divendres, 23 de gener de 2009

Lo bello es difícil

'Sileno con odre de vino'
'Sileno con odre de vino'

Museo Albertinum de Dresde (70-110 d.C.).

  • 'Entre dioses y hombres', en el Museo del Prado - 'Sileno con odre de vino'
  • 'Entre dioses y hombres', en el Museo del Prado - 'Emperador Clodio Albino'
  • 'Entre dioses y hombres', en el Museo del Prado - 'Zeus Eleutherios'
  • 'Entre dioses y hombres', en el Museo del Prado - 'Diadúmeno'
  • 'Entre dioses y hombres', en el Museo del Prado - 'Niña sentada'
  • 'Entre dioses y hombres', en el Museo del Prado - 'Hipnos'
  • 'Entre dioses y hombres', en el Museo del Prado - 'Ménade de Dresde'
  • 'Entre dioses y hombres', en el Museo del Prado - 'Cabeza de una anciana ebria'

EMILIO LLEDÓ EPS EL PAÍS 18/01/2009

El asombro del arte, el amor a la verdad, a la sensibilidad de la mirada, a la libertad. todo eso enseña, en palabras del filósofo y académico, la exposición 'entre dioses y hombres' del museo del prado. en su visita vio mucho más que sesenta esculturas clásicas: encontró toda una celebración de la vida y el goce de mirar.

Al entrar en el Prado para recorrer con la mirada la exposición, no podemos por menos de recordar una palabra maravillosa de las muchas que hemos heredado de la cultura griega y que, espero, no se nos vayan olvidando. Esa palabra es el "asombro" (thaumasía). Parece que fue esta extrañeza ante los misterios del mundo, ante la armonía de los astros, ante la luz y la belleza que podían mostrarnos, lo que provocaba ese asombro. Asombrarse suponía descubrir lo "otro" y saber establecer esa distancia que nos permite entender. Si vivimos saturados de entorno, aplastados de noticias que no queremos o no podemos discernir; si no sabemos intuir esa lejanía necesaria para mirar, para entrever, incluso para tocar lo que nos rodea, estamos en el camino, en el mal camino, de perder la sensibilidad y, por supuesto, la inteligencia. Fue el asombro, la distancia, el no querer dar por hecho nada de lo que observábamos, lo que originó, decían los griegos, la filosofía, o sea, la curiosidad, el apego, la necesidad y la pasión por entender y entendernos.

UNA EXPERIENCIA ASOMBROSA ES, pues, la visita a esta exposición de esculturas del Museo Albertinum de Dresde y el Museo del Prado. El primer momento de asombro, de distancia ante tanta belleza, es el que nos lleva a pensar que fueron ellos, los griegos, quienes la inventaron al debatir largamente sobre esa palabra "bello" (kalós), que junto con la "verdad" (aletheia) y la "justicia" (dike) marcaban y nutrían el espacio de la cultura, de la paideia. La cultura, entendida no como un bloque de artes, conocimientos y saberes, sino como un proceso, una construcción encarnada en la estructura natural, la physis; un dinamismo que convertía a ese animal atado a todos los instintos de los otros animales en animal que con el logos, con la palabra, con la capacidad de entender y crear, trascendía los límites de su propia animalidad y entraba así en un territorio absolutamente nuevo, el territorio de lo humano. Y en él, no sólo la palabra nos distinguía, sino también la mirada: el aprender a mirar y, desde esa mirada, descubrir el querer, el amar.

Hay testimonios literarios suficientes para definir esa cultura de la luz, de la iluminación que el romanticismo alemán empezó a llamar el "milagro griego". Basta recordar aquel comienzo de un libro clásico en los orígenes de la filosofía cuya primera línea dice: "Todos los hombres tienden por naturaleza a mirar". A mirar sabiendo, claro está, porque esa mirada, esa "idea", era etimológicamente resultado de la visión. Los ojos y la luz. Sobre todo esos "ojos del alma" que dentro de la frente "se hermanaban con la luz del sol" y levantaban el sueño de los ideales hacia los que tendía otro de los grandes principios del mundo griego, la democracia. Porque la mirada, el entendimiento, requiere y exige libertad: ese dominio infinito de posibilidades por donde navegan los también infinitos deseos de los seres humanos. Fruto de esa libertad fue la ciencia, la filosofía, la tragedia, la lírica, la épica, la política, la historia, la comedia, la ética... todos esos campos que inventaron los griegos y por donde empezaron a sembrar las semillas y en muchos casos los grandes árboles que hoy, casi sin saberlo, nos cobijan y alimentan.

ES UN ACIERTO, ENTRE OTROS MUCHOS, que la exposición, a la que acompaña un excelente catálogo, se abra con esa imponente estatua de Zeus Eleutherios, el dios que da libertad, el dios liberador que no sólo les habría dado la victoria sobre los persas. Podríamos imaginar que algunas de estas obras estaban colocadas en determinados lugares del ágora de Atenas, del espacio público, donde la palabra de los sofistas, los diálogos sobre sucesos y opiniones era el instrumento imprescindible de humanización y democracia. Un dios de libertad, que nunca necesitó de una clase sacerdotal que tuviera poder real sobre los ciudadanos diciéndoles qué tenían que entender, qué tenían que hacer. Unos dioses, pues, liberadores y liberados ellos mismos de cualquier manipulación engañosa, y sólo cobijados en el, una vez más, asombroso mundo de los mitos, ese hallazgo exclusivo de los hombres. Es verdad que algunas veces la política quiso manipular esa religión desterrando y condenando a los negadores de la existencia de los dioses "de la ciudad" que los tiranos y sus aprendices habían pretendido incorporar, de alguna manera, a ciertas formas de corrupción del poder. Esta religión de la libertad que en principio nadie administró fue, sin duda, uno de los fundamentos esenciales de la cultura griega y el que, en buena parte, la hizo posible.

EN EL MUNDO DE LOS DIOSES y héroes se manifestaban los deseos y esperanzas humanas. Otro "logro para siempre", que expresó un texto de uno de aquellos siempre vivos maestros: "Amamos el conocimiento, amamos el saber, pero sobre todo amamos la vida". La vida que nos ofrece el gozo "de los sentidos, y entre ellos, sobre todo el de poder ver". Una religión, pues, de la vida, de la vida real de los hombres. "Hermano, permanece fiel a la tierra", ya que es esto lo único que tienes. Por ello fue, además, una religión que, después de Fidias, se atrevió a desnudar a sus dioses y héroes, a alegrar la mirada en esos hermosos cuerpos en los que se vislumbraba no sólo el amor hacia los seres, sino la idea de una incesante superación. Un canon, pues, para el cuerpo, y un canon de libertad, armonía y progreso para la mente.

Si contemplamos el Diadúmenos, se nos hace presente el asombro al que me refería: un cuerpo tal vez soñado, rozado ya por el aire de la perfección, pero un ser humano cuya mirada sin pupila está, paradójicamente, llena de luz. Esa luz que era condición necesaria de la vida, de toda la vida, de todo momento de la vida. "¡Padre Zeus, libra de la espesa niebla a los aqueos, serena el cielo, deja que nuestros ojos vean, y destrúyenos, ya que así te place, pero en la luz!", exclama Ayax en la Ilíada. No me resisto a reproducir otro texto de esa cultura de la luz. "Los compañeros dormían alrededor de Diomedes, con las cabezas apoyadas en los escudos y las lanzas clavadas por el regatón en la tierra; el bronce de las puntas lucía a lo lejos como un relámpago del padre Zeus". Diadúmenos tiende sus ojos luminosos al suelo que le sostiene con una mirada lejana y próxima, entristecida y alegre en su acogedora serenidad. No es extraño que en un momento supremo del ideal griego surgiese la unión de la belleza y la bondad, creando una palabra que unía ambos conceptos: la kalokagathía, algo así como lo "bellibueno": la belleza traslucía desde la bondad. Este concepto desgraciadamente tan desgastado y que, unido a la veracidad, al no engaño, propio o ajeno, podríamos rebajarlo, en nuestros tiempos, a un término más modesto, pero no por ello menos necesario: la decencia.

Para la enfermedad moral de la doble verdad, de la hipocresía, se ha esfumado la decencia entre una serie de siniestras consignas patológicas que trastornan la mente de los seres humanos. Por ello, es un salto de alegría, en la conquista de la realidad y de la vida, esa -¿cómo adjetivarla sin tópicos?- Venus de Medici: un cuerpo bellísimo, pura y hermosa naturaleza, pero con los brazos y los pies rotos por la historia. El olvido y la desmemoria rompen también manos y pies, pero, a pesar de tales quiebras, ese busto nos descubre en el imposible abrazo de la vida el abrazo inagotable de la inmortalidad. Una inmortalidad tan evidente que hoy su contemplación nos da lenguaje y nos alienta. "No moriré del todo", escribió el poeta que admiró probablemente, hace más de veinte siglos, esas estatuas. "No me devorará la sucesión de los años ni la incesante fuga del tiempo".Tal vez eso que escapaba al mordisco de la temporalidad era esa palabra que ha definido siempre al arte más eterno: lo clásico.

NO SOMOS PLENAMENTE conscientes de esas lecciones que aún no hemos asimilado y que tienen su origen en esta tradición que hizo posible el que hoy sigamos luchando por la cultura como fuerza y dinamismo, como energía (enérgeia), como educación de la mirada, como forja de la posibilidad y la igualdad. Es verdad que también descubrieron la tristeza, el dolor, la melancolía: "¿Por qué tantos hombres excepcionales en la filosofía, la política o la poesía son melancólicos?". Esa melancolía, "el gesto supremo del espíritu", no logró empañar la alegría del más acá, la alegría de vivir. Una de las maravillas de esta exposición es, por ejemplo, ese relieve de una ménade pensativa. Las ménades eran, como es sabido, esas mujeres poseídas de pasión que cuidaron de Dioniso niño y formaron después parte de su cortejo. Se las representaba desnudas o cubiertas, como ésta del Museo del Prado, con un velo muy fino que transparenta el cuerpo y que vuela luego a sus espaldas suavemente dominado por una mano. La otra sostiene el tirso típico de las fiestas dionisiacas. La melancolía del rostro que también mira al suelo lo alegra ese movimiento de extraordinaria sensualidad en un cuerpo que parece desfallecer, mientras la rodilla, levemente doblada, anuncia el baile que apenas entrevemos en esa otra maravillosa ménade de Dresde que sin brazos, casi sin rostro borrado por la impiedad del tiempo, hace ver la alegría de vivir.

Pero también la sabiduría griega nos entregó otro de sus descubrimientos expresado en una no menos asombrosa frase: "El hombre es el más inteligente de los seres vivos, porque tiene manos". Aristóteles, que cita este dicho atribuyéndolo a Anaxágoras, comenta que "esa inteligencia se debe a que es capaz de utilizar un gran número de utensilios, de instrumentos, y la mano es el instrumento de los instrumentos, el órgano de los órganos". Esa poesía (poíesis) sobre el mármol era obra de las manos. El filósofo que imaginó ese poder de las manos dijo también que "todo artista, todo creador, ama su obra porque ama el ser... que consiste precisamente en sentir y pensar". No dejen reposar los ojos en esta exposición. Salimos de ella limpios, purificados por esa catarsis -esa otra palabra de la tragedia y el arte griego- que aseaba, renovaba, la mente, y nos libraba de la pesadumbre del existir diario, de la maldad y la miseria.

ME PERMITIRÉ, AL FINAL, una pequeña coda, anacrónica, me temo. No podía dejar de pensar en ello, cada vez que iba al museo, y casi siento como un paradójico deber el evocarlo. Esta exposición enseña muchas más cosas, pero entre ellas: la sorpresa, el asombro del arte, el amor a la vida, a la verdad, a la educación, a la sensibilidad de la mirada, a la reflexión, a la libertad. He visto muchas veces, en los museos de Berlín, sentados en pequeñas sillas puestas a disposición de los alumnos, grupos de niños, de jóvenes, escuchando a una profesora que les enriquecía, con sus palabras, la mirada y, por supuesto, la inteligencia. Esa educación de la mirada es un antídoto necesario para ese chisporroteo de crueldad y violencia de muchos de los llamados videojuegos, y en los que, desgraciadamente, los jóvenes no son sólo sujetos pasivos en la visión de inacabables monstruosidades, sino que son personajes activos que practican, con las teclas adecuadas, la frialdad, la indiferencia ante un imaginario y siempre posible aniquilar, matar, suprimir. Nada que ver con los viejos tebeos de aventuras, incluso con las películas más o menos violentas. En el pulso de esos teclados se aprenden y domestican, como amarrados perros de Pavlov, los reflejos condicionados que suavizan y vanaglorian la muerte y el horror ajeno.

Después de un largo debate sobre la belleza, uno de los diálogos de Platón concluye: "Me parece que me ha sido beneficiosa la conversación con cada uno de vosotros. Creo que entiendo ahora el sentido del proverbio que dice: Lo bello es difícil".

La exposición 'Entre dioses y hombres' reúne más de 60 esculturas clásicas procedentes del Museo Albertinum de Dresde (Alemania) y del Museo del Prado. Puede visitarse en la pinacoteca de Madrid hasta el 12 de abril.

PRÍNCIPES ETRUSCOS. ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE. Exposición


Fuente: Caixaforum

Todavía hoy seguimos hablando del ”misterio etrusco”, debido a sus peculiaridades etnográficas, lingüísticas, religiosas, políticas y culturales, que hacen de los etruscos un pueblo tan diferente de los demás que poblaron la antigua Italia. En esta exposición vemos muestras de la arquitectura sacra y varios aspectos de la religión, la producción artística, la vida cotidiana y los usos funerarios, depósitos votivos, objetos de producción etrusca o de importación griega, grandes sarcófagos y frisos pintados descubiertos en tumbas principescas de Tarquinia.


Los príncipes etruscos se representaban a sí mismos sentados en tronos, acompañados de sirvientes con sus flabelos, al estilo de los reyes de Lidia y Persia. ¿Se trata de un pueblo oriental que migró desde Asia Menor y se estableció en la Toscana, como afirmaba el historiador griego Heródoto? ¿O eran habitantes autóctonos, como defendía Dionisio de Halicamaso en la época del emperador Augusto?.

El pueblo etrusco es el más conocido de todos los que ocuparon la península italiana durante la antigüedad. En tan solo dos siglos, entre el X y el IX a.C., llegaron a dominar una gran área de la Italia prerromana: la actual Toscana y una parte de Umbría y el Lacio septentrional. Incluso Roma, una ciudad latina importante, estuvo sometida a la influencia política y cultural de Etruria, bajo la dinastía etrusca de los Tarquinios, que reinaría en Roma entre finales del siglo VII a.C. y el último decenio del VI a.C.


El apogeo de su civilización empieza con la aparición de grandes centros protourbanos, donde es posible identificar ya las elites emergentes, con caudillos capaces de controlar los recursos agrícolas y minerales del territorio, pero también con personajes femeninos de rango elevado, como se desprende de dos ajuares funerarios que recoge la exposición y que evidencian el nacimiento de una clase aristocrática. En el llamado ”período orientalizante”, durante los siglos VIII y VII a.C., se afirma una sociedad dominada por familias principescas, particularmente ricas que, al no haber incorporado los usos y costumbres del mundo griego y greco-oriental, dejaron amplios testimonios de su poder y de su riqueza, expresados en singulares objetos de bronce y otros materiales preciosos, utilizados por los príncipes etruscos para el servicio del banquete o del simposio, un ritual de influencia griega para el consumo de vino; o la orfebrería de oro, que en Etruria alcanza un grado de refinamiento extremo, con decoración de finísimo granulado.


A partir del siglo VI a.C., las ciudades-estado de Etruria experimentan un gran desarrollo urbano, con una original arquitectura monumental que se aplica a la esfera privada y pública por igual.


Las obras han sido cedidas por el Musée du Louvre, el Museo Gregoriano Etrusco de Ciudad del Vaticano, el Museo Nacional Etrusco de la Villa Giulia y los Museos Capitolinos, ambos en Roma, y en especial por el Museo Arqueológico Nacional de Florencia, entre muchos otros museos italianos.

Lebes

Lebes con prótomos. 675-650 a.C. Ciudad del Vaticano, Museo Gregoriano Etrusco

OTRA EXPOSICIÓN: "Etruscos, las antiguas metrópolis del Lacio"

Fuente: http://www.soitu.es/soitu/2008/10/21/info/1224609362_406237.html

Roma.- La civilización etrusca, asentada en una confederación de hasta doce ciudades italianas, se muestra desde hoy como una cultura refinada e individualista, y con la mujer como centro de la vida social y política, en "Etruscos, las antiguas metrópolis del Lacio" en el Palacio de las Exposiciones de Roma.

(EFE)

Una de las piezas exhibidas en la exposición "Etruscos, las antiguas metrópolis del Lacio" en el Palacio de las Exposiciones de Roma.

Los etruscos se extendieron por Italia central desde el siglo IX a.C, con los griegos al sur como enemigos, y reinaron hasta el año 509 a.C en que el último rey etrusco, Tarquinio el Soberbio, fue expulsado de la capital italiana para dar paso a la República de Roma.

La muestra narra la historia de la civilización etrusca en su pleno apogeo en el Lacio (centro) y describe su extraordinario nivel de progreso mediante el desarrollo de sus principales centros urbanos y su sociedad aristocrática: Veio, Caere (actual Cerveteri), Vulci y Tarquinia.

Relata, asimismo, las relaciones de amor y odio entre estas antiguas ciudades con la naciente metrópoli Roma, en la que los etruscos ejercieron una profunda influencia: sus dioses fueron adoptados por Roma, así como el empleo en arquitectura del arco y la bóveda, o las artes adivinatorias en las entrañas de animales o en el volar de los pájaros.

El carácter singular de estas cuatro ciudades del sur de Etruria -correspondiente al actual Lacio (aunque el principal centro fue lo que hoy es la región Toscana, a quien dio su nombre)- está ilustrado por una selección de algunas de las más importantes obras de arte de cada una de estas localidades.

A Veio, capital de la terracota policromada para decorar techos y estatuillas de exvotos, se la recuerda por la reconstrucción de una parte del templo de Apolo, en el que se fusiona arquitectura y escultura.

Por otro lado, en Caere (actual Cerveteri) desapareció la arquitectura civil, aunque no la funeraria, que se exhibe tras llevar a cabo la reconstrucción de un sepulcro a tamaño natural que luce un relieve del fallecido en la lápida y que remite a la ceremonia de culto funerario de la época arcaica.

Entre otros, cabe destacar búcaros y vasijas con pinturas que representan el carácter alegre del funeral: competiciones atléticas, liras que se tocaban con una púa sobre el caparazón de una tortuga y las típicas flautas dobles etruscas.

La ciudad de Vulci está representada por una escultura monumental creada en piedra de la zona, "Cabeza de león rugiendo", y por obras de la vecina Ischia di Castro que eran emplazadas en las entradas de las tumbas y que a menudo representan animales mitológicos.

En los últimos años del siglo VIII a.C., Cerveteri y Vulci fueron lugares de las florecientes rutas comerciales del mundo griego, del que llegaron jarrones de cerámica, considerados como obras maestras de la pintura griega, y que influyeron en el arte figurativo etrusco.

Arribaron, además, joyas de finísimas filigranas, objetos de lujo y metales preciosos para las ceremonias nupciales de la mujer, que era el "centro de la vida social y política y depositaria del saber, a diferencia de su posición en las culturas griega y romana", en palabras de la comisaria Ana María Moretti.

La urbe de Tarquinia, con más de 100 tumbas con frescos creados desde el período arcaico a la época helenística, fue la más importante "galería de arte" en el mundo antiguo antes de Pompeya.

El descubrimiento de la zona sagrada de Gravisca, el puerto de Tarquinia, a principios de los años setenta resultó crucial para comprender las relaciones económicas y comerciales en la zona del mar Tirreno.

La exposición cuenta la historia del santuario en Gravisca no sólo a través de los exvotos de los fieles, sino mediante la reconstrucción parcial del templo de Adonis, que relata los ritos de muerte y resurrección del dios, el joven amado y atormentado por Afrodita y, después, venerado por las prostitutas.

Hay espacio también para frescos con escenas de banquetes, con hombres y mujeres con sofisticados peinados, que fueron desgarrados de la tumba de Tarantola, que se exponen hoy por primera vez en su disposición original.

Obra esencial para la monarquía etrusca que reinó sobre las siete colinas -el tema final de la exhibición- es la tumba de François Vulci, un aristócrata local que encargó la construcción de un lujoso mausoleo.

Una civilización, la etrusca, que, pese a haber introducido su alfabeto en Italia -sin que haya podido aún ser descifrado-, fue cuna de arquitectos e ingenieros que drenaron tierras y construyeron carreteras que, por su calidad, prefiguraron las romanas.



Blogs sobre la exposición:


http://es.wordpress.com/tag/etruscos/




dimecres, 21 de gener de 2009

El maniqueismo, la religión más perseguida



La religión más perseguida

Portada Por Eugenio Trías.






Fuente: http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=11027&sec=31&num=884

Durante mucho tiempo se sostuvo que el antiguo gnosticismo judeocristiano tenía su perfecta culminación en el maniqueísmo. O que esta religión constituía una prótesis gnóstica de natural sincrético que había sabido combinar temas cristianos, mazdeístas y hasta budistas. Hoy se tiende a pensar que la religión de Mani, la Religión de la Luz, fue una fundación religiosa de nuevo cuño.

Frente a lo que se pensaba en anteriores generaciones por estudiosos magníficos -como Henri-Charles Puech-, la religión de Mani no cifra el acto salvífico en el puro don del conocimiento salvador. Éste requiere el refrendo de la praxis ritual y moral. El despertar gnóstico es, en todo caso, un requisito, como lo testimonia el célebre y bellísimo Himno de la perla.

El Enviado ha sido asaltado y saqueado, ha perdido el conocimiento, se encuentra sumido en la inconsciencia. Ignora por qué se halla en estado de postración tras la agresión. No sabe quién es, ni de dónde procede, ni a dónde va. Su doble celeste, su gemelo divino, desciende para agitarle la memoria. Sabrá entonces que es hijo de reyes y que ha sido enviado a tierra hostil para recuperar la perla (la comunidad luminosa que debe ser rescatada). El Enviado logra recordar que le espera en el cielo su doble angélico. Mani recibió de ese gemelo celeste sus revelaciones.

Mani.


Lúcida autoconsciencia. Mani (216-277) se halla a caballo cronológico entre la fundación cristiana y la islámica. Antes que ésta supo comprenderse a sí mismo como el último enviado, o el sello de la revelación profética, heredero de engarces diversos (antediluvianos, cristianos, zaratustrianos, budistas).

Lo que más sorprende de Mani es la lúcida autoconsciencia respecto a su misión. Quería fundar una religión universalista, a diferencia de las que sólo tenían sustento étnico o nacional, como la judía o la mazdea. Quería que fuese una religión suficientemente lábil para poderse adaptar a las regiones más extremas.

Consciente de que los anteriores enviados no habían dejado escrita su enseñanza, dando lugar a una dispersión continua de doctrinas y cultos, no cejó en escribir un libro canónico tras otro.

Esta religión terminó siendo una de las más perseguidas: sólo gozó de la protección providencial de los treinta años de magisterio de Mani gracias a Sapor I, segundo rey de la dinastía Sasánida. Varios siglos después gozó el maniqueísmo de cuarenta años de dominación uigur sobre la Mongolia exterior, cuyo rey fundador adoptó la religión maniquea durante las cuatro décadas en que duró el imperio.

La religión se expande por Egipto, por todo el norte de África (Agustín de Hipona es creyente durante casi una década), por el Asia central, por la ruta de la seda, por el Turquestán chino y por el Imperio Celeste, donde hay tiempos de tolerancia con esta religión (y vestigios de su existencia hasta el siglo XVII).

La trágica ironía de esta religión tan perseguida se advierte en que, a pesar del celo escritor del fundador, hoy solo existen ruinas, libros salvados en yacimientos textuales descubiertos recientemente.

Amplio fluir de un gran río. Esta religión describe un drama cósmico en tres etapas. La cuenca fluvial de la revelación proviene de la religión mazdea imperante en Persia, de cariz dualista.

En Mani ese dualismo configura la base firme sobre la cual descansa el amplio fluir de un gran río en el que se adivinan muchas corrientes, pero sobre todo la que procede del cristianismo paulino gnóstico, vía Marción, o de los gnosticismos cristianos dualistas, vía Bardesanes.

Mani se reconoce como el Paráclito del Evangelio de Juan: emisión que sigue a la que culmina Jesús, principal personaje del drama cósmico que Mani nos revela.

Al principio existían en régimen de separación la Luz y las Tinieblas, Vida y Muerte, Bondad y Maldad. La descripción de la Tiniebla parece anticipar a Thomas Hobbes y su caracterización del «estado de naturaleza». Es la guerra de todos contra todos. El Principio de Muerte reina por doquier. No hay modo de cortar la violencia recíproca.

De pronto, en la frontera de este mundo radicalmente infernal, en una zona lindante con Lo Más Alto, se atisban focos luminosos. El príncipe de las tinieblas señala en esa dirección y consigue que todos los señores de la guerra se olviden de sus pleitos feudales interminables. Logra unirlos con vistas a un único objetivo. Al igual que los titanes de la mitología, se trata de asaltar la morada de los celestiales, de quienes viven perpetuamente envueltos en su bondad, presididos por el Padre supremo.

Careciendo el Señor de la Luz de toda maldad, ignora cómo contrarrestar esa acometida de la Tiniebla. Sólo se le ocurre sacrificar una parte de sí mismo, adelantarla hasta la zona fronteriza y utilizarla como señuelo. Las Tinieblas se abalanzan furiosas contra ese cebo luminoso, lo devoran de forma caníbal, en una escena que a los grecolatinos les recuerda la ingestión de Dionisos, hijo de Zeus, por parte de los pérfidos titanes.

Crear el mundo. El cebo que se ofrece a la Tiniebla es el Hombre originario. Éste es el Primer Enviado, que esparce el Alma en medio de la Materia Oscura (que es el mal mismo, ingénito, increado).

Con el fin de rescatar esa luz diseminada en la Tiniebla lanza el Padre de Bondad un Segundo Enviado, el Espíritu Viviente. Éste tiene misión demiúrgica: crea el mundo a la manera de un inmenso dispositivo mediante el cual sea posible que la luz anímica del Hombre primordial, dispersa en la Tiniebla, pueda encontrar un cosmos que haga posible su liberación.

El puro caos de violencia y guerra queda contrarrestado a través de una arquitectura encaminada a que lo divino cautivo y prisionero pueda ser elevado -mediante columnas y ruedas- hacia las luminarias recién creadas, la Luna, el Sol, naves luminosas que conducen a la Tierra de Luz paradisíaca.

Pero esa cosmogonía es insuficiente. Con el fin de intensificar el proceso de redención se precisa un Tercer Enviado, cuya función es soteriológica: se trata del salvador, llamado Jesús Esplendor, que orienta la sucesión profética y el progreso en la revelación de los misterios, hasta culminar en el último profeta anterior al escenario escatológico, el Paráclito, verdadero Espíritu Santo, que se encarna en el propio Mani.

Los elegidos. La religión de Mani pretende, a través de la fundación de su iglesia, un modo que permita acelerar ese proceso de ascensión de la luz a través de ruedas, cangilones, columnas y luminarias. Ello requiere el concurso de los elegidos (electi), sacerdotes de esta religión: constituyen sacramentos vivientes que siguen un régimen vegetariano estricto, lejos de toda violencia con los seres vivos (humanos, animales, plantas).

Las plantas lloran si se arrancan palmas o flores. Las plantas poseen alta valencia salvífica. Los auditores (auditori), o catecúmenos, ofrecen en donación los alimentos vegetales que necesitan los electi con el fin de consumar en ellos mismos una suerte de transubstanciación sacramental. Logran así destilar en su metabolismo el factor luminoso, evacuando tiniebla y excremento.

Esta religión de no violencia, una suerte de versión occidental, cristiana, del jainismo indio (aunque totalmente independiente de éste), se esparció por todos los confines de la tierra conocida, en Oriente y en Occidente, fecundando de misterioso modo también variantes dualistas en el extremo occidental, en Bulgaria, en Italia, en Provenza, donde florecieron lejanas evocaciones de este mundo religioso: paulicianos, bogomilos, cátaros.

Fue la más perseguida de las religiones universales, quizás en parte debido al carácter mismo del mensaje religioso, que hizo de la no violencia, del NO rotundo a la guerra, y de la reticencia ante la sexualidad -por lo que se refiere a los electi- su mayor reclamo. Un dualismo extremo que configura el drama cósmico de la época de la mezcla, cuando Luz y Tinieblas conviven en el mismo mundo, antes de ser la Luz repatriada a su hogar originario.

Un dualismo con Tres Edades, la primera de estricta separación, con una frontera radical entre la Luz y las Tinieblas. La segunda en la cual la zona fronteriza asiste al dramático curso de incursiones y retrocesos, y a un triple envío (antropológico, cosmológico y soteriológico). Y una tercera edad, tras la batalla final, en la que para siempre se volverá a la separación originaria, aunque quizás alguna parte luminosa quede contaminada, imposible de rescate.

Parte de la Luz se corrompió en este proceso. Pero la propia Tiniebla quedó debilitada, y corrompida a su manera, al descubrir el misterio de la Luz y al desearla ardientemente, o al devorarla de forma desaforada.

Cazadores de herejes. Esta es la religión de Mani, que en un magnífico volumen, El Maniqueísmo, estudio introductorio, y en una antología excepcional, El Maniqueísmo, textos y fuentes (Trotta), Fernando Bermejo Rubio y José Montserrat Torrents, sus autores, nos presentan con el fin de que el maniqueísmo sea, por fin, verdaderamente conocido en su peculiaridad. O como mínimo, para que lo que ha terminado por ser una palabra denigratoria pueda deconstruirse, de manera que se sepa lo que se encierra en ella.

Eso hoy es posible porque se han conseguido descubrir verdaderos yacimientos en el Alto Egipto, en el Turquestán y en China, provistos de textos originales maniqueos.

No es suficiente conocer a los cazadores de herejes para comprender las motivaciones y razones de esta interesante religión. Los heresiarcas mismos pueden ser aquilatados en su veracidad en virtud de estos descubrimientos de última hora, que nos permiten acceder a textos maniqueos auténticos, testimonios de una piedad religiosa extraordinaria.

No me extenderé en elogios respecto a esta edición. Mi transcripción en forma de reseña es, por mi parte, el mejor homenaje a esta contribución al conocimiento de las grandes religiones, verdadera asignatura necesaria para fecundar la enseñanza media y el universo de las humanidades en un país tan polarizado en estos temas, basculando siempre -todavía- entre la intransigencia dogmática que se advierte demasiado a menudo en las formas y contenidos de la religión mayoritaria, y un descerebrado y frívolo desinterés por cosas relativas a los misterios que toda gran religión tiene por misión revelar, relativas a nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro.


EL HIMNO DE LA PERLA


1 Cuando era niño
vivía en mi reino en la casa de mi Padre,

2 y en la opulencia y abundancia
de mis educadores encontraba mi placer,

3 cuando mis padres me equiparon y
enviaron desde el Oriente, mi patria.

4 De las riquezas de nuestro tesoro
me prepararon un hato pequeño,

5 pero valioso y liviano
para que yo mismo lo transportara.

6 Oro de la casa de los dioses,
plata de los grandes tesoros,

7 rubíes de la India,
ágatas del reino de Kushán.

8 Me ciñeron un diamante
que puede tallar el hierro.

9 Me quitaron el vestido brillante
que ellos amorosamente habían hecho para mi,

10 y la toga purpúrea
que había sido confeccionada para mi talla.

11 Hicieron un pacto conmigo
y escribieron en mi corazón, para que no lo olvidara, esto:

12 'Si desciendes a Egipto
y te apoderas de la perla única

13 que se encuentra en el fondo del mar
en la morada de la serpiente que hace espuma

14 (entonces) vestirás de nuevo el vestido resplandeciente
y la toga que descansa sobre él

15 y serás heredero de nuestro reino
con tu hermano, el más próximo a nuestro rango.'

16 Abandoné Oriente y descendí
acompañado de dos guías

17 pues el camino era peligroso y difícil
y era muy joven para viajar.

18 Atravesé la región de Mesena,
el lugar de cita de los mercaderes de Oriente,

19 y alcancé la tierra de Babel
y penetré en el recinto de Sarbuj.

20 Llegué a Egipto
y mis compañeros me abandonaron.

21 Me dirigí directamente a la serpiente
y moré cerca de su albergue

22 esperando que la tomara el sueño y durmiera
y así poder conseguir la perla.

23 Y cuando estaba absolutamente solo,
extranjero en aquel país extraño,

24 vi a uno de mi raza, un hombre libre,
un oriental,

25 joven, hermoso y favorecido,

26 un hijo de nobles,
y llegó y se relacionó conmigo

27 y lo hice mi amigo íntimo,
un compañero a quien confiar mi secreto.

28 Le advertí contra los egipcios
y contra la sociedad de los impuros.

29 Y me vestí con sus atuendos
para que no sospecharan que había venido de lejos

30 para quitarles la perla
e impedir que excitaran a la serpiente contra mí.

31 Pero de alguna manera
se dieron cuenta de que yo no era un compatriota;

32 me tendieron una trampa
y me hicieron comer de sus alimentos.

33 Olvidé que era hijo de reyes
y serví a su rey;

34 olvidé la perla
por la que mis padres me habían enviado

35 y a causa de la pesadez de sus alimentos
caí en un sueño profundo.

36 Pero esto que me acaecía
fue sabido por mis padres y se apenaron de mí

37 y salió un decreto de nuestro reino,
ordenando a todos, venir ante nuestro trono,

38 a los reyes y príncipes de Partia
y a todos los nobles del Oriente.

39 Y determinaron sobre mí
que no debía permanecer en Egipto,

40 y me escribieron una carta
que cada noble firmó con su nombre:

41 'De tu Padre, el Rey de los reyes,
y de tu Madre, la soberana de Oriente,

42 y de tu hermano, nuestro más cercano en rango,
para ti, hijo nuestro, que estás en Egipto, ¡Salud!

43 Despierta y levántate de tu sueño,
y oye las palabras de nuestra carta.

44 ¡Recuerda que eres hijo de reyes!
¡Mira la esclavitud en que has caído!

45 ¡Recuerda la perla
por la que has sido enviado a Egipto!

46 Piensa en tu vestido resplandeciente
y recuerda tu toga gloriosa

47 que vestirás y te adornará
cuando tu nombre sea leído en el libro de los valientes

48 y que con tu hermano, nuestro sucesor,
serás el heredero de nuestro reino.'

49 Y mi carta, era una carta
que el Rey selló con su mano derecha,

50 para preservarla de los males, de los hijos de Babel
y de los demonios salvajes de Sarbuj.

51 Voló como un águila--la carta--,
el rey de los pájaros;

52 voló y descendió sobre mí
y llegó a ser toda palabra.

53 A su voz y alboroto
me desperté y salí de mi sueño.

54 La tomé, la besé,
quité su sello y la leí:

55 y se acordaban con lo escrito en mi corazón,
las palabras escritas en la carta.

56 Recordé que era hijo de reyes,
y libre por propia naturaleza.

57 Recordé la perla,
por la que había sido enviado a Egipto,

58 y comencé a encantar
a la terrible serpiente que produce espuma.

59 Comencé a encantarla y la dormí
después de pronunciar sobre ella el nombre de mi Padre,

60 y el nombre de mi hermano
y el de mi madre, la reina de Oriente;

61 y capturé la perla
y volví hacia la casa de mis padres.

62 Me quité el vestido manchado e impuro
y lo abandoné sobre la arena del país,

63 y tomé el camino derecho hacia
la luz de nuestro país, el Oriente.

64 Y mi carta, la que me despertó,
la encontraba ante mí, durante el camino,

65 y lo mismo que me había despertado con su voz
me guiaba con su luz.

66 Pues la (carta) real de seda
brillaba ante mí con su forma

67 y con su voz y su dirección

68 me animaba y atraía amorosamente.

69 Continué mi camino, pasé Sarbuj,
dejé Babel a mi lado izquierdo.

70 Y alcancé la gran Mesena,
el puerto de los mercaderes,

71 que está sobre el borde del mar.

72 Y mi vestido de luz, que había abandonado,
y la toga plegada junto a él,

73 de las alturas de Hyrcania
mis padres me los enviaban,

74 por medio de sus tesoreros,
a cuya fidelidad se los habían confiado,

75 y puesto que yo no recordaba su dignidad
ya que en mi infancia había abandonado la casa de mi Padre,

76 de improviso, como los enfrentara,
el vestido me pareció como un espejo de mí mismo,

77 Lo vi todo entero en mí mismo,
y a mí mismo entero en él,

78 puesto que nosotros éramos dos diferentes
y, no obstante, nuevamente uno en una sola forma.

79 Y a los tesoreros igualmente,
quienes me lo traían, los vi en semejante manera,

80 ya que ellos eran dos, aunque como uno,
puesto que sobre ellos estaba grabado un único sello del Rey,

81 quien me restituía
mi tesoro y mi riqueza por medio de ellos,

82 mi luminoso vestido bordado,
que estaba ornado con gloriosos colores,

83 con oro y con berilos,
con rubíes y ágatas

84 y sardónices de variados colores,
también había sido confeccionado en la mansión de lo alto

85 y con diamantes,
habían sido festoneadas sus costuras.

86 Y la imagen del Rey de los reyes
estaba pintada en todo él,

87 y también como los zafiros
rutilaban sus colores.

88 Y nuevamente vi que todo él
se agitaba por el movimiento de mi conocimiento,

89 y como si se preparase a hablar
lo vi.

90 Oí el sonido del canto
que musitaba al descender,

91 diciendo: 'Soy el más dedicado de los servidores
que se han puesto al servicio de mi Padre,

92 y también percibí en mí
que mi estatura crecía conforme a sus trabajos.'

93 Y en sus movimientos reales
se extendió hasta mí,

94 y de las manos de sus portadores
me incitó a tomarlo.

95 Y también mi amor me urgía
para que corriera a su encuentro y lo tomara.

96 y así lo recibí
y con la belleza de sus colores me adorné.

97 Y mi toga de colores brillantes
me envolvió todo entero,

98 y me vestí y ascendí
hacia la puerta del saludo y del homenaje;

99 incliné la cabeza y rendí homenaje
a la Majestad de mi Padre que lo había enviado hacia mí,

100 porque había cumplido sus mandamientos
y él también había cumplido su promesa,

101 y a la puerta de sus príncipes,
me mezclé con sus nobles;

102 pues se regocijó por mí y me recibió,
y fui con él en su reino.

103 Y con la voz de la oración
todos sus siervos le glorifican.

104 Y me prometió que también hacia la puerta
del Rey de los reyes iría con él,

105 y llevando mi obsequio y mi perla
aparecía con él ante nuestro Rey.

Fin del himno que cantó en prisión el apóstol
Judas Tomás.

Fuente: http://www.metalog.org/files/himno-perla.txt

El judaismo. Historia de Israel.




Según el relato bíblico, Dios, a cambio de su fe, prometió a Abraham la tierra de Canaán, futura tierra de Israel, y una progenie numerosa. Así comienza la historia del judaísmo, una religión que aglutina a cerca de trece millones de fieles en la actualidad.

La historia de los judíos en la antigüedad comienza con su desplazamiento desde Ur -en Caldea, a orillas del Golfo Pérsico-, a la Tierra Prometida, en la que se establecen a partir del siglo XIX a.C.

Siguiendo con la Biblia, el nieto de Abraham, Jacob, a quien Dios otorgó un nuevo nombre, Israel, se trasladó a Egipto con sus hijos y sus familias huyendo de la hambruna.

Sus descendientes fueron esclavizados, hasta que Dios los liberó y, guiados por Moisés, abandonaron Egipto, acontecimiento conocido como el Éxodo.

Al llegar al Monte Sinaí, los judíos hicieron un pacto eterno con Dios, quien entregó a Moisés las Tablas de la Ley.

Hacia el año 1200, de nuevo en Canaán, los israelitas se encuentran divididos en doce tribus. La llegada de los filisteos y la presión de los amonitas hace que las tribus se unan en torno a una monarquía, siendo Saúl su primer rey.

Con David, los reinos de Judá e Israel se unen, y el territorio inicial judío se ensancha con nuevas conquistas, entre ellas la de Jerusalén, convertida en capital. Salomón, su sucesor, será un monarca valorado por su sabiduría y por el establecimiento de relaciones con lejanos reinos, como el de Saba.

A la muerte de Salomón el reino se divide en dos estados rivales: Israel, en el norte, y Judá, en el sur.

En el año 722 a.C. Israel será destruido por los asirios. Lo mismo sucederá con Judá en el 586 a.C., asolada por Nabucodonosor, quien destruirá el gran templo de Jerusalén y deportará a Babilonia a los miembros de las clases altas. Las siguientes dos centurias corresponden a la dominación persa, una época de cierta tranquilidad.

La paz termina cuando Alejandro Magno conquista Palestina en el año 333 a.C. Sus sucesores continuaron su política de helenización, imponiendo la cultura griega en sus dominios. Sin embargo, las luchas internas permitirán la entrada de Roma, a partir del año 63 a.C. Al principio, los romanos gobernaron a través de una dinastía judía fundada por Herodes el Grande. Este gobernante se encargará de culminar la reconstrucción del gran Templo de Jerusalén, casi doblando su tamaño y añadiendo nueva y lujosa ornamentación.

En los primeros años de la Era Cristiana, los gobernadores romanos se enfrentaron a frecuentes rebeliones judías, aplastadas a sangre y fuego. En la fortaleza de Massada, en el año 73 d.C., casi mil hombres, mujeres y niños se suicidaron para no rendirse a la X Legión Extranjera Romana.






En el año 63 a.C. los romanos asumen el mando del reino de Judea. Sentida la administración romana como una ocupación militar y una explotación fiscal, en el año 66 d.C. empieza la primera rebelión judía.

Massada, al oeste de Jerusalén, se convertirá en el último foco de resistencia hebrea.
La fortaleza de Massada, en la cima de un risco casi inaccesible, había sido construida por Herodes. La ciudadela contaba con almacenes, cisternas y diversos palacios. Las murallas que circundaban la cima facilitaban la resistencia ante cualquier ataque.

Hacia el año 70 d.C. comenzó el asedio de la X Legión romana y tropas auxiliares, con cerca de 15.000 hombres. Ocho campamentos fueron levantados al pie de la montaña. El fastuoso despliegue romano impedía a los judíos rebeldes entrar o escapar de la montaña.
Los romanos emplearon catapultas y otras máquinas de asedio, castigando a los asediados desde un promontorio cercano. Para subir a la cima, construyeron una rampa de madera y barro, de 200 m de largo. Una vez concluida, los arietes se dispusieron a romper la muralla.
Finalmente en el año 73, cuando el muro defensivo comenzó a ser superado por los atacantes, la situación se tornó desesperada. Tras escalar las murallas, los romanos no hallaron sino cadáveres. Los 960 judíos supervivientes, hombres, mujeres y niños, decidieron incendiar los edificios y almacenes y matarse antes de someterse al enemigo. Sólo hubo siete supervivientes, dos mujeres y cinco niños. Massada, así, pasó a formar parte de los mitos de Tierra Santa y se convirtió en símbolo de la resistencia judía.





La campaña de Adriano, seis décadas después, acabó con las últimas resistencias. Jerusalén y el Templo fueron arrasados, y se prohibió a los hebreos vivir en su territorio.

Comenzó así la Diáspora de los judíos fuera de la Tierra Prometida.

La Diáspora o dispersión, continuada durante siglos, extendió el judaísmo por todos los rincones del mundo, creando sinagogas y escuelas judáicas. En Europa, los judíos encontraron acomodo como comerciantes o prestamistas, pues la usura estaba prohibida para los cristianos. Masacres y expulsiones fueron frecuentes, y los judíos fueron acusados de desastres naturales como la mortífera peste negra de 1348.

Bajo el islam, la situación de los hebreos también fue precaria, aunque en tiempos de tolerancia florecieron como médicos, mercaderes o científicos. En España, en algunos momentos de la Edad Media coexistieron pacíficamente las tres religiones. La sinagoga de Santa María la Blanca, en Toledo, es una de las mejores muestras de la herencia judía.






En época medieval, la comunidad judía hispana se hallaba muy repartida. La judería más importante era la de Toledo. En Andalucía destacaban Sevilla, Córdoba y Jaén. En Extremadura, Cáceres, Plasencia y Badajoz. Existía también otro buen número de juderías, aunque de menor importancia, como las de Gerona, Barcelona, Zaragoza, Pamplona o Burgos. Por último, en Baleares, la judería de Mallorca alcanzó gran esplendor en el siglo XIV. Las relaciones entre los cristianos y los judíos de Castilla habían sido, en el transcurso de los siglos XI al XIII, en lo esencial pacíficas. Pero, en la siguiente centuria, las dificultades económicas contribuyeron a hacer de los judíos un chivo expiatorio de todos los males. También influyó la propaganda demagógica de Enrique de Trastámara, quien, atacando a los judíos, quiso ganarse el favor de la población castellana en su guerra contra Pedro I.

En consecuencia, entre 1348 y 1350 se produjeron disturbios antijudíos en ciudades como Jaca, Solsona, Gerona, Barcelona o Valencia. Pero el punto culminante de ese proceso fueron los violentos ataques a los judíos de Sevilla, acaecidos en junio de 1391. La violencia contra los hebreos se propagó rápidamente por otras localidades: Córdoba, Andújar, Montoro, Jaén, etc.

Continuó después la onda expansiva hacia el norte, produciéndose asesinatos en Madrid, Toledo, Segovia, Sepúlveda o Burgos. En la Corona de Aragón, sufrieron matanzas de judíos las aljamas de Lérida, Gerona, Barcelona, Valencia o Palma. El clima de persecución hizo que muchos judíos abandonaran la Península, dirigiéndose al norte de Africa. Este proceso fue completado durante el reinado de los Reyes Católicos, cuando en 1492 se produjo su expulsión definitiva.





El antisemitismo, el odio hacia los judíos, tuvo su punto culminante en el Holocausto nazi. Entre 1941 y 1945, fueron asesinados dos tercios de los judíos de toda Europa. Pero las aspiraciones hebreas no acabaron con este desastre sin precedentes. Un movimiento judío, el sionismo, propugnaba el regreso a su antigua patria en Palestina.

Finalmente, en 1948 sus deseos cristalizaron con la creación en Palestina del estado de Israel. Desgraciadamente, si por un lado se ponía fin a 1900 años de privación de derechos para los judíos, por otro, pese a los repetidos intentos por lograr la paz, se iniciaba un conflicto aún no solucionado entre árabes e israelíes.





La palabra judaísmo define el conjunto de normas y tradiciones religiosas del pueblo judío. Como religión, el judaísmo integra tres elementos esenciales: Dios, la Torá e Israel. Dios, o Yahvé, estableció una alianza con un pueblo, el de los judíos o Israel, para que éste extendiera su fe. A cambio de la preocupación de Dios por Israel, los judíos tienen la obligación de cumplir las enseñanzas divinas o Torá.

La Torá comprende los cinco primeros libros de la Biblia o Pentateuco. En ellos se recogen los relatos sobre el origen del mundo, los antepasados de Israel, la esclavitud en Egipto y su liberación, la recepción de los mandamientos en el Monte Sinaí y su travesía por el desierto hasta llegar a la Tierra Prometida. El judaísmo no reconoce la divinidad de Jesucristo, al que sólo admite como profeta. Por ello, la Biblia es únicamente el Antiguo Testamento de los cristianos.


La vida cotidiana de las poblaciones está regida por diversos preceptos religiosos. El Sabbath, el día de descanso semanal, es un día festivo en el que está prohibido realizar cualquier actividad que no sea la oración y el reposo. La cocina kosher es la elaborada de acuerdo con las normas religiosas, prohibiendo el consumo de animales considerados impuros, como el cerdo. La circuncisión, a los ocho días de vida, permite a los varones entrar en la comunidad judía y participar de su alianza con Dios. La madurez religiosa de los muchachos se celebra mediante la ceremonia del bar mitzvah, en la que un chico de trece años lee por primera vez un fragmento de la Torá.

La fiesta familiar más importante es la Pascua, que conmemora el Éxodo de Egipto. Celebrada con una abundante comida ritual, en ella se recita la Hagadá, la historia del Éxodo. Muy importantes son también el Yom Kippur -Día de Arrepentimiento o expiación- y la fiesta de Hannukah -Reconsagración-. En ésta última, el acto principal es el encendido de las velas de una pequeña lámpara que recuerda el candelabro de los siete brazos del Templo de Jerusalén.


Actualmente, el mundo judío se divide en tres movimientos principales: el reformista, el conservador y el ortodoxo, citados de menor a mayor grado de apertura. Con todo, pese a la existencia de conflictos internos y tensiones entre Israel y las comunidades de la Diáspora, es posible concluir que el judaísmo es en su conjunto una de las religiones más dinámicas y trascendentes de la actualidad.



Más vídeos en http://es.youtube.com/watch?v=XAM0-Ds7HbQ




dimarts, 20 de gener de 2009

Prisisón de mujeres 1939-1955: una web sobre la memoria histórica de las mujeres durante el franquismo


“Memoria de Las Cortes. Cárcel de mujeres” es una web que integra un contenido exhaustivo con un diseño excelente, aprovechando todos los soportes que nos permite actualmente Internet: testimonios orales, clips de vídeo, copias de los textos oficiales… Incorpora muchose recursos, destacando un conjunto de actividades didácticas elaboradas por HISTORAULA, Asociación de profesorado por la Historia Oral al Aula de Catalunya.

Como dicen los mismos autores de la página, partiendo de la imposibilidad de reconstruir el pasado, intentan construir “una interpretación histórica sobre la existencia de una cárcel de mujeres que ya no existe, pero que marcó miles de vidas” y que ejemplifica la oscura noche del franquismo. Hoy, además, páginas como ésta son necesarias para romper el olvido y recuperar nuestra memoria histórica. Esta página permite que todo el mundo, también nuestro alumnado, pueda acceder al conocimiento de los hechos históricos a partir de testimonios concretos.

La web será presentado por Carlota Falguera i M. Victòria Rubio en las Jornadas Las Fuentes Orales - De la teoría a la práctica. El aula como espacio de la memoria, que tendrán lugar en Tarragona el 13 y el 14 de febrero de 2009. El título del trabajo es “Una web como recurso para la investigación histórica a la enseñanza secundaria“.

URL: http://presodelescorts.org/

Contempla la antigua Roma en 3D

Antigua Roma en 3D es un proyecto que permite ver y explorar la Roma del año 320 d.C., aprender cómo vivían los romanos, pasear por el interior de edificios famosos y visitar hasta 6.700 lugares en 3D cómo el Foro Romano, el Coliseum o el Foro de Julio César. Os sorprenderá todo lo que se puede experimentar desde un teclado.

Antigua Roma en 3D es el resultado de un esfuerzo conjunto entre Google, Roma Reborn Project y Past Perfect Productions.

URL: http://earth.google.es/intl/es_es/rome/



Google Earth



Abre Google Earth y selecciona "Roma antigua en 3D" en la capa "Galería".


En la capa "Roma antigua en 3D" puedes:
  • Volar a la Roma del año 320 d. C.
  • Pasear por el interior de edificios famosos
  • Visitar sitios en 3D como el Foro Romano, el Coliseo y el Foro de Julio César
  • Aprender cómo vivían los romanos


La monarquía romana y ... (vídeos y textos)


VÍDEOS SOBRE LOS ORÍGENES DE ROMA (y su evolución posterior).




Según la leyenda, Roma fue fundada por Rómulo en el año 753 antes de Cristo. Sus sucesores fueron ampliando el área habitada hasta convertirla en la capital de un próspero imperio. Roma contaba con casi un millón de habitantes y un buen número de edificios públicos adornaban sus calles y plazas.

La decadencia imperial provocará el paulatino declive de la ciudad. El cristianismo calará cada vez más entre sus habitantes hasta convertirse en religión oficial del Estado. Las antiguas catacumbas dejan de ser espacios clandestinos y se construyen las primeras iglesias.

A pesar de ser el epicentro del mundo cristiano, Roma continúa su decadencia durante la Edad Media. Poderosos nobles ocupan el poder y se enfrentan entre ellos por dirigir las riendas de la ciudad. Los papas no dudan en huir a Avignon para salvaguardar su seguridad.
Con el regreso de los papas, Roma vuelve a recuperar su esplendor. La construcción de la basílica de San Pedro, de los numerosos palacios cardenalicios y de suntuosas iglesias atraerá a los mejores artistas de país. En estas centurias se estructuran los grandes espacios urbanos, como las plazas Navonna o di Spagna. Roma brilla con más fuerza que en época imperial y ese esplendor se mantiene en nuestros días, a pesar de la sempiterna contaminación y el caos circulatorio que caracteriza a la Ciudad Eterna.













Según la leyenda, Roma fue fundada en el año 753 a.C. por los gemelos Rómulo y Remo, que habían sido amamantados por una loba. Roma se situó a orillas del Tíber, en un punto donde el río se estrecha. Asentada sobre el monte Palatino, era un lugar de paso para rutas comerciales como la Vía Salaria y otras calzadas.

En su origen, Roma fue una aldea de pastores provenientes del los montes Albanos y Sabinos. En algo más de 200 años, los romanos conseguirán liberarse de los etruscos. Poco a poco iniciarán su expansión, primero por la costa del mar Tirreno; más tarde ocupando toda la Italia central y, finalmente, tomando la Magna Grecia.

En la Historia de Roma se distinguen tres grandes periodos: Monarquía, República e Imperio.

La Monarquía se extiende desde el siglo VIII hasta finales del siglo VI a.C. Época de fuerte influencia etrusca, en ella surge el Estado romano y se crea un nuevo sistema político.

En el año 509 a.C. los romanos, libres ya del yugo etrusco, instituyeron la República. En el siglo III, una vez conseguida la unidad de Italia, comienza la expansión del Estado romano por el Mediterráneo, en la que los romanos deberán derrotar a su gran rival, Cartago, en las llamadas guerras púnicas. La primera de ellas, entre los años 264 y 241 a.C., se salda con el paso a manos romanas de las islas de Córcega, Cerdeña y Sicilia.

En la Segunda Guerra Púnica, el cartaginés Aníbal derrotará a los romanos en Tesino, Trebia, Trasimeno y Cannas. En respuesta, Publio Cornelio Escipión partió en dirección a Hispania y venció a los cartagineses en Ilipa. Con la batalla de Zama, en el año 202, Roma vencerá a su principal enemigo, convirtiéndose en la primera potencia del Mediterráneo.

En la Roma republicana, el Foro era el centro de la vida política y pública. Atravesado por la Cloaca Máxima, que vertía sus aguas en el Tíber, cerca se encontraba el templo de Vesta, en el que las sacerdotisas debían mantener el fuego sagrado. En el periodo republicano, además, se construyeron otros importantes templos.

La gran figura de la Roma republicana será Cayo Julio César. En el año 59 a.C. César conquista las Galias, iniciando un periodo de expansión que hará que Roma, a su muerte en el año 44 a.C., controle prácticamente todo el Mediterráneo, desde Hispania hasta Siria. La armada romana, la más poderosa del momento, hace llegar a sus temibles legiones a los puntos más alejados del Mediterráneo. Sus campamentos se establecen en las provincias bajo control y consiguen imponer el poder de Roma por todo el territorio....


Presentación de interés: http://vodpod.com/watch/1275557-etapes-de-la-hist%C3%92ria-de-roma-per%C3%8Dode-de-la-monarquia




La floreciente civilización de los etruscos se desarrolló, en el ámbito de las culturas de la Italia antigua, entre finales de la Edad del Bronce (siglos X-IX a.C.) y el siglo I a.C., cuando se produjo su definitivo sometimiento a Roma.





LA CIVILIZACIÓN ETRUSCA***


Los etruscos fueron un enigmático pueblo cuyo núcleo histórico fue la Toscana
, a la cual dieron su nombre (eran llamados Τυρσηνοί (tyrsenoi) o Τυρρηνοί (tyrrhenoi) por los griegos y tusci o luego etrusci por los romanos; ellos se denominaban a sí mismos rasena o rašna).



"Príncipes etruscos. Entre Oriente y Occidente" desvela algunos de los misterios de la enigmática cultura etrusca a través de importantes objetos que aportan conocimientos sobre su procedencia, el origen de su lengua o su extraordinario desarrollo cultural gracias a los intercambios comerciales.



Recreación de la danza etrusca del Sátiro y la Ménade, sobre pinturas de Tarquinia. Coreograía de Fernando Pardo García y Lucía Martínez, en el IES Río Júcar en 1999, para un Festival de Teatro Clásico de Dto. de Griego. Madrigueras Albacete



Novela de María García Esperón sobre el mito de la Sibila de Cumas. Recrea la historia etrusca proyectando la historia pintada en los frescos de la Tumba Francois, de Vulci. La imagen "still" del video muestra una sección de los frescos en los que un prisionero troyano es degollado. Una figura alada, Vanth, deidad etrusca de la muerte, vela la escena. Frente a ella está Charun, el demonio azul del inframundo.

La historia troyana refleja la contada en los otros frescos de la necrópolis vulciana, que sería la de la fundación de Roma. La imagen del hombre maniatado es Celio Vibenna, un héroe épico etrusco del que poco se sabe. La novela plantea una travesía por la memoria, en el ejercicio platónico del conocer-recordar. Lo espiritual guardado en la urna de la primera imagen se rompe para surcar el hipnótico pasillo trapezoidal -auténticamente el de Cumas- e ir a la fuente del mito. El recurso de romper las imágenes implicaría romper capas de ceguera para poder recordar claramente una historia fundacional.








Hacia el siglo V a.C., una buena parte del norte y centro de Italia está controlada por los etruscos. Al sur de la península, en los litorales costeros, se halla la Magna Grecia, territorio dominado por los griegos, mientras que los cartagineses están asentados en Cerdeña y parte de Sicilia. A finales del siglo siguiente, Roma, apenas un pequeño enclave en territorio etrusco, inicia su expansión. Después de las guerras samnitas, del 343 al 290 a.C., ya controla toda la Italia central, iniciando la ocupación de la Magna Grecia.

Hacia el año 218 a.C., Roma ha conseguido dominar toda la península italiana, Córcega, Cerdeña, Sicilia y parte de la costa de Iliria. Muy poco después, hacia el año 202, el mundo romano se amplía por las costas del sur y este de la península Ibérica, así como por el litoral mediterráneo de Francia.

En el año 100 a.C. Roma controla buena parte del Mediterráneo, fraccionando sus posesiones en provincias. Hispania es dividida en Ulterior y Citerior; la Galia romana se organiza en Narbonense y Cisalpina. Además, se han establecido otras provincias romanas en Africa, Macedonia, Acaya, Asia y Cilicia.

Cuando muera César, en el año 44 a.C., se habrá sumado al mundo romano toda la Galia. También serán provincias romanas el Africa Nova, Cirene y Creta. Por último, se han incorporado las provincias de Bithinia-Pontus, Cilicia, Chipre y Siria.




La consolidación política de Roma está fuertemente ligada a su vocación expansionista, que acabará por convertirla en un gran imperio. En el siglo V antes de Cristo ya se encontraba a la cabeza de una federación de ciudades de su región, el Lacio.

En los siglos siguientes los romanos consiguen vencer a los etruscos, situados en el norte de la península italiana, y federarse con los griegos de la Magna Grecia.

El siguiente objetivo, el control de la navegación por el Mediterráneo, lo obtuvieron tras vencer a los cartagineses en las llamadas Guerras Púnicas, la segunda de las cuales, en el 218 antes de Cristo, tuvo como escenario la península Ibérica y fue el primer episodio de su conquista y conversión en la Hispania romana. Tras la victoria sobre los cartagineses, la península Ibérica se convierte en Hispania, provincia del imperio, pero su conquista será paulatina y no acabará hasta que Augusto, en el año 29 a.C., consiga vencer a los cántabros, último pueblo en someterse.

Al mismo tiempo se la divide, a efectos administrativos, en dos provincias, la Ulterior y la Citerior, cuyos límites se adaptan a las fronteras preexistentes entre las poblaciones locales: iberos, celtíberos y celtas por un lado; turdetanos, lusitanos y celtas meridionales por otro lado; y al norte los cántabros, independientes casi hasta el cambio de era.





El ejército romano se hallaba muy estructurado, aunque su organización cambió con el paso del tiempo. En tiempos de César, la unidad mínima era la centuria, compuesta por 80 hombres y mandada por un centurión. Dos centurias hacían un manípulo; tres manípulos componían una cohorte, con 480 legionarios, y diez cohortes integraban una legión, que, en orden de batalla, formaba en tres filas.

El equipo básico de un legionario se componía de un yelmo, un protector dorsal o cota de malla, un escudo circular o rectangular, una daga, una espada y una lanza arrojadiza.

Al final de la marcha, las legiones levantaban campamentos siempre con el mismo trazado, aunque el tamaño variaba según albergase una cohorte, una legión o un ejército entero. Si el ejército quedaba estacionado durante mucho tiempo, el campamento se convertía en semipermanente o permanente, siendo levantado con materiales más duraderos.

Rodeado por un foso y un muro y de planta rectangular, lo cruzaban dos grandes vías, que daban a su vez a cuatro puertas. Las partes principales eran el praetorium, donde se asentaba el Estado Mayor y el forum, para celebrar las asambleas militares. Las legiones se disponían en hileras paralelas de tiendas, en cuyos extremos se situaba la del centurión.

Los legionarios se incorporaban al ejército, tras un periodo de dura instrucción, para servir durante veinte años. Los campamentos de legionarios, diseminados por el Imperio, aseguraban la protección de las provincias de tan vasto territorio, que abarcaba 60 millones de habitantes.





Con Octavio Augusto, el territorio romano legado por César se incrementa al conquistar la cornisa cantábrica, los Alpes, Retia, Nórico, la Panonia, Mesia, Galacia, Licia y Egipto. Entre los años 14 y 68 de nuestra era, los Julio-Claudios añaden la zona sur de Britania, Mauritania, Siria, Judea, Capadocia, Panfilia y Tracia.

La dinastía Flavia, entre 68 y 96, sólo ampliará el Imperio a los Campos Decumates y la zona central de Britania. Dacia y Arabia serán las incorporaciones de la dinastía Antoniana a lo largo del siglo II, mientras que los Severos tomarán parte de la actual Argelia.
Durante el gobierno de Diocleciano entre los años 293 y 305, se estableció la tetrarquía, sistema por el cual se repartía el imperio entre dos augustos y dos césares. Para Constancio Cloro irá la zona occidental; Maximiano tendrá el territorio de Italia y buena parte del Africa septentrional; Galerio recibe la Europa oriental, mientras que Diocleciano se verá recompensado con los territorios asiáticos y Egipto.

En el año 395 el imperio se divide en diócesis: Hispania, Vienne, Britania, Galia, Italia, Panonia, Dacia, Mesia, Tracia, Asia, el Ponto, Oriente y Africa. Además, las legiones se establecen en su mayoría en las fronteras para evitar las incursiones de los pueblos bárbaros, que no tardarán en producirse.




Roma, la capital del imperio al que dio nombre, la ciudad de los Papas, la Ciudad Eterna, es una de las urbes más atractivas del mundo, considerándose una auténtica ciudad-museo.

El mítico origen de Roma está ligado a Rómulo y Remo y la loba capitolina. El germen de la ciudad lo encontramos en el Palatino. En época imperial esta zona fue ocupada por los palacios de los emperadores. Domiciano fue el promotor de la construcción de una gran mansión, que se mantuvo como sede regia hasta época medieval.

El espacio entre los montes Palatino y Capitolio estaría ocupado por un valle donde se levantó el foro, centro religioso, político y comercial de la antigua Roma. Entre los edificios más interesantes se encuentra la Basílica de Majencio, colosal construcción del siglo IV en la que destacan las espectaculares bóvedas. Del templo de Saturno, construido en el siglo V antes de Cristo, sólo quedan ocho columnas.

La Curia era la sede del Senado; es uno de los edificios mejor conservados. También se conserva en buen estado el arco de Septimio Severo, erigido en el año 203 para conmemorar la victoria del emperador sobre los partos, pueblo del actual Irán.

La Columna Trajana es el monumento más interesante del foro de Trajano, erigida en el año 113 para conmemorar la conquista de la Dacia. En una cinta helicoidal de 200 metros de longitud se narran los hechos más interesantes de las dos campañas que se realizaron para dominar el territorio de la actual Rumanía.

El Coliseo es el gran edificio de espectáculos. Levantado por la familia Flavia en los últimos años del siglo I, el anfiteatro tiene forma elíptica y unas impactantes dimensiones: 188 metros en su lado mayor y 155 en el menor, mientras que la fachada alcanza los 50 metros de altura, dividida en cuatro pisos.

El papel de las termas será crucial en la vida romana. Las termas de Caracalla podían acoger a más de 1.600 bañistas. Se trata de un espectacular edificio, construido entre los años 212 y 216, que ocupaba 11 hectáreas.

Uno de los edificios imperiales más impactantes es el Panteón. Construido por Agripa, Adriano será el responsable de la construcción actual. Se trata de un gran pórtico con ocho columnas adosado a una rotonda de más de 43 metros de diámetro, igual que la altura del edificio...





En el año 27 antes de Cristo Agripa hizo construir un templo en el Campo de Marte dedicado a Augusto. El edificio sufrió bastantes desperfectos en el incendio del año 80, siendo restaurado por Domiciano. Sin embargo, un nuevo incendio en tiempos de Trajano acabó por destruir el edificio. Será Adriano quien ordene la construcción del nuevo templo, conservando en su fachada una inscripción que alude a su fundación por Agripa.

Su nombre vendrá motivado por ser un templo dedicado a distintas divinidades, albergando en los siete nichos del interior otras tantas imágenes de dioses.

Al templo se accede por su lado norte, concretamente por un pórtico de tres hileras de columnas coronado por un frontón. Esta disposición divide el primer espacio interno en tres naves, siendo las de los laterales iguales entre sí y terminadas en sendos ábsides.

La naos tiene planta circular, con casi 44 metros de diámetro. En alzado tiene forma de cilindro que se cubre con una cúpula de las mismas dimensiones que la planta. La cúpula se decora con grandes casetones e iluminada por una amplia claraboya.

La bóveda está formada por una serie de arcos de descarga en su arranque, y el resto es de hormigón recubierto de ladrillo. El peso de la cúpula se concentra en varios puntos lo que permite abrir en los espacios intermedios del muro capillas profundas.




La expansión del mundo romano se basó en una red de miles de ciudades a lo largo del Imperio, que difundieron el modo de vida urbano. Esta reconstrucción ideal de una ciudad nos servirá para describir sus elementos con más detalle.

Todos los núcleos de población importantes estaban protegidos por una muralla, en la que se abrían varias puertas. Muy importante era el foro o plaza pública, un espacio abierto de carácter monumental.

Para garantizar el suministro de agua, los ingenieros romanos construyeron largos acueductos, que la llevaban a la ciudad desde lejanas distancias. Las termas constituyeron uno de los edificios básicos para toda urbe, pues los romanos fueron grandes aficionados a los baños públicos. En ellas, los ciudadanos podían disfrutar en su tiempo de ocio haciendo gimnasia o bien podían hacerse dar un masaje.

La sociedad romana invertía gran parte de su ocio en acudir a espectáculos, que se representaban en teatros, anfiteatros y circos. Los anfiteatros, en los que se celebraban combates de gladiadores, se hacían a veces siguiendo el modelo del Coliseo de Roma, en el que cabían hasta 50.000 espectadores.

Otro edificio importante era el circo. En él se desarrollaban espectáculos como las carreras de cuadrigas. Para ello tenía una pista ovalada, dividida por un muro central adornado con estatuas y trofeos, mientras que a los lados se situaban los graderíos.

Pero en la ciudad romana también existían edificios dedicados al culto, como basílicas o templos. Estos últimos albergaban las múltiples divinidades del panteón romano y, aunque podían ser de varios tipos, se caracterizaban siempre por su simplicidad y equilibrio.

Por último, las ciudades romanas se caracterizaban por su abigarrado conjunto de viviendas, agrupadas en manzanas más o menos regulares. Quienes podían permitírselo, habitaban en casas de una sola planta. Éstas contaban con un atrio o patio central, desde donde se accedía a las principales estancias, algunas decoradas con mosaicos. Si era posible, un patio exterior servía para solaz de sus habitantes.




Los hábitos higiénicos propios del mundo romano generan en las ciudades hispanas la construcción de conjuntos termales públicos. Las termas se organizaban en torno a las clásicas tres piscinas: frigidarium, de agua fría, tepidarium, templada y caldarium, caliente.

Los baños romanos eran populares centros de reunión. En ellos, los habitantes de las ciudades disponían de tiendas, bibliotecas, jardines y palestras, destinadas a los ejercicios gimnásticos.
Los ciudadanos adinerados pasaban allí buena parte de su tiempo, que empleaban en charlar, entretenerse con juegos de mesa, o hacer ejercicios con pesas y balones medicinales. También los pobres asistían a los baños públicos, pues la entrada no resultaba cara, siendo incluso gratuita para los niños. Los ricos eran asistidos por esclavos o por empleados de los baños. En general, los bañistas eran gente ruidosa que cantaba, gritaba o gruñía con los golpes de los masajistas.
El baño romano resultaba todo un ceremonial. Los bañistas pasaban por tres o cuatro clases de baños, según fuera con agua caliente, fría, se realizara en seco o se utilizara vapor. Pasadas estas fases, se volvía al frigidarium, la piscina de agua fría.

En los baños no se utilizaba el jabón. En su lugar los bañistas se untaban la piel con aceite, siendo muy apreciado en todo el Imperio el procedente de Hispania. Pero los baños eran también el lugar favorito para las relaciones sexuales, ofreciendo sus servicios tanto hombres como mujeres.



TEXTOS SOBRE LA MONARQUÍA ROMANA



Los texos proceden de:
http://www.laguia2000.com/edad-antigua/la-monarquia-romana. En caso contrario, se indica la fuente específica.

Corresponde al primer período de la historia de Roma, desde la fundación de la ciudad, el 21 de abril de 753 a. C., hasta la caída del último rey, Tarquino el Soberbio, en el año 509 a. C.

La leyenda rodea el origen de la ciudad de Roma.

Se cuenta que Eneas, rey de Troya, huyó con sus dioses al Lacio, donde se casó con Lavinia. Tuvieron un hijo llamado Ascanio, que fundó la ciudad de Alba Longa.

Luego de sucesivos reyes, asumieron el trono, Numitor y Amulio. Este último destronó a Numitor, e hizo sacerdotisa vestal a su hija Rea Silvia.

La Monarquia romana

Las vestales no podían casarse, pero ella se unió secretamente con el Dios Marte, y de esa unión, nacieron los mellizos, Rómulo y Remo. Por orden de Amulio, ambos niños fueron arrojados al Tiber, se salvaron, siendo amamantados por una loba (Luperca), hasta que el pastor Fáustulo se hizo cargo de ellos hasta que alcanzaran la mayoría de edad. Al conocer Rómulo y Remo cual era su origen retornaron a la ciudad de Alba Longa, mataron a Amulio y restituyeron en el poder, a su abuelo Numitor.





Organización política

La ciudad se organizó mediante la reunión de tres tribus genéticas: Ramnenses, titienses y lúceres, o sea, latinos, sabinos y etruscos.

Las tribus se dividieron en 10 curias, integradas por grupos familiares llamados gens.

La palabra curia, proviene de coviria, que significa, hombre armado con una lanza; por eso los Comicios Curiados, una de las instituciones políticas de este período, era una asamblea de ciudadanos en condiciones de portar armas. Era una asamblea deliberativa del patriciado romano (clase privilegiada en oposición al resto de la población, llamados plebeyos), formada por los miembros de las 30 curias. En época de paz, resolvía problemas cotidianos, y en época de guerra, sus miembros componían el ejército.

Estos comicios curiados eran convocados y presididos, por el más importante funcionario de la Monarquía: el Rey, que también designaba a los miembros del otro organismo del estado, que era el Senado.

El Senado era la asamblea de los patres o ancianos, descendientes de los primeros fundadores de Roma. Primero fueron 100 miembros y luego su número se elevó a 300. Ejercían función consultiva.

El Rey era titular del derecho de guerra y de paz, siendo su cargo electivo, y no hereditario. El Rey saliente era el que nombraba al sucesor, si no lo hubiera designado, ejercían el cargo, por turno, los miembros del Senado, 5 días cada uno, con el título de interrex, con facultad para designar al sucesor del monarca.

La religión

Siendo la religión el eje vertebral de la vida política y social romana, no faltaron instituciones que la representaran.

El Rey fue el supremo sacerdote e intérprete de la voluntad divina, pero además existieron tres organismos destinados a este tema, dentro de los colegios sacerdotales: El Colegio de los Pontífices, el Colegio de los Augures y el Colegio de los Feciales.

El Colegio de los pontífices, era el centro y motor del culto público oficial. Vigilaba el cumplimiento de los preceptos religiosos, castigaba los delitos contra la religión, controlando actos de índole privada pero de interés social, como las adrogaciones (adopción de un pater por otro pater, llamándose pater al jefe familiar, antecedente genético, por vía masculina, vivo, más antiguo), los matrimonios y los testamentos.

El Colegio de los Augures tenía como misión consultar la voluntad de los dioses, cuando se tratara de realizar algún acto trascendental para la vida político-institucional de la ciudad, mediante el examen de los fenómenos de la naturaleza, como la posición de los astros, las entrañas de los animales o el vuelo de las aves.

El Colegio de los Feciales estaba compuesto por 20 miembros, pertenecientes a la más alta aristocracia, ocupándose de la política exterior del estado.

Rómulo

El primer rey fue Rómulo, escogido por los dioses entre él y su hermano Remo. Relata la leyenda que al fundarse Roma, fue delimitado el contorno de la ciudad con la marca dejada por un arado que se levantaba donde estarían las entradas a la ciudad. Remo se burló de esta demarcación y penetró en sus límites por lugares no previstos como acceso. Como respuesta Rómulo lo mató para demostrar que las leyes regían para todos.

Hubo en total siete reyes: Rómulo, Numa Pompilio, Tulio Hostilio, Anco Marcio, Tarquino el Antiguo, Servio Tulio y Tarquino el Soberbio, los cuatro primeros de origen sabino y los tres últimos de origen etrusco.


RÓMULO (753-715 a.c.)

Se podría decir que Rómulo fue el primero de los siete reyes que hubieron en Roma, antes de la instauración de la República.

Rómulo fue uno de los gobernantes más bélicos que hubo, según la tradición encabezó el Rapto de las Sabinas para poder engendrar hijos nacidos de Roma ya que su escasa población era en gran parte masculina. El rapto lo llevó a cabo invitando a gente de otras zonas a las fiestas en honor a Júpiter, cuando acabo la celebración ordenó el rapto de todas las doncellas que encontraran. Fue por este motivo que siempre estuvo en enemistad constante con las poblaciones cercanas .

Rómulo proporcionó las primeras instituciones políticas así mismo dividió la población en dos sectores, por un lado estaban los 100 mejores hombres denominados "patres" que ejercían toda la influencia sobre la población el resto eran únicamente plebe dedicada a las tareas agrarias o de abastecimiento local. Rómulo pasó todo su reinado de conflicto en conflicto, hasta que el senado que él había constituido lo asesinó de una manera brutal.


NUMA POMPILIO (715-673 a.c.)

Si Rómulo fomentó las primeras directrices políticas y un cierto ordenamiento social, Numa Pompilio dedicó sus esfuerzos a establecer los cimientos de la Religión, creando colegios sacerdotales y elaborando el calendario de 12 meses. Se cree que es el constructor del Templo de Saturno (abierto únicamente en período de guerras)

TULO HOSTILIO (672-641a.c.)

Tulo Hostilio, tercer rey de Roma, distó mucho de la actitud de Numa e inició un periodo bélico que llegó a su punto más álgido con la destrucción de Alba, y este es un paso importante ya que Roma se consolidaría como la ciudad más importante del Lacio. Tulo Hostilio después de numerosas batallas, y después de un enfrentamiento entre hombres albaneses y romanos que decidiría quién ganaría la batalla, obligó al rey de Alba a firmar un tratado por el cual se rendía y se comprometía a unirse a Roma, incluyendo las unidades militares. Ello permitió a Tulo Hostilio seguir batallando en mayor número contra otras ciudades e ir ampliando el poder de Roma. Después de un enfrentamiento Tulio asesinó al rey de los albaneses y se dirigió a la ciudad de Alba para aniquilar y saquear a los albaneses. Tulio Hostilio falleció por la caída de un rayo.


ANCO MARCIO (640-617 a.c.)

Anco Marco continuó con las gestas de su predecesor sometiendo el poder de Roma sobre otras ciudades del Lacio en dirección hacia el mar, ello le reportó crecer no sólo geográficamente sino demográficamente, así mismo también se preocupó tal y como había hecho Numa Pompilio (su abuelo) de las instituciones religiosas.


TARQUINIO PRISCO (616-578 a.c.)

Tarquinio Prisco se estableció en Roma durante el reinado de Marcio, Tarquinio era de origen etrusco, siendo comerciante había hecho una gran fortuna y logró ganarse el respeto y la admiración del privilegiado grupo de los acaudalados de Roma, eso le permitió subir al trono. Inició un período importantísimo en la ciudad porque llevó a cabo grandes reformas políticas y urbanísticas, entre otras construyó la Cloaca Máxima que permitió disminuir enfermedades como el paludismo que había hecho estragos en la población. A parte de la Cloaca Máxima se le atribuye la construcción del Circo Máximo de influencia griega (su padre era de origen griego). Tarquinio no dejó de luchar contra otras ciudades del Lacio muy al contrario continuó con las gestas de sus antecesores, mantuvo conflictos militares con el llamado Lacio antiguo, entre ellos con los Sabinos.

Tarquinio además aumentó el número de senadores, en parte por el crecimiento de la población, ya que las victorias militares sobre otras ciudades hacía que Roma se expandiera y reconociera a otros ciudadanos de lugares sometidos como ciudadanos romanos. Tarquinio Prisco murió a manos de los hijos de Anco Marcio.


SERVIO TULIO (577-535 a.c.)

Servio Tulio fue en cierta manera adoptado por Tarquinio Prisco.

Tulio era hijo de una mujer adinerada de la aristocracia Romana. Tarquinio se hizo cargo de él, y éste se casó con la hija de Prisco, asegurándose en cierta manera la sucesión al trono, aunque de hecho fue el propio senado quién aprobó su reinado. Servio Tulio censó por primera vez la población Romana e instauró un sistema de divisiones según el patrimonio de la población, estableciendo unas obligaciones militares. Servio Tulio además se cree que fue el artífice de la construcción de la primera muralla de protección para la ciudad.

TARQUINIO EL SOBERBIO (534-509 a.c.)

La denominación de "el Soberbio" es porque se cree que hizo un reinado tiránico y cruel, comenzando con el asesinato de Servio Tulio. El senado no aprobaba su regencia debido a los numerosos conflictos que se establecían entre el Rey y el Senado, el rey omitía expresamente cualquier resolución que el senado aplicara. Fue por ello que el propio senado ordenó su exilio, hizo intentos por iniciar revueltas contra Roma pero la República ya era un hecho consumado. Tarquinio el Soberbio fue el último de los Reyes de Roma.



Fuente: http://www.atenea-nike.com/pagina_13.html





AMPLIACIÓN

1. RÓMULO

La tradición atribuye a Rómulo (771-717 a.C.) y Remo (771-753 a.C.) la fundación de Roma el día 21 de abril del año 753 a.C. No obstante, la arqueología ha ido aportando pruebas de que la ciudad es posterior en el tiempo y producto de un proceso gradual de integración de núcleos de población situados en las siete colinas que rodean la ciudad.

Toda la veracidad histórica acerca de las figuras de Rómulo y su hermano Remo está condicionada al valor que se le quiera otorgar a las fuentes clásicas que recogieron las leyendas acerca del origen de Roma y el origen y vida de sus fundadores.

Curiosamente hay elementos en los orígenes de los hermanos Rómulo y Remo que son similares al del bíblico Moisés y al rey de Akkad Sargón. Esto es: todos ellos fueron abandonados al nacer en una cesta en el curso de un río para que murieran arrastrados por la corriente. Un acto milagroso, sin embargo, los salva de su fatal destino y con los años se convierten en reyes, libertadores y fundadores de sus respectivos pueblos.

Cuenta la leyenda, que con el paso de los siglos fue adornada hasta el punto de establecer un linaje entre la madre de Rómulo y Remo y el héroe de la guerra de Troya Eneas, que Numitor rey de Alba Longa fue destronado por su hermano Amulio. Para evitar que pudieran reclamarle el trono exterminó a todos los hijos de Numitor excepto a Rea Silvia, la única hija, a la que hizo convertir en vestal para de este modo conservar su virginidad y no pudiera dejar descendencia.

Pero el dios Marte dejó encinta a Rea Silvia lo que provocó que Amulio, al percatarse, decidiera dejar nacer a los gemelos Rómulo y Remo para después abandonarlos en una cesta junto al río Tíber. La cesta embarrancó y una loba, Luperca, los salvó y amamantó hasta que el pastor Fáustulo se hizo cargo de ellos hasta que alcanzaran la mayoría de edad. Al conocer Rómulo y Remo cual era su origen retornaron a la ciudad de Alba Longa y mataron a Amulio.

Los hermanos Rómulo y Remo decidieron fundar una ciudad en el lugar en el que años atrás se había detenido la cesta que los llevaba hacia la muerte. Rómulo con un arado trazó el pomerium de la ciudad en el monte Palatino, sólo levantándolo donde se ubicarían las puertas, y afirmando que cualquiera que traspasara el límite trazado sería castigado con la muerte. Remo en desacuerdo con su hermano y a modo de burla saltó la línea divisoria de la ciudad provocando la ira de Rómulo que ante el sacrilegio perpetrado mató a su hermano.

De este modo Rómulo fue el primer rey de Roma entre los años 753 a.C. y el 716 a.C. La tradición le atribuye diversos actos fundamentales durante su largo reinado. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que las fuentes clásicas consideran que la aparición de determinadas instituciones se crean en un momento concreto. No obstante, hay que recalcar que al igual que la ciudad de Roma fue producto de un proceso lento y complejo, en las instituciones que veremos a continuación sucede aproximadamente lo mismo.

Entre las contribuciones de Rómulo están: el haber poblado la ciudad mediante la invitación de exiliados, criminales y esclavos para que se instalaran en la nueva ciudad, situándose en las diversas colinas de la urbe. Ante la ausencia de mujeres, Rómulo invitó a las tribus sabinas de los alrededores a un festival religioso con el objetivo de raptar a las mujeres y hacerlas esposas en la nueva ciudad. El conflicto derivado del “Rapto de las sabinas” fue una guerra que terminó con la unión de los sabinos y los romanos y el establecimiento de una diarquía entre ambos grupos.


El Rapto de las Sabinas

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El rapto de las sabinas, 1799, Jacques-Louis David (1748-1825)

Cuando Rómulo terminó de fundar la ciudad de Roma, con la finalidad de poblarla rápidamente, invitó a que se instalara toda clase de gente, aduciendo que era la mejor ciudad para vivir en libertad.

A pesar que la mayoría de los habitantes no eran muy recomendables, Rómulo estaba feliz.

Designó a cien hombres “Padres de la Patria” o Patricios para asegurar el orden y la seguridad de esta nueva ciudad. Pero el problema más grave que tenían era la falta de mujeres. Si no las conseguían rápidamente, el futuro de la ciudad estaba destinado al fracaso.

Luego de muchas reuniones donde analizaron todas las posibilidades, los Senadores creyeron que lo mejor sería visitar a los pueblos vecinos para explicarles sus intenciones. Ninguno acepto la oferta de los romanos, porque como ya sabemos los habitantes de Roma dejaban mucho que desear y ningún padre quería entregar a sus hijas a ese tipo de gente.

Los romanos se sintieron agraviados ante la negativa, pero Rómulo los calmó cuando les dió a conocer un nuevo plan.

Cuando llegó la fiesta del dios Consus, Rómulo organizó unas grandiosas carreras de caballos invitando a las poblaciones vecinas. Roma se llenó de visitantes para la fiesta ya que llegaban familias enteras para celebrar el gran acontecimiento.

En aquel entonces, los vecinos más numerosos y poderosos de la región eran los sabinos y eran los que en mayor número se habían presentado para honrar al dios Consus.

Cuando todos los visitantes se hallaban entretenidos participando de las competencias, los hombres de Rómulo raptaron a todas las muchachas que encontraron y las escondieron.

Los vecinos se enfurecieron y solo pensaban en vengarse de los romanos.

Las Sabinas secuestradas estaban muy asustadas ya que no conocían los planes de los romanos. Pronto, Rómulo se presentó ante ellas para calmarlas diciendo:-No deben tener miedo. Nada malo les ocurrirá. Solo deseamos que conozcan a los ciudadanos romanos, se enamoren, se casen y tengan muchos niños para que la ciudad de Roma crezca y sea próspera.

Los ciudadanos romanos se mostraron atentos y cariñosos con las jóvenes y ellas pronto accedieron formar nuevos hogares.

Las poblaciones vecinas no podían perdonar a los romanos por haber quedado sin hijas y para rescatarlas eligieron a Tito Lacio, rey de los sabinos.

Como en esos tiempos, las mujeres estaban consideradas como una clase inferior, Tito Lacio pensó que no valía la pena derramar sangre por unas cuantas mujeres.

Otras poblaciones vecinas buscando vengarse atacaron Roma, pero los romanos supieron defenderse y ganaron todas las batallas. Rómulo se mostró comprensivo con sus atacantes y, en lugar de hacerlos prisioneros, los perdonó así formaron un pueblo unido.

Al ver que el poderío de Roma avanzaba sobre los otros pueblos, Tito Lacio cayó en la cuenta de que si no hacía algo pronto para atacar a Roma, los sabinos terminarían bajo el dominio romano y comenzó a trazar un plan de ataque.

Mientras estudiaba cuidadosamente acerca de la manera de atravesar la muralla de Roma, vio a una joven muchacha que salía de las puertas de la ciudad para llenar su cántaro con agua. Esa joven se llamaba Tarpeya y era hija del alcalde de la ciudad.

A Tarpeya le apasionaban las joyas de oro. Cuando vio al grupo de sabinos con sus relucientes brazaletes quedó deslumbrada y les preguntó:- Dime, ¿Esos brazaletes que llevas en tus muñecas, son de oro?

Tito Lacio respondió:- Son de oro puro y tú puedes tenerlos esta misma noche, si quieres.

-Dime que debo hacer- Respondió Tarpeya .

-Solo debes descorrer los cerrojos de esta puerta a medianoche y todos estos brazaletes serán tuyos.-le confió Tito Lacio.

A la hora señalada, Tarpeya corrió los cerrojos y luego fue ante los sabinos a reclamar su recompensa.

-¿ Tu quieres nuestros brazaletes?! Pues aquí los tienes!-y la golpearon duramente hasta matarla.

Luego la arrojaron desde una roca, que desde entonces se llama Tarpeya.

Nadie esperaba ese sorpresivo ataque, y mucho menos Rómulo que dormía placidamente. Pero el dios Juno, defensor de las puertas de la ciudad, hizo brotar ante los sabinos una fuente de calor y por unos momentos tuvieron que retroceder su ataque.

Los romanos trataron de defenderse ante una nueva embestida sabina. Rómulo, desesperado le prometió al dios de los dioses erigirle un templo en el lugar exacto en que ganasen la batalla y luego volvió a arengar a sus hombres con una nueva esperanza y el combate que parecía perdido volvió a equilibrarse.

Los sabinos estaban al mando de Mecio Curcio, un charlatán que alardeaba constantemente acerca de lo que haría una vez que traspasara las puertas de Roma. Pero su caballo se encabritó y corrió hacia un pantano fuera de control y se ahogó. Mecio Curcio se salvó de la muerte pero no del susto y huyó despavorido del combate.

Cuando la lucha se inclinó a favor de los romanos, las sabinas, tomaron a sus hijos de la mano y se interpusieron entre ambos bandos.

Todos los que combatían eran o hermanos o padres o esposos de ellas, y les pidieron por favor que no pelearan más, ya que no deseaban quedarse ni huérfanas ni viudas.

Esto terminó con todas las guerras. Rómulo y los sabinos firmaron una alianza que los unió para siempre. Tito Lacio gobernó juntamente con Rómulo hasta que falleció, y luego Rómulo fue el rey de romanos y sabinos.


Dividió a la población en clases: Padres y Plebeyos y en treinta curias.

Además formó con los más vigorosos miembros de la población las legiones romanas.

Creó el senado formado por cien de los más nobles hombres que habitaban la ciudad, los padres, de los cuales descenderán los posteriores patricios.

Su muerte está envuelta en un halo mítico. Se considera el 717 a.C. la fecha de su fallecimiento en una tormenta en la cual el dios Marte lo llevó a los cielos arrebatándoselo a los mortales. Rómulo fue divinizado y venerado bajo el nombre de Quirino y tuvo una festividad como homenaje anual cada 17 de febrero.






2. NUMA POMPILIO

Numa Pompilio acepta ser rey

Numa Pompilio fue el segundo rey de la ciudad de Roma accediendo al trono después del interregnum propiciado por la muerte de Rómulo. El interregnum era el intervalo de tiempo en el que se decidía quien sería escogido como nuevo monarca. En relación al fallecimiento de Rómulo se baraja una teoría más lógica y coherente que la versión mítica que afirmaba que éste ascendió a los cielos de la mano de su padre el dios Marte. En realidad lo más probable es que fuera asesinado mediante una conspiración de senadores.

Las informaciones de las que disponemos para conocer la vida y reinado de Numa Pompilio proceden principalmente del historiador griego Plutarco. Su reinado abarcó desde el año 715 a.C. hasta el año 672 a.C. disfrutando de una larga vida en la que sobrepasó los 80 años de edad.

Posiblemente era originario de la ciudad sabina de Cures y las noticias proporcionadas por las fuentes lo retratan como un hombre comedido, amante de la paz, se apunta que fomentó las buenas relaciones con las otras ciudades del Lazio, y especialmente se reveló como un hombre culto y sabio.

Su vida también está adornada con anécdotas inverosímiles en las que se le suponían poderes mágicos hasta el extremo de ser capaz de producir descargas eléctricas como el dios Júpiter o hacer aparecer objetos de la nada.

Su aportación a la historia de Roma fue extraordinariamente importante, si nos atenemos a la tradicióm, puesto que creó instituciones que se prolongarían más allá de la etapa monárquica llegando hasta el período Republicano y el Imperio.

Según el historiador griego Plutarco fundó los gremios o corporaciones de artesanos, institución eminentemente urbana, en las cuales se encuadraban los trabajos destinados a ser realizados por la plebe. Los gremios eran ocho: Alfareros, flautistas, broncistas, orífices, curtidores, carpinteros, zapateros y tintoreros.

Institucionalizó un nuevo calendario añadiendo los meses de enero y febrero al antiguo y dejando el número de divisiones del año en doce.

También incluyó la dualidad de los días en fastos, si éstos eran afortunados, o bien nefastos si eran días considerados propicios para la mala suerte.

No obstante, su gran aportación a la historia de la ciudad se verá plasmada en el ámbito religioso.
Se dice que edificó el templo dedicado al dios Jano, dios de las puertas, y que era representado en forma bifronte. En este templo se daba la circunstancia de que cuando las puertas estaban abiertas Roma estaba inmersa en un conflicto bélico, pero cuando por el contrario estaban cerradas, lo que sucedió durante todo el reinado de Numa Pompilio, es que se estaba en paz con otros pueblos.

Organizó la religión romana tanto en el terreno público como en el privado.

Creo los colegios sacerdotales llamados: Flamines, Salios, Feciales, Augures y Vestales.

Instituyó el cargo de Pontífice que era el grado más alto del sacerdocio y sus miembros se escogían de entre los senadores. Las funciones principales eran impartir justicia en los procesos religiosos y dictar leyes sobre el culto.

Numa Pompilio estuvo casado con Tacia, hija del rey sabino Tito Tacio, de la cual tuvo una hija llamada Pompilia. A la muerte del rey de Roma, a avanzada edad y en paz y tranquilidad fue sucedió por Tulio Hostilio.





3. TULIO HOSTILIO

Tulio Hostilio fue el tercer rey de la monarquía de Roma. Gobernó la ciudad entre los años 673 a.C. y 641 a.C. Los principales acontecimientos de su reinado vienen descritos en la obra del historiador romano Tito Livio (Ab urbe Condita).

Como era tradición el rey fue escogido en el interregnum, período de un año que se iniciaba con la muerte de un rey y finalizaba con la elección de su sucesor. A diferencia del anterior monarca Numa Pompilio, que según las fuentes era un rey pacífico y culto, en el caso de Tulio Hostilio encontramos un rey contrapuesto y se nos retrata como violento, ambicioso y fuertemente supersticioso.

Básicamente la información que nos han dejado las fuentes clásicas en torno a Tulio Hostilio resaltan las ansias bélicas del monarca y su lucha por obtener la hegemonía sobre algunas ciudades del Lazio.

Como medida previa para dotarse de una fuerza militar efectiva, Hostilio volvió a instaurar la escolta personal de los céleres, que existía desde la época de Rómulo, pero que fue abolida por el pacífico Numa Pompilio y nuevamente con Tulio Hostilio llegó a ser la fuerza de combate principal de la monarquía. Con Tulio este cuerpo de elite empezó a recibir un salario y a desempeñar sus funciones como caballería y guardia personal del rey.

A diferencia de Numa Pompilio intentó imponer una relativa hegemonía sobre otras ciudades del Lazio. En particular las fuentes nos informan que pretendía hacerse con el control de la más importante ciudad: Alba Longa, gobernada por el rey Cayo Cluilio. Sin embargo la guerra no fue declarada para que se enfrentaran los ejércitos de ambas ciudades que estaban unidas por lazos culturales, religiosos, familiares, históricos etc. sino que los reyes de ambas urbes pactaron un combate entre dos grupos de hermanos: por un lado tres hermanos romanos de la familia de los Horacios, y por otro lado tres hermanos albanos de la familia de los Curiacios. La victoria se decantó, después de varias vicisitudes, hacia el bando de los Horacios y la ciudad de Alba se sometió a Roma en base a lo acordado.


Los Horacios


Los Romanos estaban en guerra contra los albanos. En esta guerra ocurrió un hecho que perduró en las mentes de los Romanos durante mucho tiempo.

Por casualidad, en los dos ejércitos había trillizos que tenían una edad y una complexión semejante. Por eso se pusieron de acuerdo en que, en vez de luchar los dos ejércitos, se enfrentasen sólo los trillizos romanos contra los trillizos albanos. De esa manera se economizarían vidas y energías.

Establecieron previamente las reglas de la pelea:

"El pueblo cuyos trillizos vencieran mandaría sobre el otro, que se convertiría en su esclavo".

Todos lo aceptaron, y ambos grupos de trillizos se dirigieron al campo de combate. Los dos ejércitos y los dos pueblos se colocaron a lo largo del espacio, uno a cada lado. Los trillizos romanos eran los Horacios y los albanos, los Curiacios, aunque, según dice Tito Livio, no está del todo claro esto, a pesar de ser un acontecimiento muy importante de la historia romana. Pero se admite comúnmente que los Horacios son los romanos y los Curiacios los albanos.

Cuando se dio la señal, tanto los Horacios como los Curiacios corrieron hacia sus adversarios con tanta fuerza como dos ejércitos. El pensamiento de los dos grupos de jóvenes no estaba en el peligro que corrían, sino en lo que iba a ser de su patria y que estaba en sus manos: iban a ser los dominadores, si vencían o los esclavos si eran vencidos.

En el primer encuentro cayeron heridos de muerte dos de los Horacios mientras que el tercero estaba ileso. Los Curiacios, por su parte, estaban los tres heridos, pero de distinta gravedad.

El ejército y el pueblo albano levantó un grito de alegría en cuanto se desvaneció el polvo producido por el primer ataque. El ejército y el pueblo romano quedó absorto por la preocupación: ya se veían sometidos a la esclavitud por los Albanos.

Combate entre Horacios y Curiacios (N. Poussin)

El Horacio que quedaba vivo valoró rápidamente la situación. Vio que los tres Curiacios estaban heridos, pero que si trataba de luchar con los tres al mismo tiempo, llevaba las de perder. Entonces echó a correr como si huyera. De esa manera los Curiacios le perseguirían, pero cada uno según sus fuerzas, y serían tres combates de uno contra uno, no un combate de uno contra tres.

Efectivamente, cuando los Curiacios comenzaron la persecución, se vio claramente que uno, el menos herido, se adelantaba a sus hermanos, pero no podía alcanzar al Horacio. Éste también se percató de ello, se paró y esperó a que llegara. No le dio tiempo a descansar, ya que según llegaba le asestó un golpe mortal.

El ejército romano vio cómo de repente cambiaba la situación, una situación desesperada, y se ponía francamente a su favor.

El Horacio esperó al segundo Curiacio, que llegó en seguida, y, animado por su ejército y por su pueblo que ya veían ganado el combate, lo mató.

La pelea estaba igualada, pero no vamos a comparar ni las fuerzas ni los ánimos de uno y otro. El Horacio acababa de vencer en dos combates y estaba del todo ileso. El Curiacio había visto cómo habían caído sus dos hermanos y además estaba muy herido, de manera que su ánimo era el de un perdedor. Había llegado a duras penas hasta donde se encontraban los cadáveres de sus hermanos. El Horacio le estaba esperando:

- "Llega hasta donde yo estoy, que te voy a matar, de la misma forma que he matado a tus dos hermanos".

La muchedumbre romana vitoreaba al romano mientras éste clavaba la espada en el cuello del albano; y seguía vitoreando mientras el vencedor despojaba de sus armas y vestidos a los tres vencidos. Había conseguido una victoria muy importante para su pueblo. Los Albanos, por su parte, se habían convertidos en sus esclavos.

Formaron un cortejo y se dirigieron a Roma aclamando al vencedor, llenos de júbilo, tanto por la victoria como por la manera como se había producido.

El vencedor se había puesto sobre su armadura la túnica de uno de los vencidos. Al llegar a la ciudad alió a recibirlo su hermana, que estaba prometida a uno de los tres albanos muertos, y, cuando reconoció la túnica de su novio que ella misma había tejido, comenzó a sollozar, a mesarse el cabello y a desgarrarse las vestiduras.

El Horacio vencedor, que esperaba alegría y felicitaciones, se encontró con que su propia hermana se entristecía y sollozaba por su victoria. Desenvainó su espada, teñida todavía con la sangre de los muertos, y mató a su hermana, diciendo estas feroces palabras:

- "¡Vete de aquí a estar con tu novio! ¡Mira que olvidarte de tus hermanos muertos y del que vive que ha salvado a tu pueblo de la esclavitud...! ¡Así morirá todo aquél que se entristezca por la victoria romana y llore por los enemigos vencidos!"




Juramento de los Horacios, 1784

El juramento de los Horacios, 1784, Jacques-Louis David (1748-1825)

Juramento de los Horacios, cuadro pintado entre 1784 y 1785 por Jacques-Louis David.

Realizado por encargo de Luis XVI, que deseaba una obra noble y moral, el Juramento de los Horacios (óleo sobre lienzo, 330 × 425 cm, Museo del Louvre, París) evoca el episodio de Décadas de Tito Livio donde los tres Horacios, defensores de Roma, combaten contra los tres Curiacios, defensores de Alba, para poner fin a la guerra entre estas dos ciudades. El cuadro está inspirado en la tragedia de Corneille y representa el momento en el que los hermanos prestan juramento de vencer o morir ante su padre. A la derecha, las mujeres lloran la lucha fratricida (Sabina, esposa de Horacio, es hermana de los Curiacios y Camila, hermana de los Horacios, es la prometida de uno de los Curiacios).

Hostilio tuvo que hacer frente a los ataques de algunas ciudades etruscas como Veyes o latinas como Fidenas. Cuentan las fuentes clásicas que el rey pidió ayuda a la ciudad de Alba Longa para repeler los ataques etruscos. Sin embargo, el nuevo rey albano Mecio Fufecio prefirió no intervenir en la batalla. Al conseguir las tropas de Tulio Hostilio la victoria sobre las ciudades etruscas sin la ayuda de las tropas albanas, Mecio Fufecio fue acusado de traición y descuartizado por orden del rey romano mediante dos caballos corriendo en direcciones opuestas. Como represalia Roma destruyó la ciudad de Alba Longa dejando sólo en pie los edificios religiosos, no sin antes haber acogido antes a sus habitantes en la ciudad donde obtuvieron el derecho de ciudadanos romanos y se otorgó el cargo de senadores a los albanos más importantes.

Como sucede en el caso de Rómulo su muerte también está envuelta en la leyenda. Se cuenta que Júpiter enojado por las continuas campañas bélicas de Tulio Hostilio lo mató lanzándole un rayo. Pero el historiador Tito Livio se decanta por una conspiración, algo más creíble ciertamente, de algunos patricios descontentos con su mandato.

A su muerte fue sucedido por Anco Marcio.









4. ANCO MARCIO


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Anco Marcio, fue según la tradición, el cuarto rey de los siete que gobernaron Roma en el período monárquico que se extiende entre la fundación de la ciudad por Rómulo en el 753 a.C.509 a.C. Pasado el tradicional interregno es escogido como monarca y confirmado por el senado. Su reinado se extiende desde el año 642 a.C. hasta el 617 a.C. y gobierna un total de 25 años. De origen sabino era nieto del segundo rey de Roma Numa Pompilio y la historiografía romana en época imperial le otorgaba un papel capital en el crecimiento y expansión de la ciudad de Roma. hasta la llegada de la República en el

Pese a la problemática que existe en torno a la veracidad histórica de los reyes de Roma y sus contribuciones al desarrollo de la ciudad, en el caso de Anco Marcio la arqueología parece en cierto modo verificar lo afirmado por las fuentes clásicas en concreto por el historiador romano Tito Livio.

Hay un fenómeno particularmente importante durante su reinado: El notable crecimiento demográfico de la ciudad en los años de su gobierno que se vio favorecido por dos fenómenos muy importantes.

En primer lugar la expansión territorial y el control que ejerció sobre otras comunidades lo cual facilitó que una importante masa de población, imposible de cuantificar, entrara a formar parte de la vida romana.

En alianza con los etruscos combatió contra los sabinos, latinos y a la ciudad de Veyes y se hizo con el control de las importantes urbes de Politorio, Telene, Ficana y Medulia. Los elementos de las poblaciones sometidas por Anco Marcio obtuvieron la ciudadanía de Roma y se dice que fueron ubicados en el monte Aventino.

En segundo lugar no es desdeñable la progresiva importancia que va adquiriendo la ciudad en la zona del Lacio en el terreno económico en particular lo que contribuye a la progresiva entrada de habitantes procedentes de otras regiones. La leyenda de la llegada a la ciudad del etrusco Tarquinio Prisco, que llegó a ser instructor de los hijos de Anco Marcio y después rey de Roma, y alguna inscripción griega como la tumba del Esquilmo son indicios de esta realidad.

Según las fuentes clásicas destacó también en el ámbito de las obras públicas: Construyó la ciudad portuaria de Ostia, que sería el embrión del futuro comercio con las colonias griegas de Sicilia y con la ciudad de Cartago. Construyó sobre el Tíber un puente de madera (pons sublicius), inició la explotación comercial de las salinas junto al puerto de Ostia y construyó una cárcel en medio de la ciudad cerca del foro. Además fortifico la colina del Janículo como medida estratégica.

En la esfera religiosa se establecen paralelismos entre Mancio y su abuelo Numa Pompilio. Se le atribuye el redactado de fórmulas para las ceremonias religiosas de los pontífices.

Fue sucedido en el trono por Lucio Tarquinio Prisco. Anco Mancio fue el último rey sabino de Roma y en lo sucesivo serían tres reyes etruscos quienes se harían con el trono de la ciudad antes de la caída de la monarquía y el establecimiento de la República en el año 509 a.C. Respecto a su sucesor se tejió una leyenda alrededor de Tarquinio Prisco donde se mezclan en partes iguales oportunismo, astucia y maquiavelismo por parte del monarca etrusco.

El último rey, Tarquino el Soberbio, fue un tirano, que originó un levantamiento de la nobleza, a la que apoyaron las clases populares, dando fin a la Monarquía y comenzando otro período histórico: la República, en el año 509 a.C.







5. TARQUNIO EL ANTIGUO

Imagen de una parte de la Cloaca Maxima


Lucio Tarquino Prisco, conocido también como Tarquino el Antiguo o Lucumón en sus orígenes, es el quinto rey de Roma y el primero de origen etrusco. Subió al trono en el año 616 a.C. y perduró hasta el 578 a.C. reinando un total de treinta y ocho años. Una tendencia historiográfica más científica y sustentada en las pruebas que proporciona la arqueología lo reconoce como el auténtico fundador de la ciudad de Roma en lugar del mítico rey Rómulo y sus primeros sucesores, los cuales son considerados personajes de dudosa historicidad para esta tendencia.

Su padre, Demaratatos, era un exiliado de origen griego de la ciudad de Corinto que se estableció en la ciudad etrusca de Tarquinia, de ahí su nombre posterior. De buena familia su matrimonio con la etrusca Tanaquil no hizo más que aumentar sus bienes y convertirlo en un hombre poderoso y cercano a los centros de poder a su llegada a Roma.

Cuenta la leyenda que una vez llegado a Roma junto a su mujer Tanaquil, paseaban por el Janículo cuando un águila descendió del cielo y le quitó el sombrero para al poco tiempo volvérselo a poner en su cabeza. Su mujer Tanaquil familiarizada con la interpretación de signos premonitorios le auguró un futuro lleno de privilegios y de grandezas.

En Roma se cambió el nombre por el de Tarquino Prisco y su riquezas e influencia hicieron, pese a ser extranjero, que llegara a convertirse en tutor de los hijos del rey Anco Marcio.
Ganada la confianza de una buena parte de la nobleza y del propio rey esperó a la muerte de éste para urdir la trama que lo convertiría en el quinto monarca de Roma.

Se dice que a la Muerte de Anco Marcio, Tarquino Prisco se mostró favorable a que se convocasen con la mayor celeridad posible los comicios y se designara un rey. Un tiempo antes de la reunión se encargó de alejar a los hijos de Anco Marcio de la ciudad de Roma con el pretexto de una cacería. De este modo pudo reclamar para sí mismo el derecho al trono convenciendo a los ciudadanos de la ciudad de su idoneidad.

En el terreno militar y de las conquistas territoriales se puede considerar a Tarquino Prisco un digno sucesor de Anco Marcio. Se enfrentó a los latinos y tomó la ciudad de Apiola en el Lacio. Se cuenta que con el botín obtenido celebró unos grandes juegos (ludi romani) para conmemorar el triunfo obtenido.

Motivado por algunos combates con los sabinos que pusieron en aprietos a su ejército decidió añadir nuevas centurias de caballería a las que en su momento había establecido Rómulo. Embarcándose en nuevos conflictos abatió el poderío de los sabinos y conquistó numerosas plazas dominadas por los latinos: Nomento, Ameriola, Cornículo, Crustumerio, Medulia y Cameria.

Otro aspecto digno de mención de su largo reinado fue la importancia que otorgó a la realización de obras urbanas: Construyó el Circo Máximo donde se realizarían carreras de carros de caballos (quadriga), la red de alcantarillado (cloaca maxima) propiciado por la necesidad de dar salida a las aguas pantanosas, el templo de Júpiter en el Capitolio y la desecación de la zona del foro.

Murió asesinado por dos pastores escogidos por los dos hijos de Anco Marcio como venganza a la infamia que Tarquino el Antiguo había promovido para alejarlos del trono. Fue sustituido por Servio Tulio también de origen etrusco el cual su nominación como rey estuvo envuelta en la leyenda y en los presuntos presagios que le acompañaron desde su infancia.









6. SERVIO TULIO

La Roma de Servio TulioLos tres últimos reyes de Roma, se apoyaron más en el consenso popular, tratando de atraer el sector de los plebeyos, desde siempre marginados de los asuntos públicos, fomentando las artes y la política exterior. A la muerte del rey Anco Marcio, le sucedió, entre los años 616 y 579 a. C, el etrusco, Tarquino I, o Tarquino el Antiguo o Tarquino Prisco que transformó la urbanística romana. Luego de una revolución en palacio, en la que el rey Tarquino I, fue asesinado, asumió Servio Tulio, de incierto origen.

Entre sus más destacadas reformas, se cuenta la distribución de la población según su fortuna, que quedaba registrada en el censo, y servía para armar las legiones.

El censo también fue una creación de Servio Tulio, y debía efectuarse cada cinco años. Cada jefe de familia poseía un capítulo asignado, y debía concurrir obligatoriamente, declarando bajo juramento sus bienes y el número de miembros de su familia. Los hijos menores de 17 años figuraban solo por el número, y los esclavos con su correspondiente valor. De acuerdo a ello era la participación en las nuevas asambleas populares, denominadas, comicios centuriados, o comitia centuriata. Aquellos que carecían de bienes, eran los proletarios (proletarii) siendo su única posesión sus descendientes (prole) sin tener derecho a integrar el ejército, y eximiéndolos de pagar tributos. Los que sí poseían bienes, eran los adsidui.

El censo poseía una triple utilidad: para determinar las cargas impositivas, las bases para sufragar y para integrar el ejército.

Respecto al sufragio

Las curias y las antiguas tribus, basadas en el vínculo de sangre, donde cada curia, en un total de 30, participaba con un voto, también dejaron de tener vigencia, limitándose los comicios curiados a decidir en cuestiones de adrogaciones y testamentos. Con la nueva organización, al distribuirse los ciudadanos, en nuevas tribus, de acuerdo a su residencia, muchos que no integraban las curias y algunos inmigrantes adquirieron derecho de voto. Las tribus se dividían en urbanas, en número de cuatro (Suburana, Palatina, Esquilina y Collina) y rurales o rústicas, que en su inicio fueron diecisiete. El mayor número de tribus rurales, restó a las ciudades su situación privilegiada en el ámbito político.

En este período ya aparece clara la distinción social entre patricios y plebeyos. Los primeros eran los descendientes de los fundadores de Roma y por lo tanto, los que integraban las curias, careciendo los plebeyos en los comicios curiados de derecho a voto. Por eso, los comicios por centurias significaron para los plebeyos ricos, un comienzo de equiparación en sus derechos, adquiriendo la ciudadanía.

Los comicios centuriados se reunían en el Campo de Marte, luego de ser convocados por el monarca, desapareciendo la base religiosa. Las decisiones de los comicios, donde cada centuria tenía un voto, debía ser ratificada por el Senado. Las decisiones en la práctica la decidían las primeras clases, el resto muy pocas veces llegó a ser consultada.

Respecto a la participación militar

Se estima que cada centuria estaba conformada por 100 hombres, y que existirían 18 centurias de caballería (los caballeros o equites) seis de patricios y doce de plebeyos (1800 jinetes) integradas por hombres de menos de 45 años, que eran los pertenecientes a la categoría más adinerada, con más de 100.000 ases (la clase ecuestre) . A esta clase también podían ingresar los plebeyos, y además de conferir la participación en el ejército, políticamente, votaban antes que las demás clases.

La infantería o pedites, la componían 5 clases. Los pedites menores de 45 años, se denominaban iuniores, y los mayores de esa edad, seniores, que se quedaban en Roma, como reservistas.

La primera clase estaba conformada por ciudadanos de más de 100.000 ases, en un total de 80 centurias.

En la segunda clase, se encontraban los que poseían más de 75.000 ases y totalizaban 20 centurias, más dos centurias de artesanos.

Los poseedores de más de 50.000 ases formaban la tercera clase con 20 centurias.

Entre 25.000 y 50.000 ases quedaban comprendidos en la clase número cuatro, que también era formada por dos centurias de músicos.

La última y quinta clase era compuesta por aquellos dueños de más de 11.000 ases, y una centuria de proletarios, que no reunían el capital mínimo inscriptos en el censo pero sin participación. Recién integraron el ejército en época de Cayo Mario.

El total de centurias era de 193.






7. TARQUINIO EL SOBERBIO

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Tarquino, pasa por ser un tirano, calificado de déspota por Dionisio de Halicarnaso; sin embargo, la actitud política de Tarquino, puede haber sido ante todo populista favoreciendo a los plebeyos, a los que habría incluido en el senado como conscripti. Según la tradición este rey se mantuvo en el trono por medio de violencias sin fin. Abolió la constitución de su predecesor pero acabó las grandes obras.

Según la tradición, tras una revuelta de la nobleza al sentirse ultrajada por el rapto de Lucrecia por Sexto, hijo del rey, Tarquino y su familia fueron expulsados y tuvieron que refugiarse en el palacio de Aristodemo de Cumas, que acogería a Tarquino hasta su muerte, Sexto, el hijo del rey, huyó a Gabbi, donde murió. Lucrecia, era una patricia romana que según la leyenda popular , fue ultrajada por Sexto , hijo de Tarquinio el soberbio , ultimo rey de Roma . se quito la vida luego de contar públicamente la violación de que fue victima (Tito Livio , I,57-58; Valerio Maximo ,VI, I 1; Boccaccio ,oc;,XLVI).

Tarquino intentó volver a Roma con ayuda de Prosenna.

Aunque la historia convencional afirma que el ataque fue repelido por la defensa que hizo Horacio y sus compañeros, otras fuentes afirman que Pesenna logró conquistar Roma. La versión romantica de la violación de Lucrecia parece ser poco real.





Los libros sibilinos

Una de las leyendas relacionadas con Tarquino el Soberbio nos habla de los libros Sibilinos custodiados por los duoviri sacris faciundis. Los Libri Fatales, eran importantísimos en la religión romana. Según la tradición, estos libros contenían las profecías de las Sibilas, y constituyen una curiosa excepción en una religión que desconfía sistemáticamente de la “revelación” y que es sumamente hostil a las profecías.

Narra la leyenda que una anciana de aspecto misterioso se presentó ante el rey (Tarquinio Prisco o Tarquinio el Soberbio: se trataba de la Sibila de Cumas.

La anciana pedió un elevado precio por nueve libros que ofreció al monarca, pero el rey burlándose de ella se negó a pagarla. La anciana quemó tres, y pidió el mismo precio por los seis restantes.

De nuevo el rey se negó y la anciana quemó otros tres. Finalmente, bien por la curiosidad que despertó en él, bien por consejo de los augures, compró los tres libros restantes, al mismo precio marcado al principio por los nueve.

Sibila de Cumas, Miguel Ángel

Se colocaron los oráculos en un cofre de piedra y se situaron en un subterráneo del templo de Júpiter capitolino. Para su custodia se crearon los duoviri sacris faciundis. En el 367 a.C. se amplió el número de miembros a diez (decemviri), constituyéndose plenamente como colegio, y Sila amplió su número a quince (quindecenviri). En el año 85 a.C., la colección se quemó durante el incendio del Capitolio, y se decretó enviar legaciones a diversos puntos de Italia, Gracia y Asia Menor en busca de profecías sibilinas para reestablecer el texto fatalis. Tras una investigación, se constituyó una serie de libros que Augusto depositó en el templo de Apolo palatino.

Se consideraba que estos libros contenían los secretos mediante los que el poderío romano podría extenderse y mantenerse. Pero su consulta no era libre ni dependía de la voluntad o los intereses de los decenviros: sólo podían ser consultados para la expiación de los prodigios, y proporcionaban a Roma eficaces rituales contra las consecuencias de fenómenos anormales o terribles (procuratio prodigiorum).

En situaciones de este tipo, el Senado ordenaba la consulta de los Libros al colegio decenviral –que sólo en ese caso podía consultarlos: el examen de esos libros por razones privadas o intereses particulares estaba totalmente prohibida y podía acarrear serias consecuencias al sacerdote que lo realizara-. Los decenviros buscaban la respuesta en los Libros y se la comunicaban al Senado, que se ocupaba de ponerla en práctica.

Estos libros se consultaba como sucedió en:

  • En el 228 a.C., a consecuencia de un prodigium: un rayo cayó cerca del templo de Apolo. Consultada la interpretación del prodigio, el oráculo sibilino alertó a los romanos contra los celtas. Los decemviri sacris faciundis ordenaron enterrar vivos a extranjeros en el Foro Boario para alejar de la ciudad el terror a los galos.

  • En el 217 a.C., tras la batalla de Trasímeno, una de las derrotas más duras y vergonzosas jamás sufridas por el pueblo romano, Aníbal parecía acercarse a las puertas de Roma. Se empezaron a tomar diversas medidas tácticas, políticas y religiosascomo la consulta de los Libros Sibilinos para buscar la forma de alejar la catástrofe que se cernía sobre la ciudad: Los Libros Sibilinos recomiendan la instauratio de integro et amplius de un voto a Marte, la consagración de unos Juegos públicos a Júpiter; la dedicación de un templo a Venus Ericina y otro a Mens; la celebración de una supplicatio y de un lectistenium . pueblo.

  • En el año 205 a.C., durante la Segunda Guerra Púnica, frecuentes lluvias de piedras se sucedían sobre la ciudad. Ante estos prodigia, los decemviri sacris faciundis consultaron los Libros Sibilinos

Otra de las historias que se identifican con el reinado de Tarquino es la Historia de Lucio Bruto.

L. Junius Brutus era el hijo de Tarquinia, había fingido que era un idiota para protegerse contra toda la traición.

Un día, Tarquino encontró una serpiente en el palacio y envió sus hijos Arruns y Titus al oráculo en Delfos para preguntar lo que significó.

Los dos hermanos llevaron a su a su primo Brutus que ofreció una barra del oro insertada en un palillo hueco para Apolo.

La monarquía desapareció después de una cadena de acontecimientos que comenzaron cuando Sex. Tarquinius violó a esposa de Collatinus, Lucrecia.

  • Deshonrada, ella envió llamó a su marido y a su padre, que llegaron acompañados de Valerius, hijo de Volesus, y Brutus. Se apuñaló delante de ellos,acusando a Sexto de su muerte.

  • Él formó un pequeño tumulto con la ayuda de Brutus expulsó a Tarquino.
    Sus hijos Titus y Arruns se exiliaron a Caere
    Sextus huye a Gabii donde muere
    Tarquino busca el refugio en: Lars Porsena, la ciudad más fuerte de Etruria o en Caere
    o con su yerno Mamilius Octavius de Tusculum

La tradición sitúa el establecimiento de la República entre los años 509-510 a.C. Así comienza otra etapa fundamental de la historia de Roma que dura dos siglos y medio, en la cual Roma se prepara para dominar la península itálica, después el Mediterráneo para acabar dominando en el Imperio casi todo el mundo hasta el entonces conocido.


Violación y muerte de Lucrecia

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Lucrecia

Se presentaron a ella y les hizo los honores de los invitados. Pero a Sexto Tarquinio no le sentó bien el que hubiera ganado Lucrecia, y desde ese mismo momento concibió la idea de seducirla, porque era muy guapa, y porque quería romper la fidelidad para con su marido.

Estamos en el año 509 a. C., o lo que es lo mismo en el año 244 a. V. c. ("ab Vrbe condita": desde la fundación de la ciudad), y reinaba en Roma el rey Tarquinio el Soberbio.

Los Romanos querían someter Ardea, una ciudad muy rica, y le pusieron sitio. Este tipo de guerras solían ser largas y había momentos tranquilos que aprovechaban los jóvenes jefes para divertirse comiendo, bebiendo y charlando.

En cierta ocasión cenaban unos cuantos jóvenes en la tienda de Sexto Tarquinio, el hijo del rey, y entre ellos estaba Tarquinio Colatino, su primo. La conversación recayó en las esposas. Cada uno alababa a la suya diciendo que era la mejor. Pero Colatino dijo:

- Ya está bien de palabras. Mi Lucrecia es la mejor de todas, y, si queremos comprobarlo, tardaremos bien poco. ¿Por qué no vamos nosotros mismos a ver lo que está haciendo cada una? No nos esperan, así que se creen a salvo de nuestra presencia.

Como todos estaban un poco calientes por el vino, estuvieron de acuerdo:

- ¡Venga! ¡Vamos!

Y fueron a Roma rápidamente adonde llegaron al ocaso, y allí encontraron a las nueras del rey que estaban rodeadas de amigos y se divertían pasando el tiempo en suntuosos banquetes. De Roma se dirigieron a Collatia, donde vivía Lucrecia, la mujer de Collatino. Lucrecia, al contrario que las nueras del rey, trabajaba hasta bien entrada la noche hilando la lana rodeada de sus esclavas.

No hay que decir que el galardón para la mejor esposa se lo llevó Lucrecia.

Se presentaron a ella y les hizo los honores de los invitados. Pero a Sexto Tarquinio no le sentó bien el que hubiera ganado Lucrecia, y desde ese mismo momento concibió la idea de seducirla, porque era muy guapa, y porque quería romper la fidelidad para con su marido.

Por fin, después de una noche de juerga volvieron al campamento.

Unos pocos días más tarde, sin que lo supiera Colatino, Sexto Tarquinio, acompañado de un solo sirviente, llegó a Collatia, y se presentó en casa de Lucrecia. Ésta se portó como una anfitriona excepcional, y después de cenar lo acompañó a la habitación de invitados.

Cuando Sexto creyó que ya todos los de la casa estaban dormidos pasó a la habitación de Lucrecia con la espada en la mano, y poniéndole la izquierda en el pecho, le dijo:

- No hables, Lucrecia, ni digas nada. Una sola palabra y te mato.

Ella le respondió:

- ¿Qué quieres?

Sexto le confesó su amor:

- Desde el día en que te vi, me enamoré locamente de ti. Estoy dispuesto a todo. Te daré todo mi reino si accedes a venirte conmigo.

Lucrecia no quería aceptar la propuesta, y Sexto, como veía que no daba resultado, comenzó a amenazarla con la muerte. Pero Lucrecia parecía una roca que no se conmovía ni con promesas ni con amenazas.

Entonces probó a añadir la deshonra a las amenazas:

- Te voy a matar, y pondré a tu lado un esclavo desnudo para que se diga que, al encontrarte en adulterio, te he dado muerte.

Con este argumento, la pasión de Sexto Tarquinio salió vencedora (?) del honor de Lucrecia. Ésta quedó triste y pesarosa. Inmediatamente mandó una nota a su padre, que estaba en Roma, y a su marido, Colatino, que se encontraba en el campamento de Ardea:

Sexto Tarquinio y Lucrecia (Ticiano)

- Ven pronto con un amigo. El asunto es importante y urgente. Ha sucedido algo atroz.

Al recibir una nota con tales palabras se pusieron al punto en camino, su padre Spurio Lucrecio con su amigo P. Valerio, y su marido, Colatino, con Lucio Junio Bruto.

Encontraron a Lucrecia llena de tristeza sentada en su habitación. Cuando vió que habían llegado, no pudo contener las lágrimas. El marido le preguntó:

- ¿No estás bien?

Ella respondió:

- ¿Cómo puede estar bien una mujer que ha perdido la honra? Todavía hay restos en tu lecho, Colatino; restos de un hombre. Sin embargo sólo me ha violado el cuerpo porque mi espíritu es inocente. Para demostrarlo me voy a quitar la vida. Pero antes juradme que el culpable adúltero no ha de quedar impune.

- ¿Quién ha sido? le preguntaron.

Ella contestó:

- Ha sido Sexto Tarquinio. Yo creía que venía a verme en calidad de huésped, a hacerme una visita de cortesía, y como tal lo traté. Pero me deshonró por la fuerza, y esto ha sido mi perdición; y la suya también, si vosotros tenéis lo que hay que tener.

Todos juraron que la vengarían. Se dedicaron a consolarla:

- Ten en cuenta que si sólo ha sido el cuerpo, no tiene maldad. La que peca es la mente, y donde no hay consentimiento no hay culpa. El que la tiene es Sexto Tarquinio.

Ella, con una frialdad impropia del momento, les respondió:

- Vosotros veréis lo que hay que hacer con él. Yo me absuelvo del pecado pero no me libraré del castigo. No habrá nadie que me tome como ejemplo para justificar su deshonra.

En ese momento sacó un cuchillo que llevaba escondido bajo los pliegues de su vestido y se lo clavó en el corazón sin darles tiempo a impedírselo. Cayó muerta al instante.

El padre y el marido quedaron llorando fuera de sí sin saber qué hacer. Bruto sacó del pecho de Lucrecia el cuchillo que aun destilaba sangre, y, manteniéndolo en alto delante de sí, hizo el juramento siguiente:

- Juro por esta sangre castísima y ante una injuria cometida por una persona real, y a vosotros, dioses, os pongo por testigos, de que yo, Lucio Junio Bruto, voy a perseguir a L. Tarquinio el Soberbio, a su mujer criminal y a su descendencia con todas las fuerzas de que soy capaz; y no voy a consentir que ellos ni nadie, en adelante, gobiernen en Roma con el título de rey.

Todos los presentes hicieron el mismo juramento.

Cuando sacaron el cuerpo de Lucrecia y explicaron lo que había pasado, todos estuvieron de acuerdo con el juramento de Bruto, y, teniéndole como jefe, marcharon contra la familia del rey para darle cumplimiento.

Tarquinio, el rey, huyó con su mujer y con dos de sus hijos, y no se le permitió volver. Sexto Tarquinio, que se creía a salvo en Gabios, de donde era rey, fue asesinado en venganza por antiguas rivalidades.

Así, el año 509 a. C. o el 244 a. V. c. terminó el período de la historia de Roma que se conoce con el nombre de La Monarquía. A partir de este año comienza una época de esplendor y democracia, de expansión en el exterior y de conquista de derechos civiles, religiosos y políticos en el interior






PARA PROFUNDIZAR, CONSULTAD:

http://ar.geocities.com/bastadecopywright/roma_de_los_origenes_hasta_la/index.htm

http://ar.geocities.com/bastadecopywright/roma_de_los_origenes_hasta_la/ii.htm

ACTIVIDADES SOBRE LOS ORÍGENES LEGENDARIOS DE ROMA:

http://users.servicios.retecal.es/jomicoe/Roma_antigua.htm