idealistas. A la búsqueda de ese saber del sentimiento dedican los románticos viajes, siempre interiores aunque transcurran en la superficie, al término de los cuales los hallazgos pueden ser muy diversos: que lo cotidiano se vuelva misterioso, pero también que lo familiar se convierta en inquietante, siniestro. Y el encontrar dentro la verdad no garantiza que no sea precisamente el horror quien se anuncie al acecho.

Si lo sublime es el sentimiento romántico por excelencia, es preciso atender no sólo asulado luminoso, del Uno y Todo, presente en el primer romanticismo alemán, objeto de las preferencias académicas, sino también a su lado oscuro, que se prolonga a través de la modernidad estética en el ciberpunk. Los dioses de la luz han huido al ciberespacio, lo sublime de la naturaleza se encarna en lo sublime tecnológico inspirado en el romanticismo inglés que alimenta las primeras ciberculturas y más tarde el tecnorromanticismo. En el ciberpunk pululan también los descendientes de los modernos Prometeos, las figuras errantes del mal, desde el monstruo de Shelley, el Caín de Byron, el judío de Sue, hasta aquellos androides malditos de Dick para quien el mal tenía el rostro de metal. Seres sufrientes, víctimas de una creación chapucera de la que se ha desentendido su creador. Ellos son la grieta creciente de la casa Usher en la cultura occidental.

Pendular 

El romanticismo es un movimiento pendular: del sufrimiento al aburrimiento, ambos intercambiables, siendo una de las formas para salir del segundo la contemplación del primero en sí mismo o en los demás. Ese movimiento pendular atraviesa momentos cronológicos diversos, lugares geográficos dispersos y caracteres individuales a menudo contrapuestos. Así, desde la perspectiva del romanticismo de la actualidad se ve de otra manera la actualidad del romanticismo. No es el sufrimiento, sino el aburrimiento, la bestia negra del romántico. Antes muerto que aburrido. El personaje de René de Chateaubriand acaba siendo más potente que el Werther de Goethe: "Me aburro de la vida; el aburrimiento me ha devorado siempre".

Pero, más avisados hoy, ya no se huye del ennui, de ese hermano,en los viajes, ni en experimentos multiculturalistas fallidos como el de René. Tampoco se busca el camino de la confrontación, sino el de la diversión, ya se trate de sí mismo o de los demás. Diversión es la palabra que define el camino romántico de la autocreación a la autoficción en el presente. En una libre interpretación de los afectos especiales románticos como efectos especiales hoy en día se tolera casi todo en el pensamiento, la literatura y el arte, con tal de que sea divertido. Esto es lo que toman los nuevos románticos del Cervantes objeto del deseo del viejo romántico. Los procesos tradicionales de autoafirmación del yo, su autocreación dolorosa, han sido sustituidos ahora por espectáculos que van desde la exhibición más elemental de nuevas identidades en redes sociales hasta la más sofisticada y cómplice distancia con que el narcisista irónico contempla su mutación literaria sin fin, su autodisolución como metamorfosis creativa. Creación es sinónimo de promoción, de distribución de uno mismo: hoy en día el yo no se crea sino que se distribuye. El esteticismo romántico triunfa así en el individualismo de masas como incesante poiesis. Es una literatura textual, visual o sonora para aburridos.

No es la Ilustración, como pensaban Horkheimer y Adorno, sino el romanticismo la clave de nuestra industria cultural. Es la diversión garantizada pero también el perfume residual de trascendencia asociado a todo producto intrascendente que se publicita. Es lo que hay, pero no por ello todo es negativo. El romanticismo del yo está dando paso a un romanticismo ciudadano, y quizá nos encontremos pronto con un nuevo Goethe que asegure a un atolondrado Enrique que sus tiempos de aprendizaje han acabado, que ya se ha emancipado, pues es un buen ciudadano, nada político, ya que sólo responde a la exigencia del día. Es el romanticismo que viene.

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El enigma de la muerte de Napoleón

dijous, 11 de febrer de 2010

La invención de los derechos humanos

TRES SIGLOS DE DERECHOS HUMANOS


(Foto: ONU/Eleanor Roosevelt muestra la Declaración Universal de Derechos Humanos aprobada el 10 de diciembre de 1948 por la Asamblea General de Naciones Unidas)
La invención de los derechos humanos

Lynn Hunt analiza el contexto en el que se inventaron los derechos humanos en el siglo XVIII, en una clara respuesta a estímulos ideológicos, sociales y artísticos

Lynn Hunt ha logrado resumir en las pocas palabras de un título, La invención de los derechos humanos, su postura en la discusión larga de siglos sobre si existen los valores universales y cómo llegan a conocerse. Si los derechos humanos como expresión de esos valores se encontrasen ocultos en algún recóndito lugar y hubieran sido repentinamente hallados no podría hablarse de "invención" como hace Hunt, sino de "descubrimiento". De la misma manera que habría que hablar de "revelación" si conformaran un código dado a conocer por un ser trascendente, por una divinidad. Al tratarlos como el resultado de una invención, Hunt coloca a los seres humanos ante una soledad radical, en la que cualquier guía ética y moral para la acción no puede legítimamente invocar ningún mandato ajeno a su estricta voluntad y, por tanto, a su responsabilidad, a su compromiso.

El propósito del ensayo de Hunt es dar cuenta del contexto en el que, durante el siglo XVIII, tuvo lugar esta invención, respondiendo a estímulos ideológicos, sociales, políticos e, incluso, artísticos. Para ello lleva a cabo un sugerente cambio de perspectiva en la discusión sobre los derechos humanos, que normalmente se ha desarrollado en el terreno jurídico y filosófico, y que Hunt, por su parte, traslada al ámbito de una historiografía multidisciplinar y de amplio espectro. Las fechas de las primeras declaraciones son conocidas, lo mismo que el carácter de las asambleas políticas que las adoptaron. También el hecho de que, evitando dotar a los derechos de cualquier fundamento exterior al ser humano, fueron calificados como "evidentes", una forma de conectarlos con la razón y con la nueva concepción de la persona que se estaba abriendo paso. Pero las preguntas a las que se ajusta el ensayo de Hunt son por qué las asambleas políticas se sintieron requeridas a declarar lo que ellas mismas consideraban evidente y por qué dotaron a esas declaraciones del concreto contenido con el que han llegado hasta nuestros días.

Hunt arranca, así, con un original análisis de la influencia ejercida por la novela epistolar en la invención de los derechos humanos. Obras como Pamela y Clarissa, de Samuel Richardson, o Julia, de Rousseau, inauguraron un género de éxito que alcanzó su máximo desarrollo en las fechas inmediatamente anteriores a las Declaraciones norteamericana y francesa. La sugerencia de Hunt es que el intercambio de cartas, como recurso narrativo, ofrecía un camino de acceso a la intimidad ajena y, de este modo, favorecía uno de los sentimientos sin los cuales resulta difícil concebir una idea como la de los derechos humanos: la empatía. No se trata de un sentimiento que sólo apareciera en el siglo XVIII, aclara Hunt; lo que sucede es que la generalización de la novela epistolar lo estimula hasta límites desconocidos anteriormente, borrando las fronteras entre las clases sociales, los sexos y, en definitiva, entre unos hombres y unas mujeres cada vez con mayor conciencia de su individualidad.

En su recreación del contexto en el que se produce la invención de los derechos humanos, Hunt apunta, a continuación, hacia otro factor cuando menos tan original como la influencia de la novela epistolar: la ampliación de lo que denomina el "umbral de la vergüenza". Es a lo largo del siglo XVIII cuando, siempre según Hunt, se van adoptando las normas que conformarán los códigos de higiene y de urbanidad que han seguido evolucionando hasta hoy. Si poco a poco se reprimen en público ciertos actos fisiológicos que hasta entonces no escandalizaban ni producían repugnancia es porque el pudor ha empezado a delimitar un espacio de intimidad que, de nuevo, remite a una conciencia de la individualidad. En realidad, esa creciente conciencia será uno de los estímulos decisivos para la invención de los derechos humanos, puesto que, trasladada a otros ámbitos, como el del proceso judicial, obligará a poner en tela de juicio la tortura y los castigos deshonrosos y degradantes. Entre los adversarios más firmes de estas prácticas se encontrará el italiano Cesare Beccaria, cuya obra De los delitos y las penas, traducida a las principales lenguas europeas, fijará los principios para un derecho penal entendido de manera diferente a la venganza o a la expiación, extensibles a la familia del reo. Hunt recuerda que la Iglesia incluyó en el Índice el libro de Beccaria.

El hecho mismo de declarar lo evidente, según hicieron los revolucionarios norteamericanos y franceses, no resultó políticamente inocuo, sino que acarreó trascendentales consecuencias en ambos países y en el resto del mundo, que Hunt analiza en los últimos capítulos de su ensayo. Convertir en norma positiva los derechos humanos supuso, en primer lugar, que los revolucionarios se apropiaron de la soberanía y la legitimidad que les autorizaba a hacerlo. Pero, por otra parte, desencadenó un proceso al que, además de Hunt, se han referido Hannah Arendt o François Furet: la igualdad que los revolucionarios consagraron como principio universal ha inspirado las luchas de los individuos que fueron inicialmente excluidos de ella, en un largo recorrido que ha llevado desde la abolición de la esclavitud al reconocimiento de los derechos de las mujeres. Los derechos humanos fueron, según Hunt, una invención; pero una invención que sigue surtiendo efectos tres siglos después.



JOSÉ MARÍA RIDAO
http://www.elpais.com/articulo/portada/siglos/derechos/elpepuculbab/20100130elpbabpor_7/Tes

Los españoles que conquistaron Egipto


El Ministerio de Cultura inaugura en El Cairo una exposición que reivindica la aportación española a la egiptología tras 120 años de excavaciones en el país africano

El egiptólogo Eduardo Toda, fotografiado en 1885 en el Museo de Boluak (El Cairo). SECC
JESÚS CENTENO - ENVIADO ESPECIAL - PÚBLICO -07/04/2009 02:00

España conoció Egipto en los museos extranjeros y, hasta los años 60 del siglo pasado, la egiptología española, simplemente, no existió. Hoy, España es uno de los países a la vanguardia en el estudio de la civilización egipcia y, en homenaje a los investigadores que lo hicieron posible, el ministro de Cultura, César Antonio Molina, inauguró ayer en el Museo de El Cairo la exposición 120 años de arqueología española en Egipto organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, que recoge la aportación de los científicos españoles, desde los pioneros de finales del siglo XIX a la actualidad.
La muestra, que contiene 130 piezas originales entre sarcófagos, cerámicas y esculturas, reivindica la decisiva aportación española a la investigación del antiguo Egipto. "Esta muestra salda la deuda de agradecimiento que tenemos los españoles con los arqueólogos que han trabajado aquí", explicó Molina durante la inauguración. El ministro anunció también la firma de un acuerdo de cooperación entre la Biblioteca de Alejandría y la Biblioteca Nacional y entregó la medalla de la Orden de las Artes y las Letras de España al secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, Zahi Hawass, "quien nos ha dado la posibilidad de llevar a cabo las excavaciones", dijo Molina. Hawass es el primero en recibir la Orden, distinción creada por Cultura en julio.

Eduardo Toda sembró el interés en España por la egiptología

La exposición que podría exhibirse en España en un futuro, según dijo Molina recuerda la figura pionera de Eduardo Toda (1855-1941), fue el primer gran investigador español de la egiptología española, cuando, en el siglo XIX, las investigaciones eran monopolizadas por ingleses, alemanes y franceses. Diplomático y cónsul en varios países de Extremo Oriente entre los años 1876 y 1873, Toda viajó a El Cairo en 1884, como cónsul general de España. Sólo estuvo dos años en Egipto, pero tuvo tiempo de viajar por todo el delta del Nilo e interesarse por el Antiguo Egipto con la ayuda del francés Gastón Masperó, director del Servicio de Antigüedades de Egipto.

Su gran descubrimiento fue, en 1886, el de la tumba de Sennedjem, artesano del Valle de los Reyes, vigilante del sepulcro real y "sirviente en el lugar de la verdad". Encontrarla no fue fácil: la entrada del pozo tenía menos de cuatro metros de profundidad y, una vez dentro, una galería de apenas dos metros conducía a la cámara, tallada en la roca y sin decoración. Las ruinas cubrían el suelo, y los vasos y estatuas yacían en fragmentos, "confundidos por los restos humanos y otros asquerosos residuos de la vida, sirviendo ahora de pasto a las hienas y de festín a los chacales del desierto", según describió el egiptólogo. En la tumba, Toda encontró intactas veinte momias en sarcófagos y el ajuar correspondiente al artesano Sennedjem, que vivió bajo los reinados de Seti I y Ramsés II en el siglo XIII a.C. Fue, de hecho, una de las pocas tumbas que llegó intacta a las manos de los investigadores y la primera excavada y estudiada por un arqueólogo español. La muestra recoge el sarcófago de Sennedjem, sillas que invocan a los dioses y varias cajas de madera que contienen vasos canopos, que se usaban para guardar las vísceras del difunto para mantener a salvo la imagen unitaria del cuerpo.

Toda sembró el interés en España por la egiptología, y dejó legado. En 1908, el profesor Vicente de Galarza, profesor de Universidad de El Cairo, encontró una tumba en la que asomaba una estatua de mujer sentada en una silla de dos metros de altura. Es Khamerernebty, la única estatua de dimensiones colosales del Reino Antiguo, y la descubrió un arqueólogo español.

Es difícil saltarse la burocracia y cerrar subvenciones, dice Galán

La muestra también exhibe fragmentos de la Heracleópolis Magna, que fue el primer yacimiento egipcio otorgado a España, en 1966. Desde 1984, han tenido lugar 25 campañas de excavación continuadas, y se sigue excavando en la actualidad bajo la dirección de María del Carmen Pérez Díez. También se recogen misiones más recientes, como la investigación del yacimiento de Oxirrinco (El-Bahnasa, Mina), célebre por la ingente cantidad de papiros encontrados y que apenas habían sido estudiados hasta la década de 1990. Josep Padró encontró allí un Osireion (monumento funerario) subterráneo, único en Egipto por la importancia de sus textos y los ajuares funerarios hallados, que documentan el ritual anual consagrado a Osiris.

La muestra concluye con las excavaciones de Josep Cervelló en la pequeña necrópolis de Kom El-Khamasin y las de José Manual Galán en las tumbas de Djehuty (un alto dignatario al servicio de la reina Hatshepsut) y de Hery en Dra Abu El-Naga, una colina que se eleva en la orilla occidental de Luxor. Allí se enterraron los reyes de la dinastía XVII (1600 a.C.). Hace unas semanas, el equipo descubrió la capilla sixtina de Djehuty, que aprovechó las ventajas de su cargo para decorar su cámara sepulcral de suelo a techo con jeroglíficos y versículos del Libro de los Muertos. Galán, responsable del yacimiento, se lamentó de no haber podido incluir en la muestra estas piezas, que acaban de ser halladas y que aún deben ser restauradas. Para él, lo más difícil es encontrar subvención, pero también es importante, dice, "solventar la burocracia y mantener al equipo". Pero lo fundamental, asegura, es que la egiptología siga entusiasmando en España como hasta ahora: "Es la cuna de nuestra historia. Los griegos bebieron de su cultura, de su religión, de su arte. Por eso nos llama tanto la atención", remata.

Misión española

En 1959, la baja Nubia, situada entre Egipto y Sudán, corría el riesgo de ser inundada por la presa de Asuán, con la consiguiente pérdida de yacimientos y monumentos. La Unesco pidió ayuda y acudió el Comité Español para el Salvamiento de los Tesoros Nubios. Entre 1961 y 1964, un grupo de arqueólogos trabajó en la excavación de estos yacimientos. En compensación, Egipto regaló el Templo de Debod, instalado en Madrid, y concedió a España la investigación del yacimiento de Heraclépolis Magna, sede de los soberanos de las dinastías IX y X (2160-2040 a.C).

La ciencia ‘recrea’ a un esquimal que vivió hace unos 4.000 años

  1. • Un estudio analizó unos cabellos conservados bajo el hielo de Groenlandia
  2. • El mapa genético descarta un vínculo cercano con los actuales pueblos inuit




Si desea ver el gráfico en PDF haga click en la imagen.
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ANTONIO MADRIDEJOS BARCELONA
Unos cabellos conservados milagrosamente durante 4.000 años bajo los hielos de Groenlandia han permitido determinar que el individuo al que le pertenecían tenía una piel bastante oscura, ojos morenos, grupo sanguíneo O+ y pelo recio, así como una tendencia a la calvicie, entre otras intimidades. Inuk, como ha sido bautizado, formaba parte de los primeros pueblos que se aventuraron a colonizar las indómitas tierras del Ártico americano, más al norte del paralelo 65. Nunca una secuenciación genética de este nivel había llegado tan atrás en el tiempo.

La filigrana científica ha sido coordinada por investigadores del Museo de Historia Natural y la Universidad de Copenhague, pero en el trabajo han participado una veintena de centros de la propia Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Rusia, Estonia, Reino Unido, Australia, China e Italia. Los resultados de la investigación se publican esta semana en la revista científica Nature.

NEANDERTALES Y MAMUTS / Investigaciones anteriores habían logrado recuperar restos de ADN pertenecientes a neandertales que vivieron en Europa hace 40.000-60.000 años, pero siempre se trataba de pequeños fragmentos muy contaminados por material genético de bacterias y virus. Lo mismo sucedió con varios restos de mamut con unos 10.000 años de antigüedad. El trabajo para ensamblar las piezas era un puzle de dificultad suprema. Ahora, en cambio, los investigadores han logrado reconstruir el 79% del genoma, una primicia sin precedentes, con apenas dos gramos de cabello.

Gracias al permafrost, los hielos perpetuos del subsuelo groenlandés, «la preservación del pelo era fantástica», explica a este diario una de las autoras del trabajo, la genetista portuguesa Paula Campos. De hecho, uno de los cometidos de Campos ha sido comprobar los daños causados por la degradación del ADN mediante la comparación con material antiguo de mamíferos. Eske Willerslev, director del estudio, resume: «El genoma de Inuk es comparable en calidad al de un humano moderno». Las contaminaciones se han estimado en menos del 1% del total del genoma.

El pelo del que parte el estudio se descubrió en 1986 durante una excavación en el yacimiento de Qeqertasussuk, en la costa oeste de Groenlandia, y se guardó en el Museo Nacional de Dinamarca. Las nuevas tecnologías de secuenciación, con potentes aparatos instalados en China, han permitido hacer el análisis en unos cuatro meses, y eso que todas las porciones se han secuenciado 20 veces para descartar posibles errores. «Hace poco habríamos tardado varios años», dice Campos.

Además de los citados, la reconstrucción ha permitido inferir detalles sorprendentes como que el individuo tenía unas grandes paletas dentales y que, como todo pueblo esquimal, estaba adaptado a las bajas temperaturas. También parece que sufría otitis como resultado de la acumulación en el oído de cerumen seco.

Investigaciones anteriores habían concluido que Inuk formaba parte de la llamada cultura Saqqaq, pueblos paleoesquimales de origen asiático que atravesaron el estrecho de Bering por primera vez hace unos 6.000 años, se extendieron por el Ártico americano y acabaron desapareciendo hace unos 3.000 años. Tanto en Groenlandia como en el norte de Canadá hay varios yacimientos con restos arqueológicos atribuidos a la misma cultura, «aunque aún no se han hecho análisis genéticos», insiste la investigadora portuguesa. Las primeras migraciones de pueblos asiáticos llegaron a América hace al menos 15.000 años (posiblemente 25.000) y alcanzaron el cono sur en unos pocos milenios, pero, a diferencia de lo que hicieron los ancestros de Inuk, no se adentraron en las regiones más frías del Ártico.

TERCERA RUTA MIGRATORIA / En cualquier caso, el parentesco filogenético de los Saqqaq seguía siendo motivo de controversia. Ahora, por fin, los investigadores ponen las cosas en orden: los pueblos paleoesquimales –la estirpe de Inuk– no guardan una relación estrecha ni con los actuales nativos americanos ni con los inuit, los pueblos indígenas que hoy en día pueblan el Ártico canadiense. Tras analizar y comparar diversas poblaciones recientes de Asia y América, el estudio que publica Nature sostiene que Inuk se parecen mucho más a los chukchi, los koriaks, los nganasanos y otros pueblos del noreste de Siberia y la peníncula de Kamchatka. Los inuit habrían llegado al Ártico americano hace apenas 1.000 años. También desde Asia, claro.

«Nuestros descubrimientos pueden ser de importante ayuda a los arqueólogos y otros especialistas que busquen determinar qué pasó con las personas de culturas extinguidas», concluye Willersley.

Fuente:  http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=686243&idseccio_PK=1477


Un esquimal de hace 4.000 años

El genoma de un hombre preservado en hielo en Groenlandia revela sus rasgos y origen

MALEN RUIZ DE ELVIRA - Madrid - EL PAÍS - 10/02/2010
 

Un hombre que murió hace 4.000 años y cuyos restos se conservaron durante todo este tiempo congelados en el suelo, como los de los mamuts, ha desvelado muchos de sus rasgos ahora, cuando se ha secuenciado su genoma a partir de su pelo. Estudiando su material genético, los investigadores han averiguado, entre otras cosas, que este miembro de la cultura Saqqaq, la primera de la que se tiene constancia que vivió en Groenlandia, no era blanco de piel, tenía los ojos castaños y el pelo oscuro y fuerte. También tenía el grupo sanguíneo A + y tendencia marcada a la calvicie, y se alimentaba básicamente de recursos marinos, como peces y quizás ballenas.
Arpones árticos antiguos
Ampliar
Arpones hallados en el yacimiento del esquimal Inuk, de hace 4.000 años.- BJARNE GRONNOW

Además, la información genética les ha revelado que el origen de este humano antiguo, que han bautizado Inuk, estaba en Siberia oriental. Aún sin poder asegurar que se trata de un individuo representativo de la población de la zona en aquella época, este dato indica que América del Norte fue habitada hace unos 5.500 años por una oleada migratoria procedente del este de la que no se tenía constancia hasta ahora. Esta oleada fue anterior a aquellas posteriores de las que descienden los actuales esquimales e indios americanos.
A los estudiosos les interesa mucho esta vía genética de investigación porque se conocen muy pocos restos de estos primitivos habitantes del ártico americano. En el mismo yacimiento se han hallado arpones y otras herramientas. El trabajo ahora publicado en Nature indica que se pueden utilizar los datos del genoma para conocer rasgos físicos y demográficos de individuos y poblaciones de culturas extintas.

Hasta ahora los análisis de restos humanos antiguos o muy antiguos se han hecho a partir de huesos o piel, como en una momia egipcia y en neandertales. Estos tejidos tienen el problema de que suelen estar contaminados con ADN de bacterias y hongos, así como, en muchos casos, con material genético humano moderno, explican los autores del estudio, liderados por la Universidad de Copenhague. Sin embargo, los análisis de restos de mamuts conservados en permafrost en Siberia y otros lugares ya habían mostrado que el ADN del pelo se conserva prácticamente sin contaminación.
Las técnicas modernas, derivadas del hito tecnológico que supuso la primera secuencia completa del genoma humano en 2000, han permitido ahora generar el genoma casi completo del esquimal, con mucha mayor calidad y detalle, y en mucho menos tiempo, de lo que se podría haber hecho hace 10 años.

dimecres, 10 de febrer de 2010

Heroínas y patriotas. Mujeres de 1808

Fuente:http://www.catedra.com/cgigeneral/newFichaProducto.pl?obrcod=1835365&id_sello_editorial_web=01#


Irene Castells (Autor/a), Gloria Espigado (Autor/a) y María Cruz Romeo (Autor/a) Colección: Historia. Serie menor
 
13,5 x 21 cm.
488 Páginas
Rústica Hilo
I.S.B.N.: 978-84-376-2575-1
Código: 171089
19,23IVA no incluido
20,00IVA incluido
Mayo 2009

La guerra que afectó a España y a Portugal a principios del siglo XIX se inserta en un ciclo de grandes transformaciones para el mundo occidental, pergeñadas en la Europa enciclopedista y reveladas políticamente en la Revolución francesa de 1789 a la que sucede el orden napoleónico. Siendo un periodo de atención preferente por parte de la disciplina histórica, se ha relegado sistemáticamente, empero, la experiencia femenina como escasamente significativa para la explicación de este proceso. Sin exaltaciones, el presente libro constituye una indagación sobre algunas mujeres implicadas en la guerra que asoló la Península ibérica en 1807-1808, sobre sus modalidades de participación y sobre los significados y leyendas que en torno a ellas se fueron elaborando ya entonces. La materia de este libro es también la trama de representaciones del pasado que a lo largo de doscientos años han ensalzado interesadamente ciertos comportamientos femeninos, al tiempo que silenciaban otros, y han creado verdaderos iconos míticos, trasunto de la nación española.

Capítulo 1. Heroínas para la patria, madres para la nación: mujeres en pie de guerra.. 

Parte primera. Heroínas.. 

Capítulo 2. Mujeres en la campaña de Andalucía: María Bellido y la batalla de Bailén; 

Capítulo 3. Las mujeres en la Guerra de la Independencia en Galicia. Una historia de omisión y anonimato; 

Capítulo 4. Las mujeres en los sitios de Girona: la «Compañía de Santa Bárbara»; 

Capítulo 5. «¿Por qué me habéis hecho soldado, si no podía dejar de ser mujer?» El mito de Agustina de Aragón en su primera recreación cinematográfica; 

Capítulo 6. Manuela Malasaña. De joven costurera a mito madrileño; Capítulo 7. Espionaje y represión en la Serranía de Ronda. María García, «la Tinajera», un ejemplo de coraje ante los franceses; 

Capítulo 8. Agustina, la dama del cañón: el topos de la heroína fálica y el invento del patriotismo.. 

Parte segunda. Patriotas.. 

Capítulo 9. Entre la tertulia y la imprenta, la palabra encendida de una patriota andaluza, Frasquita Larrea (1775-1838)

Capítulo 10. Isabel de Roxas e Lemos, la «Reina Pamplona»

Capítulo 11. La marquesa de Villafranca y la Junta de Damas de Fernando VII; 

Capítulo 12. Afrancesadas y patriotas: la Junta de Honor y Mérito de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País; 

Capítulo 13. Emilia Duguermeur de Lacy, un liderazgo femenino en el liberalismo español; 

Capítulo 14. María del Carmen Silva, la Robespierre española: una heroína y periodista en la Guerra de la Independencia María del Carmen Silva en los periódicos y folletos gaditanos de la Guerra de la Independencia.A modo de conclusión. Bibliografía.. 

Capítulo 15. Condesa de Ega, la citoyenne aristócrata.. Mujeres de la época.. 

Bibliografía general.. Colaboradores.. Índice onomástico.

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Hazañas de mujer en 1808

15 investigadores homenajean en un libro a las heroínas y patriotas de la Guerra de la Independencia


PEDRO ESPINOSA - Cádiz -EL PAÍS  08/06/2009

Las conciencias que se levantaron en 1808, al estallar la Guerra de la Independencia, también fueron femeninas. Los brazos y piernas que se movieron en las batallas también fueron de mujeres. Pocas dispararon los cañones pero su labor también fue crucial. Sus palabras valieron para la causa aunque durante muchos años hayan sido silenciadas. Un libro, editado por Cátedra, Heroínas y patriotas. Mujeres de 1808, repasa el papel clave que muchas mujeres tuvieron en los primeros cruciales años del siglo XIX a través del exhaustivo trabajo de 15 investigadores que han rescatado personajes conocidos por sus nombres pero escasamente por su actuación.

Pocas dispararon cañones, pero sus labores y palabras resultaron cruciales

"Los conflictos como las guerras afectan a toda la población y no se puede olvidar a la mitad", explica Marieta Cantos, profesora de la Universidad de Cádiz y una de las que firma este trabajo. Su estudio se centra en la figura de una patriota andaluza, Francisca Larrea. Esta gaditana se hizo conocida con sus famosas tertulias, las tertulias de Doña Frasquita. "El patriotismo femenino de Frasquita debe insertarse en la línea de actuación de esas otras mujeres que intentaban abrirse un hueco en el ámbito político", escribe la investigadora. Su trabajo ha permitido conocer nuevos datos sobre su vida y recuperar algunos de sus escritos. "En hospitales, y rara vez en el frente, en las reuniones y tertulias, pero también a título individual en la prensa y en proclamas, las mujeres en España trataron de hacer oír su voz, aunque para ello tuvieran que contentarse con hacerse respetar presentándose revestidas de la sagrada misión de madres y esposas".

El libro, coordinado por Irene Castells, Gloria Espigado y María Cruz Romeo, recuenta las heroínas de guerra pero trata de desmontar los tópicos creados en torno a figuras como la de Agustina Aragón. "Ella fue utilizada como un símbolo porque disparó el cañón pero hay otras muchas mujeres que realizaron su aportación", detalla Gloria Espigado, quien repasa la figura de la marquesa de Villafranca y la Junta de Damas de Fernando VII, una sociedad al servicio del interés de la nación para recabar recursos para vestir y pertrechar a los soldados combatientes.

La investigación no tiene fines biográficos, sino que busca mostrar la variedad de fórmulas con las que las mujeres se hicieron activas durante la guerra y los años posteriores. También se cuenta la labor de las afrancesadas, incluidas en el lote de patriotas porque, a su forma, también defendían una forma de ver su país. Entre las heroínas sobresalen María Bellido en la batalla de Bailén, las mujeres de Galicia, la compañía de Santa Bárbara de Girona, Agustina de Aragón, Manuel Malasaña o el relato del espionaje y represión en la serranía de Ronda a través de María Gracia, la Tinajera.

Pero la recopilación, cargada de hazañas a lo grande dotadas de simbolismo y de pequeñas acciones de enormes resultados, es también un relato de decepciones. La profesora Marieta Cantos, recuerda: "La guerra para ellas fue una coyuntura pero cuando todo pasó tuvieron que dar un paso atrás en los logros que habían conseguido. Se quedaron sin apoyos".

El libro llega en plena celebración del bicentenario de la guerra. También de la Constitución de 1812. El protagonismo de una mitad de la población española fue hurtado por momentos pero ahora se recupera en este trabajo de investigación. Papeles cruciales de aquéllas que llevaron agua, organizaron tertulias, montaron asociaciones o deshilacharon sábanas para curar las heridas de una guerra que enmudeció sus voces entre la fiereza de los cañones.

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Diario de Cádiz

http://cadiz2012.universia.es/prensa/09_06_22.pdf

Mujeres entre el cañón y la pluma en la Guerra de la Independencia

Cátedra publica 'Heroínas y patriotas. Mujeres de 1808': un repaso por el papel que jugó el género femenino durante la invasión napoleónica · En el estudio participan tres historiadoras de la UCA

Redacción / Diario de Cádiz | Actualizado 22.06.2009 - 10:01
 
 
Frasquita Larrea disfrutó de una excelente formación y creía en la igualdad intelectual entre géneros.
 
La Guerra de Independencia llamó a la mujer a dos frentes casi por igual desconocidos: el del cañón y el de la pluma. La circunstancia tiene lógica si pensamos en términos de pauta, de orden y desorden: la guerra como paréntesis en lo cotidiano.

"La guerra siempre es una coartada para que las mujeres puedan manifestarse -apunta al respecto la historiadora Marieta Cantos Casenave-. Lo sabíamos ya por las dos Guerras Mundiales, y ahora se está empezando a escarbar en otras guerras, como la de Secesión o las invasiones napoleónicas... y lo mismo va a ocurrir en Iberoamérica con las guerras de Independencia. Fernán Caballero, por ejemplo, una autora que se decidió a firmar con seudónimo (mientras que durante los años de resistencia hubo mujeres que firmaron como tales) es un ejemplo de que cuando la guerra acaba, todo vuelve a su cauce".

El libro Heroínas y patriotas. Mujeres de 1808 (Cátedra) repasa algunos de los nombres femeninos que destacaron en el conflicto de hace dos siglos. De los quince perfiles, tres están realizados por investigadoras de la UCA: Gloria Espigado, Beatriz Sánchez Hita y Marieta Cantos Casenave. Es curioso observar cómo la clase social dibujaba una línea de separación entre mujeres de armas y mujeres de letras: las guerrilleras formaban parte del pueblo llano y las aristócratas buscaban hacerse fuertes a través de distintas formas de asociacionismo. "Ya tenían una cultura previa de reunirse entre ellas, cosa que no ocurría entre las mujeres del pueblo", explica Cantos Casenave.

"El nivel de alfabetización estaba marcado por la clase -continúa Gloria Espigado-. El primer grupo, el de las guerrilleras, lo forman las mujeres de estratos sociales más bajos que, por un motivo u otro, estaban cerca del frente o de los sitios: el conflicto se movía muy cerca de su hogar y veían que no tenían más remedio que comportarse con valentía: organizaban los hospitales de sangre, retiraban a los heridos, hacían las comidas... de esa segunda línea es fácil que saltaran a la primera y adquirieran protagonismo".

"Estas heroínas de las que conocemos nombres y apellidos -prosigue- están al principio de la contienda, y son enaltecidas por generales como Palafox. Son figuras que provocan por un lado el rechazo, porque se virilizan, pero por otro es enorme su valor propagandístico: actúan como testimonio, como elemento movilizador. Ronald Fraser apunta que el icono de la mujer valerosa venía a decir: si hasta ellas luchan, vosotros no podéis ser cobardes. De hecho, conforme avanza la contienda, y van cumpliendo su papel, este tipo de mujeres tienden a hacerse más anónimas, y hablamos ya de grupos de mujeres, en general, en Galicia o Valencia".

En un contexto en el que la condición de mujer y ciudadanía ni siquiera llegó a discutirse en Cortes, la libertad de imprenta supuso una pica en Flandes. "Todos entienden que la prensa juega un papel importantísimo en el mecanismo de educación de la ciudad -explica Beatriz Sánchez Hita-. Y también es un medio para adoctrinar e instruir a las mujeres."

Hasta entonces, se defendía la instrucción femenina pero siempre en el ámbito de lo privado: "La proyección pública se reserva a los hombres -indica Sánchez Hita-. Esa realidad debía estar muy asumida. La propia Carmen Silva, que debía ser una mujer de bastante carácter (liberó a las tropas apresadas en Lisboa vistiendo a los hombres de mujeres), se repliega y desaparece en cuanto su marido sale de la cárcel y vuelve a entrar en la escena pública. Aunque yo creo que siempre lo ayudó en la sombra".

Durante los años de encarcelamiento de su marido, Carmen Silva se convirtió en uno de los pocos editores con nombre femenino de la prensa en España: "A algunos no les haría mucha gracia que la mujer pudiera pisarles el terreno -explica Sánchez Hita-. Pero como entendían que era algo fruto de la propia situación, tampoco se negaban a que escribiera".

Esta inusual presencia femenina en esferas que superaban el ámbito de lo privado propició, afirma Gloria Espigado, "un debate en torno a la participación de la mujer en la esfera pública". "Sin embargo -comenta-. Es bastante sorprendente ver cómo muchas de ellas inician su carrera literaria durante la Guerra de Independencia, pero se pierden después con el fin del conflicto. La sociedad masculina intenta restablecer el orden perdido por miedo a esa transgresión femenina".

Los comienzos del XIX marcan un tiempo en el que no sólo era demasiado aventurado asumir cambios de roles sino también -y a pesar de la Wollstonecraft, lectura de cabecera de Frasquita Larrea- para hablar de conciencia de género: "Las mujeres de la época no tienen un discurso sino una causa más allá de ellas -comenta Gloria Espigado-. Utilizan los resquicios que les dejan para entrar pero son tiempos muy duros para demandar derechos para su sexo, así que terminan contribuyendo más a la causa general que a la propia".


IV congreso internacional doceañista 1808-1812. Los emblemas de la libertad

Mitos y verdades sobre heroínas, tertulianas, bombas y tirabuzones

Varias profesoras de la UCA profundizaron, en la tercera jornada del encuentro, en la figura de la mujer durante las Cortes y la Guerra de la Independencia

Pilar Vera / Cádiz | Actualizado 28.03.2008 - 05:00
 
Lola Lozano presenta a las ponentes que disertaron sobre la mujer en los días de la invasión francesa.
 
En un pensamiento rápido, sin depurar, los conceptos mujer y Guerra de la Independencia hacen surgir de inmediato una figura: Agustina de Aragón. Y después, inevitables, las bombas y los tirabuzones.

"Es una canción de la que existen muchas versiones -explica Marieta Cantos, una de las integrantes de Mito y realidad: las mujeres en la Guerra de Independencia-. La estrofa de los fanfarrones pudo tener algún viso de realidad, a partir de una anécdota. Tal vez alguna recogiera trozos de metal para hacer bigudíes. Pero hay otras variantes que, como apunta Alcalá Galiano, no tienen ningún sentido".

"Por otro lado, es verdad que la guerra contra el francés contó con la participación de grandes heroínas -indica Marieta Cantos-. Están María Bellido, en Bailén, o la mujer del director de El Robespierre Español, la portuguesa Carmen Silva... y se dieron también casos de mujeres líderes y guerrilleras en América. Allí, de hecho, los distintos bandos se acogían a distintas vírgenes (a la de Guadalupe, los insurgentes, y a la de los Remedios, los leales). Algo que enseguida se procuró eliminar, por supuesto".

De algunas de ellas, se publicaron apuntes biográficos en la prensa: "Pero, sospechosamente -sonríe la historiadora- se dan muchísimas similitudes entre ellos. Es decir: la mayoría son reconstrucciones a partir de una realidad de la que tampoco se sabe demasiado aunque intentaban plasmarse de determinada manera... No sabemos hasta qué punto se calcan los arquetipos de las mujeres fuertes de la Biblia y de las amazonas".

Pero también, por supuesto, estaba el peso intelectual de las mujeres de la época: "Desde finales del siglo XVIII, la mujer se había ido procurando un hueco en la vida pública y cultural española, a través de tertulias, de sociedades o de asociaciones con carácter excepcional -explica Cantos Casenave-. Cuando estalló la guerra, las mujeres encontraron una coyuntura favorable para desarrollar sus inquietudes".

"La invasión francesa, además -continúa la vicerrectora- contaba con la participación de todos los ciudadanos en la lucha, sin distinción de género. Un bando de Tomás de Morla invitaba a todos los españoles a publicar escritos que defendieran la patria. Y ahí respondieron todos, incluidas mujeres".

A la tradicional labor de mantenedora del hogar venían a sumarse otro tipo de cauces. "A través de distintas labores filantrópicas, por ejemplo -apunta Cantos-. Las mujeres, además, trataban se agruparse: se escribían, se intercambiaban ideas..."

Una de las cuestiones es cómo podían encajar todas estas manifestaciones en el seno de una sociedad aún excluyente y patriarcal. "De hecho -comenta Cantos- enseguida nace un discurso que conmina a las mujeres a dejar de soñar con emociones y que canta las virtudes de la mujer modesta, que se queda en casa o colabora haciendo sábanas y vendas".

La mayor parte de los gestos independientes tratan enseguida de ser reconducidos: "En Gerona, en el asalto de Montjuic, participaron varias mujeres que estaban vinculadas al Ejército y que no tenían problema en ponerse a montar un cañón. Llegaron a crear una especie de compañía que después fue absorbida dentro de los cauces ortodoxos por los propios militares".

"Y la educación de las mujeres -prosigue Cantos- nunca tuvo un sentido similar al que nosotros podemos darle. Cuando se hablaba de educación universal, se referían a que supieran leer y escribir. Para el poder era mucho más fácil poder controlar y reglamentar la instrucción femenina".
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Mujeres en la Guerra de la Independencia
Irene Castell, Gloria Espigado y M.ª Cruz Romero (coords.)
HEROÍNAS Y PATRIOTAS. MUJERES DE 1808
Cátedra, Madrid 482 pp. 20 €
 
 
Emilio La Parra López
CATEDRÁTICO DE HISTORIA CONTEMPORÁNEA EN LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE
Revsita de Libros nº 157 · enero 2010
 
 
Sabemos que las mujeres participaron activamente en la Guerra de la Independencia y conocemos los nombres de algunas de ellas. Sin embargo, disponemos de escasa información sobre lo que realmente hicieron e ignoramos casi todo sobre su personalidad. Por otra parte, en los casos más notorios se han impuesto la leyenda y el mito. Por una u otra razón, las personas se han evaporado y ha quedado una artificiosa imagen de la mujer como representación del heroísmo popular y del sentimiento patriótico de la población española. Así fue presentada en el relato canónico de la guerra y, con lenguaje actualizado, en algunas síntesis publicadas recientemente: aquella fue una lucha emprendida por los españoles de forma espontánea y unánime en defensa de la religión, el rey y la patria, y hasta tal punto fue general y heroica la lucha, que incluso las mujeres se implicaron en ella con tanto arrojo como los hombres.

El libro que nos ocupa se orienta en una dirección diferente. Muy atentas a la producción historiográfica actual, sus coordinadoras –tres destacadas y reconocidas historiadoras– se han propuesto dar a conocer quiénes fueron y qué hicieron algunas de las mujeres que participaron en [...]

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ARTÍCULO EN PDF DE INTERÉS:

ESCRITORAS Y PERIODISTAS ANTE LA CONSTITUCIÓN DE 1812 (1808-1823)


Marieta Cantos Casenave y Beatriz Sánchez Hita


SUMARIO:  I. INTRODUCCIÓN.- II. UN ESTADO DE LA CUESTIÓN.- III.
TRADUCTORAS, ESCRITORAS Y PERIODISTAS.- IV.  LA OPINIÓN
FEMENINA ANTE EL NUEVO ORDEN POLÍTICO Y EL DEBATE
CONSTITUCIONAL.- 1. Las claves del debate.- 1.1. La libertad de imprenta.-
1.2. La Inquisición.- 1.3. La reforma de los regulares.- 1.4. Ciudadanía,
igualdad, libertad,  independencia y soberanía.- 1.5. Otros derechos y deberes:
La presunción de inocencia, la separación de poderes…  2. Las fuentes y su
asimilación. El horizonte intelectual de las escritoras.-  V. EL PAPEL DE LA
MUJER EN LA SOCIEDAD. VISIONES MASCULINAS ENCONTRADAS:  EL
AMIGO DE LAS DAMAS (1813) VS. EL TÍO TREMENDA (1814 Y 1823).- VI. A
MODO DE CONCLUSIÓN PROVISIONAL.- VII. BIBLIOGRAFÍA

Resumen: La Guerra de la Independencia es el origen de toda una serie de
cambios sociales, de los que la Constitución y los Decretos de las Cortes
actúan como avales. En este nuevo contexto la prensa y los diferentes escritos
políticos juegan un papel fundamental  al dar publicidad a  las discusiones
mantenidas entre los partidarios del nuevo orden (liberales) y los defensores
del absolutismo (serviles). Las mujeres tomarán también partido por unos y
otros y, aunque en menor medida que los hombres, no dudan en expresar su
opinión y analizar los postulados del nuevo sistema, para mostrar su adhesión
al mismo o desacreditar sus fundamentos.

I. INTRODUCCIÓN

Desde el Siglo XVIII la mujer empieza a ser tenida en cuenta como parte
integrante de la sociedad y son variados  los escritos que se dirigen a ella,
aunque por lo general todos persiguen el mismo fin: instruirla en unos
determinados principios, acordes a la sociedad en la que vive, que a partir de
su influencia en la órbita de lo doméstico podría inculcar a quienes la
rodeaban.

Sin embargo, poco espacio quedaba para ella fuera del hogar. En el
ámbito de la política y la cultura la voz mayoritaria, o mejor dicho casi exclusiva,
sería la del hombre. Asimismo, serán los varones los que difundan en todo tipo
de obras cuál debe ser el papel del “bello sexo” al que, en diversas ocasiones,
sitúan como el destinatario principal de sus escritos. Para apreciar esto basta
acercarse a la prensa periódica donde de manera recurrente en los prospectos
se suele hacer un llamamiento al público femenino.

Un ejemplo bastante claro de cómo  los editores quieren convertir a la
mujer en receptora de sus escritos, pero sin darle opción la mayoría de las
veces a participar en el periódico, se observa en una publicación gaditana
titulada el Correo de las Damas, con la que José Lacroix, el barón de la Bruère,
acompañó la tirada del Diario Mercantil de Cádiz. Allí, en la dedicatoria dirigida
a la Señora Doña Francisca Javier (sic) Matalinares Barrenechea, Marquesa de
la Solana, Condesa del Carpio, Señora de Quintanillas y Casa de Hito &c., que
sería la protectora de la cabecera, explícitamente se lee que el objeto del
periódico es el de adornar el conocimiento de las damas y su conversación;
pero en modo alguno parece propiciar el que las damas a las que dirige su obra
remitan escritos. Es más, en un texto que abre el sexto tomo y que trata “Sobre
la literatura de mujeres” censura la  actitud de aquellos  que alientan a las
féminas a que escriban.

No obstante, a medida que culmina la  centuria dieciochesca, la mujer,
aunque todavía en casos excepcionales, toma también la pluma para
convertirse en protagonista  de la palabra, adquiriendo una mayor implicación
política cuando los sucesos de 1808 hacen necesaria la participación de todos
en la lucha contra el nuevo enemigo político, que lo es ahora no ya de una
monarquía o una dinastía concreta sino de toda una nación.

En efecto, con el inicio de la Guerra de la Independencia, donde en un
contexto en el que la política lo  impregna todo, los maniqueos contenidos
dirigidos a las damas cambian, pues ellas forman parte de esa nueva situación
en la que literatura y política se dan la mano. Quizás el ejemplo más claro de
esto lo constituye el intento protagonizado por el ya citado de la Bruère a
finales de 1809, de sacar un nuevo papel con el título de Corresponsal Político
Literario del Bello Sexo Español, que ocuparía el hueco dejado por el Correo
de las Damas que cesó en junio de 1808. El periódico finalmente no llegará a
editarse, y habrá que esperar a marzo de 1813 para encontrar un impreso
específicamente dirigido a mujeres: El Amigo de las Damas.

En el presente estudio nos centraremos en el posicionamiento que
adoptan distintas mujeres, que episódicamente ejercieron de escritoras,
traductoras y periodistas, en el período que abarca desde el inicio del debate
constituyente hasta mediados de 1813. De igual modo se atenderá a los textos
producidos durante el Trienio Liberal y que permiten valorar cuál fue el papel de
la mujer respecto del código constitucional tanto en los años referidos como en
los que van de 1820 a 1823, cuando la Constitución vuelve a estar vigente y la
coyuntura de libertad permite que ésta encuentre nuevamente un hueco en el
panorama político-literario. Asimismo,  en última instancia, se atenderá al
discurso masculino expresamente dirigido  a la mujer durante la Guerra de la
Independencia, a través de la aproximación a El Amigo de las Damas, por ser
éste significativo de cuál era el lugar que se quería darles en la sociedad
constitucional.

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http://www.seminariomartinezmarina.com/ojs/index.php/historiaconstitucional/article/viewFile/227/200

dilluns, 8 de febrer de 2010

Elliot y la leyenda negra

Hacia una historia de ida y vuelta

El eminente hispanista John H. Elliott defiende una investigación libre de prejuicios nacionalistas para contar la colonización y la independencia de América

Mapa de la Terra Nova dibujado por Martin Waldseemüller en 1513.

Mapa de la Terra Nova

 

TEREIXA CONSTENLA - Madrid - EL PAÍS- 06/02/2010

A ciertos ingleses se debe la leyenda negra de España. Y a ciertos ingleses, como el historiador John H. Elliott (Reading, Inglaterra, 1930), se deben grandes esfuerzos por erradicarla. A Elliott le desagradan los estereotipos. Lleva toda una vida combatiéndolos. Se diría que empezó el día que decidió sumergirse en la investigación de la historia de España, el Estado que durante la edad moderna había sido el gran rival político de Inglaterra. Ambos son ejemplos de "monarquías compuestas", que analiza en su último libro España, Europa y el mundo de ultramar (1500-1800), publicado por Taurus, en el que, entre otras claves, cuenta que los rivales se copiaban métodos y prácticas cuando les convenía, incluidas drásticas limpiezas étnicas. "Aprender del enemigo se convirtió en un rasgo de la vida internacional", escribe.

"Hernán Cortés se merece una estatua en México junto a Cuauhtémoc"
"No hubo ninguna puerta cerrada para Velázquez en el Alcázar de Madrid"

Elliott era un veinteañero cuando descubrió España, después de dedicar seis semanas de las vacaciones de verano a recorrer junto a otros estudiantes de Cambridge la Península Ibérica. Le fascinaron las posibilidades historiográficas de un país que guardaba un filón en adormecidos archivos. En esa mina documental rescató material para reconstruir la historia de los siglos XVI y XVII, que luego vertió en libros como La rebelión de los catalanes, El mundo de los validos, El conde-duque de Olivares o España y su mundo. Una historia sin leyendas negras ni resonancias imperiales. Sin estereotipos. Y sin fragmentaciones.

Elliott es ahora un investigador laureado por los antiguos imperios. Sir inglés y premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales. Y sigue defendiendo la investigación libre de prejuicios. Algo que todavía echa en falta en la historia atlántica. Un relato blanco o negro, según la orilla de quien cuente. "Los españoles deben integrar la historia de América Latina dentro de la historia del mundo hispánico y reconocer la complejidad de los movimientos de independencia", sostiene. De igual modo, la historiografía americana tendrá que aligerarse de carga nacionalista: "Había criollos que querían seguir bajo la monarquía, todos bajo el mismo rey, y ha sido difícil para los americanos aceptar esto". "Cuando se está formando una nueva nación, se escribe una historia nacionalista". Gráficamente lo resume: "Hernán Cortés se merece su estatua en México junto a la de Cuauhtémoc".

Dos siglos después de la cascada de independencias que derrumbó el imperio español, Elliott cree que podría comenzar a narrarse "una historia más común de la que ha habido hasta ahora". Cita a los mexicanos porque están comenzando a revisar la historia "indigenista" que caracterizó los años de la revolución, aunque, en contrapartida, presume que la historiografía boliviana tal vez acentúe la visión indigenista. "Pero los prejuicios sobreviven sobre todo en los emigrantes que llegan a Estados Unidos con ese sentimiento antiespañol que queda fosilizado, como ha ocurrido con los irlandeses respecto a Inglaterra". Una semejanza entre antiguos rivales de las muchas que Elliott ha realzado en sus trabajos de historia comparada. "La constatación de que en muchos aspectos España no era tan diferente de otros Estados europeos como se suponía tradicionalmente ha contribuido a devolverla a la corriente principal de la historia", escribe en su nueva obra, donde también evidencia una paradoja. España dominó la política, el comercio y los mares, pero nunca ejerció una hegemonía cultural como Francia o Italia. Elliott lo achaca en parte al "peso del Renacimiento", aunque señala otras influencias culturales españolas que prosperaron, como el Quijote o el traje negro de Felipe II, de moda en el siglo XVI.

Los ensayos se cierran con un repaso a las relaciones entre artistas y el poder político. Porque algo más deslumbró a Elliott en aquel viaje estudiantil de 1950: Velázquez y el Museo del Prado. "Me di cuenta de que el arte y la cultura eran parte integral de la historia", señala.

Y con la excusa de Velázquez desgrana aspectos de la corte madrileña de Felipe IV, en la que el pintor fue designado "aposentador" y encargado de la limpieza y decoración interior del palacio, "una tarea que llevaba aparejado un amplio abanico de obligaciones y oportunidades". Y llaves. En el bolsillo de Velázquez se conservaba la llave que abría todos los aposentos reales. "No hubo ninguna puerta cerrada para Velázquez en el Alcázar de Madrid".

El falso Velázquez

Velázquez fue un artista indiscutible. Y tal vez algo fullero. "Existen claros indicios de que Velázquez pudo haber falsificado la identidad de su abuela materna al solicitar la admisión en la orden y de que los testigos que dieron fe de la nobleza de sus antepasados portugueses mintieron", cuenta Elliott. El pintor, propuesto por el rey para ingresar en la orden de Santiago, argumentó que era de noble ascendencia -de la línea de Silvas, que se remontaba a Eneas Silvio- y que jamás había cobrado por sus obras. Las indagaciones tumbaron sus propósitos sobre su supuesto linaje "con un golpe humillante para su reputación" y se rechazó su candidatura. El artista necesitó una dispensa papal concedida a petición del rey para que la orden finalmente le admitiese el 28 de noviembre de 1659, poco antes de morir.