dimecres, 13 de gener de 2010

Los neandertales se engalanaban y tenían sentido estético

LA VANGUARDIA,13-1-2010

CIENCIA

Los neandertales podrían haber tenido sentido estético, sugieren arqueólogos de la Universidad de Bristol. Incluso se especula con que se maquillaban, de forma parecida a como se hace hoy. El equipo de arqueologia paleolítica de Joào Zilhao, de la universidad britànica, ha encontrado una concha llena de pigmento rojo en la excavación de Cueva Antón, en Murcià. El hallazgo vendria a confirmar otro similar en un yacimiento cercano, Cueva de los Aviones, donde otro grupo de arqueólogos encontró conchas perforadas, supuestamente usadas como ornamento, y restos de pig­mento en 1985. Según ha declarado Zilhao al diario The Guardian, el tipo de composición del pigmento y las cantidades encontradas sugie­ren que se usaba para aplicarlo en el cuerpo. "Su preparación no tiene sentido si no se usaba como un cosmético corporal", dice el arqueólogo. El equipo de arqueólogos de Bristol mantiene que los neandertales también poseían pensamiento simbólico, como los Homo sapiens, aunque quizàs no tan desarrollados como estos. 

dilluns, 11 de gener de 2010

De la borrachera sagrada al botellón

Por Manuel Mandianes es escritor y antropólogo del CSIC. Es autor del blog Diario nihilista (EL MUNDO, 06/01/10):

Dice la Mitología que fue en Egipto en donde, por primera vez, Baco enseñó a los hombres a cultivar la viña. A la función de matar la sed que desempeña la bebida hay que añadirle el significado sagrado que tenía la borrachera, porque fueron los dioses quienes dieron el alcohol a los hombres y ellos mismos se emborrachaban. La persona borracha deposita su voluntad en las manos divinas y encomienda a los dioses la tarea de decidir por ella.

En la Odisea y en la Ilíada se lee que mientras ofrecían hecatombes a los dioses, y en simposios, reuniones y festines, los griegos comían hasta la saciedad y bebían hasta la embriaguez. Las alusiones, más de 600, del vino en la Biblia aportan metáforas y proverbios que ilustran la trascendencia del vino en la cultura judaica.
Salvo casos de marginalidad, la gente se emborrachaba en ciertos momentos del ciclo vital de la persona tales como el nacimiento, matrimonio y muerte, llamados ritos de pasaje (aún en muchos lugares, los asistentes al velorio, toman grandes cantidades de alcohol); y en ciertos momentos del ciclo anual como son las grandes fiestas. No sólo estaba determinado el momento de emborrachase sino también el lugar. Las acciones humanas y las costumbres están pegadas a los topoi como si estuvieran bajo la tutela de algún genius loci.
La humanidad no soporta un tiempo vacío y espacios infinitos en los que los seres humanos se sientan como átomos. A través de las fiestas y celebraciones, los grupos controlan el tiempo y lo vuelven significativo. Los cambios ocurridos durante el siglo XX en la concepción del tiempo y del espacio, dos de los ejes fundamentales de toda cultura, debidos básicamente a las nuevas concepciones de la física y a las nuevas tecnologías, hicieron que los significados que dependían de aquélla hayan perdido vigencia. Aunque mucha gente sigue refugiándose en el tiempo repetitivo y cíclico al tener como únicos referentes temporales las vacaciones de verano, la programación de las cadenas de televisión y la liga de fútbol, el tiempo del reloj y de la fábrica es lineal como lo es, en realidad, el tiempo cristiano, que busca la perfección en el futuro.
En los últimos tiempos, las fiestas y los ritos de pasaje que habían caído en desuso, están retomando el protagonismo social que les es propio. Se han inventado fiestas, ritos tales como el bautismo y la comunión laicos que, al carecer de un tiempo y de un lugar significativos para los sujetos, no pasan de ser cascarones vacíos. Frente al todo vale de la posmodernidad, la juventud ha reemprendido la tarea del reencantamiento de la vida cotidiana con celebraciones nuevas en lugares intrascendentes hasta ahora.

El término rito designa las diversas acciones con que el hombre intenta entrar en contacto con la divinidad o, al menos, dar otra dimensión a su vida cotidiana. El rito, en sentido teológico, lleva consigo un sentido de trascendencia evidente y en el caso que nos ocupa sólo se puede hablar de trascendencia en el sentido metafórico. El ambiente es la argamasa que mantiene unidos a los miembros de la tribu. En la tribu, el individuo pierde la conciencia de su individualidad y se siente reunido, reconciliado, fundido con su prójimo. A veces, lo único en común entre todos los asistentes al botellón es estar presentes, verse, sentirse, olerse y, muy frecuentemente, beber por la misma botella como los mendigos. Los grupos que, de ordinario, reciben el nombre de tribus urbanas, son grupos juveniles que explícita o implícitamente rechazan el orden social y sus viejos valores. Los jóvenes tratan de romper la incomunicación y el aislamiento, y reclaman libertad contra regulación. El botellón es un paraíso artificial de sociabilidad y comunicación pero paraíso, al fin y al cabo; una ventana abierta a un mundo multicolor y fantástico diferente del mundo monocorde de todos los días; un intento de sentir el éxtasis de lo infinito en un instante sagrado de liberación. El botellón trata, de manera acertada o no, de crear nuevos espacios y momentos significativos.

La fiesta, en ocasiones, llegaba hasta la borrachera; ahora, la borrachera, a veces, crea la fiesta. La fiesta responde a una necesidad humana pero la fiesta tradicional no satisface las necesidades festivas de los jóvenes. La crisis de la fiesta es una muestra más de la crisis de las instituciones que hasta ahora funcionaban: la Iglesia, los partidos políticos, la universidad, la escuela, la familia, y de la crisis de la escala de valores. El botellón es, por lo menos, un intento de los jóvenes de crear tiempos y espacios de sociabilidad y de llenar vacíos; un intento que, a veces, termina como el rosario de aurora. No está en crisis la función de las instituciones sino la manera de realizar su función cada una de las instituciones.

dilluns, 4 de gener de 2010

La brujeria a traves de los tiempos (película de 1921)

Fuente y enlace: http://www.blip.tv/file/1339389/



Ficha tecnica
Titulo original: Häxan
Director: Benjamin Christensen
Guión: Benjamin Christensen
Música: Launy Grøndahl, Emil Reesen
Fotografia: Johan Ankerstjerne
Interpretes: Elisabeth Christensen, Astrid Holm, Karen Winther, Maren Pedersen, Ella La Cour, Emmy Schönfeld, Kate Fabian, Oscar Stribolt
Productora: Coproducción Dinamarca-Suecia; Aljosha Production Company. Svensk Filmindustri
Nacionalidad: Dinamarca
Año: 1922

Sinopsis

Mezclando el documental y la ficción dramática, la película descubre la relación de los hombres de la Edad Media (su actitud y la proliferación de brujos y brujas) con algunas situaciones actuales. Un repaso al mundo del ocultismo, la magia negra y la brujería, a través de varios siglos, para dibujar un panorama fascinante y estremecedor.

Critica

Häxan (La brujería a través de los tiempos, 1921) es una mezcla entre ficción y documental sobre la historia de la brujería o, mejor dicho, sobre las diversas explicaciones basadas en lo satánico de fenómenos sobre los que la ciencia no se había pronunciado todavía en épocas como la medieval o la renacentista. La película está dividida en siete partes, aunque tres de ellas pueden agruparse, al centrarse en la misma historia.

Antes del relato, la película se inicia con un generoso detalle. Aparece el rostro del director y enseguida su agradecimiento a la labor en la fotografía de Johan Ankerstjerne, del que ya hablamos a propósito de Atlantis, y de Richard Louw, en la dirección artística y en los decorados.

La primera parte, que tiene una voluntad didáctica, presenta alternadamente grabados antiguos y rótulos explicativos sobre las diversas concepciones del mundo que se dieron en la Antigüedad, así como las primeras representaciones de lo diabólico, en estrecha relación con lo que escapaba de esos intentos de explicación del Cosmos. Junto a grabados, aparecen también algunos elementos de decorados dibujados y animación elemental, con la ingenuidad de los trucajes de un Méliès. Lo que se explica es muy interesante y demuestra que el entretenimiento que sigue a esta parte está muy bien documentado.

A partir de la segunda parte, la exposición introductoria a dibujos (casi un "pase de diapositivas" comentado) deja paso a recreaciones de ambientes medievales con actores de carne y hueso, en los que cobra protagonismo el concepto de "estampa animada". La mínima historia que se nos cuenta, que conecta con el género medieval de los "ejemplos", es tan importante como su representación: hay una clara voluntad de recrear cuadros del Renacimiento, especialmente pintores como El Bosco o Brueghel, no tanto en la equivalencia plano-cuadro, sino en la asunción de sus atmósferas. En concreto, la segunda parte se centra en el siglo XV a través de varias historias.

La primera, la de las ayudas que presta la bruja Karna con sus pócimas para que una de sus sirvientas conquiste el corazón de un hombre, presenta algunas escenas que fueron imitadas por Murnau, tal como explicó el propio director alemán, en su Fausto. La segunda presenta a dos hombres a punto de diseccionar a una mujer muerta para averiguar el origen de las enfermedades; la cámara sabe apartarse en el momento justo en que estos aprendices de Dr. Frankenstein están a punto de iniciar la disección, lo que aún hace la escena más escabrosa. Luego, se suceden una serie de imágenes entre lo sensual y lo fantástico en el que se documenta la aparición de Satán (interpretado por el propio Christensen) a diversos personajes (un monje, una mujer acostada con su marido, una chica desnuda sonámbula) hasta centrarse en los divertimentos de Satán con una bruja vieja embriagada, a la que el diablo conduce a un castillo. Este pasaje, que da vida a los sueños de fortuna de la bruja y luego los hace desaparecer ante sus ojos, presenta notables efectos de animación, tanto en el uso de transparencias como en el trucaje que sirve para hacer volar y desaparecer las monedas, una escena que seguramente se rodó echando las monedas hacia delante y luego montando la secuencia de movimientos al revés, como en una moviola.

Entre la tercera y la quinta parte, la película se toma su tiempo para explicar un proceso por brujería en Alemania desde su inicio hasta su fatal desenlace. La familia de Jesper está preocupada por su enfermedad y cree que ésta guarda relación con un hechizo. Tal sospecha lleva ante la Inquisición a María, una vieja tejedora, quien, tras ser torturada, inicia el relato de hechos que confiesa haber visto con sus propios ojos, con el que inculpa a toda una serie de mujeres de la familia de Jesper en su relación con la brujería. Su relato y las imágenes que lo acompañan es uno de los pasajes más recordados de la película, con la recreación de un aquelarre y la entrega de los personajes a una suerte de locura colectiva, a la que se suma el espectador, fascinado por su inserción en un mundo totalmente nuevo, aunque no tanto si se está familiarizado con el universo de El Bosco. El relato de la tejedora conduce a la acusación de la cuidadora del hijo de Jesper, de quien está enamorado el monje Johannes, y a su camino hacia la hoguera. Los ambientes recargados del aquelarre contrastan con el ascetismo y austeridad (con un gran construcción de la luz interior) de las escenas dentro del convento y las celdas donde se producen los interrogatorios.

La sexta parte se divide a su vez en dos. La primera es un muestrario de instrumentos de tortura, en el que no falta su toque de humor (de hecho, es una constante de toda la película): según palabras del director, una de sus modelos le pide que le deje probar personalmente uno de esos instrumentos, que incide en su tortura en los pulgares de las manos; entonces, el director comenta con fino humor: "No saben los más profundos secretos que le logré arrancar en la confesión". El segundo tramo de la sexta parte se centra en la historia de dos monjas: una de ellas enloquece y contagia a sus compañeras, lo que lleva a una divertida escena de locura colectiva; otra monja roba un niño Jesús y luego se presenta ante la Inquisición para confesar el hecho, del que no acaba de tener una explicación.
La séptima parte retoma muchas escenas anteriores para explicarlas a la luz de la época moderna y las explicaciones que hacia 1921 se estaban dando a esos fenómenos: la histeria, los actos inconscientes de las personas sonámbulas o enajenadas, determinadas patologías, etc. Algunos actores vuelven a aparecer para interpretar a un equivalente de la época medieval en la moderna: así uno de los inquisidores es ahora un médico y en vez de conducir a las mujeres "endemoniadas" a la hoguera las conduce a un tratamiento de duchas terapéuticas. Uno de los mejores momentos en el que se juega a relacionar actor-personaje, está en la nueva aparición del rostro castigado de María la tejedora con una curiosa y divertida vuelta de tuerca. Según palabras del narrador, la actriz que encarnaba a la tejedora, la misma que juraba haber visto cosas extraordinarias, también en una escena fuera del rodaje le confiesa haber tenido contacto con Satán. Aprovecha el mismo plano de la mitad de la película para establecer un curioso juego entre personaje y actor, historia y rodaje, que firmarían hoy muchos autores de la posmodernidad.

Si la película combina documentación con humor a lo largo de sus pasajes, en esta última parte desarrolla mucho más esa dualidad, ya que expone los conocimientos de la ciencia (y su tesis) y ofrece momentos para reír al espectador. No en vano, además de la recreación de atmósferas pictóricas, también ha movido a Christensen recuperar el lema de "enseñar deleitando" que sirvió de guía a las obras didácticas de las épocas que revisita.

Hachas de hace un millón seicientos mil años y jarrones del siglo XXI. Exposición Tesoros de las Culturas del Mundo".

El Canal hace un repaso de la historia del arte con 250 obras procedentes del Museo Británico

ANAÍS BERDIÉ - EL PAÍS - Madrid - 12/12/2009


Enterrado bajo la arena de las islas de Lewis (Escocia), oculto y protegido por una pequeña cavidad de piedra seca, se encontró en 1831 un conjunto de 82 piezas de ajedrez hechas de marfil de morsa. Se descubrió que las pequeñas esculturas, cuidadosamente talladas, habían sido realizadas en el siglo XII. Hoy en día se reparten entre el Museo Británico y el Museo Nacional de Edimburgo. Nadie sabe a quién pertenecieron, dónde se elaboraron ni por qué acabaron escondidas entre las dunas de una isla escocesa. Su descubridor -tampoco se sabe quién fue el afortunado- dio con lo que puede llamarse, sin lugar a dudas, un verdadero tesoro.


Las piezas del ajedrez de Lewis, junto con otros 250 tesoros procedentes del Museo Británico, se exhiben desde ayer en la sala Arte Canal, dentro de la exposición Tesoros de las culturas del mundo. No están los frisos del Partenón, ni el Discóbolo de Mirón, ni la piedra Rosetta (aunque de ésta sí hay una réplica), pero la muestra realiza un completo recorrido por la historia del arte y de la humanidad.

La visita está dividida en siete salas, que permiten viajar por África, Oriente Próximo, Asia, Europa, Oceanía, América y, finalmente, la época moderna.

El visitante se encuentra nada más llegar con dos hachas encontradas en la Garganta de Olduvai (Tanzania). Su fabricación se remonta a entre 1,6 y 1,4 millones de años antes de Cristo. La edad de Piedra temprana. Pero no son simples instrumentos. Sus formas son elegantes, sus materiales (lava y cuarzo), complejos de cincelar. Son una de las primeras muestras de la cultura material humana. Desde ellas hasta el jarrón Galaxia (2006), del japonés Tokuda Yasokichi III -que ha sido nombrado por su gobierno Tesoro Nacional Viviente-, hay millones de años de evolución estética. Muchos para cualquier museo. Aunque el Británico, que cumple 250 años de vida, puede preciarse de albergar una portentosa colección. Parte de ella ha recorrido diversos países de Asia y América con esta exposición, que recala ahora por primera vez en Europa.

Tras las primitivas hachas sorprende de golpe, todavía en la primera de las salas, una muestra de arte funerario egipcio. El ataúd de madera de Djeho, decorado con inscripciones jeroglíficas, con la cara dorada y pelo azul (que simbolizan la divinidad del muerto). Y a su lado, una momia, completamente envuelta siguiendo la técnica de embalsamamiento egipcia, de la que los rayos X revelaron que pertenece a una mujer de mediana edad, con la dentadura completa, ojos artificiales y los huecos dejados por las vísceras tras su extracción, rellenos de una mezcla de lino, serrín y arena.

La siguiente parada, bajo la luz siempre tenue de las salas y con una suave música de fondo, es en Oriente Próximo, y la bienvenida la da el Guardián Divino, una estatua asiria (811-783 a. C.), que flanqueaba el templo de Nabu -dios de la escritura- en la antigua capital Kalhu (norte de Irak). Las vitrinas de las paredes albergan relieves sirios, acuarelas de la India, azulejos de Irán.

Entre las piezas europeas repartidas en la siguiente estancia destacan varias estatuas y bustos y griegos y romanos, como un Eros de la Acrópolis de Atenas al que le falta la cabeza o el rostro marmóreo del emperador Augusto.

De ahí, un nuevo salto geográfico y temporal traslada a tierras asiáticas, donde varios budas, como uno procedente de la antigua Gandhara (actual Pakistán) del siglo II, conviven con biombos japoneses de la era Meiji (1809) decorados con motivos invernales.

Dos salas más pequeñas albergan las obras de Oceanía y América. El camino desemboca en una última habitación, en la que se reúnen objetos artísticos de los cinco continentes bajo el epígrafe de Mundo moderno. Ahí tienen cabida desde unas Botas de tacón de aguja Lady Luck, del artista Teri Greeves hasta una escultura del iraní Parvis Tanavoli, maestro de lo que él define un pop art espiritual.

"Esta es la cuarta exposición que se realiza en este espacio sobre las grandes civilizaciones", recordó ayer la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, en la inauguración de la muestra. Las tres anteriores tuvieron 1,2 millones de visitantes. "Esperemos que este sea uno de los grandes acontecimientos culturales de 2010", concluyó Aguirre.

Tesoros de las Culturas del Mundo. Sala Arte Canal, Paseo de la Castellana, 214. Hasta el 10 de mayo, de 10.00 a 21.00 (24 y 31 de diciembre sólo mañanas y 25 de diciembre y el 6 de enero permanecerá cerrado). Entradas a seis euros (tres euros con descuento).