dijous, 12 de febrer del 2009

De Sila a César y de César a Octavio. Las guerras civiles del s. I a. C,

Fuentes: Asián Peña, J.L.:MANUAL DE HISTORIA UNIVERSAL y
http://www.geocities.com/historia_imperia/roma/roma.html

Videos sobre los Gracos






Comienzo de las guerras civiles; Mario defiende al pueblo y Sila a la nobleza; Sila dictador.

Vencidos los Gracos, el partido democrático había quedado sin jefes y puso fácilmente sus esperanzas en el rudo Mario (157-86) , el cual venció al príncipe númida Yugurta, en el N. de África y libró a Roma de la temible invasión de los teutones y cimbrios que ya antes habían derrotado a varios ejércitos consulares. Los cimbrios y teutones eran pueblos germánicos que se desplazaban lentamente desde su patria originaria a orillas del Mar del Norte. Estos guerreros lo arrasaban todo a su paso, pues iban acompañados de sus familias, bagajes y rebaños en busca de nuevos pastos para estos últimos.

No estuvo afortunado el partido democrático en la elección de nuevo jefe, pues Cayo Mario carecía de dotes políticas y su ambición fue siempre mayor que su talento. "Hombre de más pasiones que ideas" tuvo en su espíritu más instinto de rebelión que verdadero amor a la libertad y a la justicia.

Después de las victorias de Aix y Vercelli contra los teutones y los cimbrios su ambición aumentó enormemente, ya que todos los ciudadanos derramaron libaciones en su honor y el pueblo le llamaba "tercer fundador de Roma". Se convirtió en un verdadero ídolo de los legionarios y de la plebe, lo que unido a su temperamento rebelde constituyó una alarma para el Senado, que no dudó en echarse en brazos de Sila, el cual había sofocado una grave sublevación de los italianos, exigiendo el derecho de ciudadanía, que varias veces les había sido prometido, y que dos años después de terminada la sublevación, les fue otorgado por el Senado.

Estalló la latente rivalidad entre Sila y Mario y éste, derrotado, huyó al África. El vencedor revocó las leyes democráticas y partió para Asia al mando del ejército que el Senado le había confiado para combatir a Mitrídates, rey del Ponto.

Durante su corta ausencia, los demócratas, acaudillados por Cinna y Mario, que había vuelto de África, se adueñaron del poder y ensangrentaron a Roma con una cruel matanza de nobles y sus partidarios. Pero Mario murió y Cinna fue asesinado.

Cuando Sila victorioso desembarcó en Brindis, tuvo que combatir varias veces a los demócratas, antes de entrar en Roma (año 85).

Organizó terribles represalias que se vieron agravadas por el odio de sus partidarios que tanto habían sufrido durante el gobierno anterior. Las proscripciones alcanzaron incluso a los hijos y nietos de los vencidos. Además de un deseo de venganza, revelaban un premeditado propósito de aniquilar toda posible oposición. De hecho, Sila, que ya había declarado en el Senado "Ninguno de mis enemigos será perdonado", hizo vender los bienes de todos los proscritos, pensando que los compradores serían sus partidarios más decididos.


Recibió del Senado todo el poder, al ser nombrado Dictador.

  • Llenó el Senado de sus partidarios elevando a 600 el número de sus miembros, restableciendo su clásico poderío,
  • y dio una nueva reglamentación a la carrera de los honores.
  • Restó atribuciones a los cónsules, a los tribunos y a otros magistrados.
  • Quitó a los aliados italianos el derecho romano, recientemente conseguido.

Tres años de mandato dictatorial le bastaron para estimar restablecido el poder de la aristocracia y voluntariamente abdicó (año 79), muriendo al año siguiente, después de sentar el precedente de tomar el poder por la fuerza.

El último año de su vida lo pasó en el campo, cerca de Putsoli (Puzzoles) rodeado de cortesanas y bufones. A su muerte fue enterrado en el Campo de Marte, honor que no se concedía a nadie desde la caída de la Monarquía, y sobre su sepulcro fue grabado el siguiente epitafio: "Ningún hombre ha hecho más bien a sus amigos ni más daño a sus enemigos."


De la muerte de Sila a los Triunviratos (año 79 a 59).


Es un espacio de 20 años, lleno de inquietudes y peligros en la vida de Roma. Sólo nueve años pudo sostenerse en el gobierno la oligarquía establecida por Sila. Las guerras civiles no habían llevado a una solución estable y a través de ellas se puso de manifiesto el estado de corrupción a que habían llegado los romanos.

El año 75 el cónsul M. Emilio Lépido, se sublevó en el N. de Italia desde donde se dirigió a Roma intentando imponer al Senado las exigencias de los demócratas. Fue vencido en el Campo de Marte. Al mismo tiempo, Sertorio, antiguo partidario de Mario, que había podido librarse de las proscripciones de Sila, se subleva en Hispania.

Roma tuvo que desplazar a Metelo y Pompeyo; Sertorio, venció al primero pero fue derrotado por el segundo, murió el año 72 asesinado por su aliado Perpenna, con que mantenía malas relaciones. Sertorio se había refugiado en el N. de África y vino a Hispania llamado por los lusitanos, a los que pronto se unieron los celtíberos; tenía en sus filas tropas romanas, que había traído Perpenna y nunca dejó de obrar y sentir como un romano. Después de sus primeras victorias contra Metelo llegó a tener un considerable poder e incluso relaciones diplomáticas, llegando a tratar con Mitrídates en nombre de la República romana. Pero cuando éste trató de contar con su apoyo para luchar contra Roma, le contestó: "No, jamás consentiré que toques una pulgada de tierra más de lo que se ha convenido en los tratados".

Guerra de los esclavos

Poco antes, tuvo lugar en Italia la llamada Guerra de los esclavos. El movimiento acaudillado por Espartaco del año 73 al 71, llegó a amedrentar a Roma pues era algo más que un levantamiento de esclavos que luchaban por su libertad. Se supone que Espartaco era de origen noble y fue reducido a la esclavitud por haber desertado de un ejército auxiliar romano. Era inteligente, discreto y severo, y cuando se fugó de Capua con 69 compañeros, estaba haciendo el aprendizaje para ser gladiador. Se dirigió a los suyos diciéndoles; "Es mejor pelear por la libertad, que servir de espectáculo a los caprichos brutales y voluptuosos de los romanos." Tenía el gigantesco proyecto de poner en libertad a todos los esclavos de Italia y destruir Roma.

En, los últimos tiempos de la lucha llegó a estar al frente de 40.000 hombres. Se mostró excesivamente cruel y los historiadores Veleyo Patérculo y Lucio Floro han dejado dramáticos relatos de sus devastaciones. Murió luchando en Apulia. Entre los rebeldes hubo disensiones, gracias a las cuales fueron vencidos por Craso y Pompeyo.












Pompeyo y Craso

Pompeyo

Al siguiente año (año 70) Pompeyo y Craso uniéronse al partido democrático y fueron elegidos cónsules
. Derogaron la Constitución de Sila, los tribunos fueron restablecidos, el Senado depurado y sometido a la revisión de los censores y a los tribunales se les devolvió sus antiguas atribuciones.

Pompeyo hizo una afortunada carrera. El año 67 obtuvo una gran victoria contra los piratas que desde Fenicia a Gibraltar dificultaban el comercio del Mediterráneo y el aprovisionamiento de Roma. Poco después puso fin a la guerra contra Mítrídates, que había intentado una vez más adueñarse de Asia Menor. El Ponto, la Siria y la Fenicia, quedaron unidos a la República romana.

Durante la ausencia de Pompeyo la vida de Roma había sido nuevamente turbada por la conspiración de Catilina, noble cargado de deudas, sin otro ideal que el de asaltar el poder, para recuperar las riquezas dilapidadas, adquiridas gracias a las proscripciones de Sila. Catilina fue descubierto y combatido por el grandilocuente Cicerón, el más brillante prosista y mejor orador de Roma. Cicerón era entonces cónsul y atacó a Catilina en sus famosos discursos llamados Catilinarias, el primero de los cuales comenzó vigorosamente con la conocida frase: "Quosque tanden Catilina abutere patientia nostra." Este aristócrata le recordó un día su humilde origen con propósito de mortificarlo, y Cicerón le contestó: "Mi linaje comienza conmigo; piensa que el tuyo puede acabar en ti." Catilina fue obligado a abandonar la Ciudad Eterna; recurrió a las armas y fue muerto en una batalla (año 62).Cicerón fue proclamado "Padre de la Patria".

Se supuso complicado en la conspiración a un rico patricio, Cayo Julio César (100-44), amigo de Craso, sobrino de Mario y yerno de Cinna, popular por sus larguezas, el cual unía a los vicios de su época un gran talento político y militar, puesto al servicio de su desmesurada ambición y su extraordinario orgullo. "Prefiero ser el primero en una aldea, que el segundo en Roma", es frase que lo caracteriza.





Cuando Pompeyo volvió del Oriente
y licenció su ejército, vio todas sus peticiones rechazadas por el Senado; entonces se volvió hacia Craso y César, que ya eran aliados, y quedó constituido el Primer Triunvirato.

Primer Triunvirato. Dictadura de César.

Craso era el más rico,el más poderoso y César el más popular de los ciudadanos de Roma. Los tres unidos constituyeron el primer Triunvirato, que no puso remedio a las guerras civiles, ya que terminó con una nueva, que desembocó en la dictadura de César.

Julio César, cuya hija Julia contrajo matrimonio con Pompeyo, es el primer favorecido por la alianza.

El año 59 fue elegido cónsul y consiguió que el Senado votara nuevas distribuciones de trigo al pueblo, y que decretara un reparto de tierras entre los veteranos.

Se le confió el mando de las Galias, que entonces comprendía sólo la llanura del Po (Galia Cisalpina) y la costa mediterránea del lado de allá de los Alpes (Galia Narbonense) mientras el resto permanecía independiente; conquistó y pacificó el país, llegando en sus expediciones hasta Gran Bretaña y Germania.








Pompeyo obtuvo el gobierno de África y España, adonde envió a sus lugartenientes permaneciendo él en Roma, para no perder su popularidad.

A Craso le fue encomendado el gobierno de la Siria, y allá se dirigió llevado por su vanidad y su monomanía de grandezas, dispuesto a aniquilar el reino de los partos con hazañas que hicieran olvidar las de Alejandro.

La muerte de Craso, que luchaba en Oriente contra los partos, puso frente a frente a César y Pompeyo. Nada podía evitar la guerra civil.

Pompeyo, que una vez más se había acercado a los aristócratas que le apoyaban, manejaba a su antojo el Senado y aspiraba a ser el único dueño de Roma. Se hizo nombrar cónsul sin colega y consiguió que el Senado ordenase a César abandonar su gobierno y licenciar su ejército, pero César, el victorioso general, se puso al frente de sus tropas, pasó el Rubicón, límite de su provincia y se lanzó sobre la capital.

César sabía que las leyes romanas prohibían que un gobernador abandonase en armas su provincia y que al pasar con sus tropas el Rubicón se colocaba fuera de la ley. Antes de decidirse a hacerlo, había propuesto varias medidas conciliatorias e incluso había enviado dos legiones que le solicitó el Senado para combatir a los partos, pero que Pompeyo retuvo para sí. Estuvo en Ravena, viendo lo que sucedía en Roma y cuando le fue señalado un plazo para licenciar sus tropas, franqueó el Rubicón, pronunciando la conocida frase: "Alea jacta est" "la suerte está echada". Siempre había dado pruebas de su valor y cuando en plena juventud fue apresado en el Mediterráneo por unos piratas, los forzó a escucharle e incluso los amenazó con crucificarlos. Cuando supo que por su rescate pedían 20 talentos (unas 100.000 pesetas) se molestó y les dijo: "Esto no es bastante, os haré dar cincuenta." En esta travesía la embarcación estuvo a punto de naufragar y como Incluso el capitán se mostrase temeroso, le dijo: "¿Qué temes? César viene contigo."

Pompeyo abandonó Roma, acompañado de sus partidarios. Los generales pompeyanos fueron derrotados por César en España (en la batalla de Mundo) y Pompeyo lo fue en Farsalia (Grecia), refugiándose en Egipto, donde murió asesinado.






César consiguió fulminantes victorias en la frontera oriental, y recibió del Senado el título de Dictador, de una manera vitalicia. Se mostró generoso con todos sus enemigos y dio a la celebración de sus victorias gran esplendor. César acababa de vencer a Farnaces, hijo de Mitrídates, que habían intentado reconquistar los dominios de su padre. La campaña fue tan rápida, que el victorioso general escribió a un amigo la conocida frase: Veni, vidi, vinci — "llegué, vi, vencí" —. Parecía un hombre extraordinario en todo, aunque no todo en él eran virtudes. Entonces los romanos eran casi insensibles a la virtud, pero no lo fueron al prestigio de la gloria y adoraron a César como a un verdadero ídolo.

Acometió útiles reformas, como el establecimiento de 60.000 colonos fuera de Italia, cuyo régimen municipal fue uniformado; la concesión del derecho de ciudadanía a los habitantes de la Galia Cisalpina, la reforma del calendario (antes el año contaba con 355 días y habían años en los cuales se tenía que agregar un mes auxiliar; asesorado por astrónomos egipcios, César dejó el año en 365 días y un cuarto, y el mes que antes se llamaba quintilis, lo dejó hizo llamar Julio en su honor) etc. Con el restablecimiento del orden, la industria y el comercio prosperaron.

Los partidarios de la antigua organización republicana y algunos senadores enemigos, tramaron una conjura que costó la vida a César, asesinado en el Senado, en marzo del año 44 antes de Cristo. La conjura contra César fue tramada por Bruto y Casio y en ella tomaron parte 60 senadores que habían pensado que para restablecer la república bastaba suprimir al dictador. Un día de marzo, cuando se dirigía a la curia del Senado, le fue entregado un papel que le advertía que Bruto planeaba matarlo en esa jornada. César se distrajo y no leyó el mensaje. También fue advertido por un adivino que desconfiara de los idus de marzo (justo ese día) y ese día antes de llegar le dijo en son de broma "he aquí los idus de marzo" a lo que el adivino le respondió, "todavía no han pasado". Al llegar al senado, César se dirigió a tomar asiento dispuesto a discutir trivialidades del gobierno. Entonces, los conspirados al unísono desenfundaron puñales y lo mataron. Intentó defenderse pero al ver que Bruto también lo había traicionado exclamó "¡hijo mío!, ¿tu también?" ("Tu quoque, Brute, fili mi" según la obra Julio César de Shakespeare) , y no ofreció ya más resistencia. Recibió 22 puñaladas y expiró al pie de la estatua de Pompeyo.












Segundo Triunvirato.


Los asesinos no consiguieron su propósito, pues a la muerte de César, que causó indignación a la generalidad del pueblo romano, siguió un confuso período de luchas entre los partidarios de la república (Casio, Bruto y otros) frente a Octavio, hijo adoptivo y sobrino de César, Marco Antonio, uno de sus generales, y Lépido, otro general que mandaba el ejército de las Galias.

Octavio, de acuerdo con ellos, dejó el papel de joven sumiso (tenía 19 años) y entró en Roma al frente de su ejército. Los tres jefes celebraron la Conferencia de Bolonia (noviembre del año 43) en la que quedó constituido el Segundo Triunvirato. Al constituirse, los nuevos triunviros, impresionados aún por la muerte de César; decidieron fortalecer su alianza haciendo morir a los enemigos de cada uno de ellos. Perecieron 2.000 caballeros y 300 senadores, entre ellos Cicerón, cuya muerte fue exigida por Antonio, que recibió de manos de Octavio la cabeza de su víctima. Así pagó a quien tanto lo había protegido.






Marco Antonio, tras sus primeras campañas en Oriente, se quedó en Egipto, enamorado de la reina Cleopatra, se desentendió de la vida de Roma y concibió fantásticos proyectos, pero Octavio fomentó su impopularidad y nuevamente estalló la guerra civil, cuando ya éste había quitado a Lépido el gobierno de África.

La guerra se decidió con el triunfo de Octavio en Actium, Antonio y Cleopatra se suicidaron*, Egipto fue reducido a provincia romana (año 31 antes de Cristo) y Octavio quedó como único dueño del mundo romano.

*Perdida la batalla de Actium, Cleopatra concibió, la idea de quitarse la vida e hizo probar múltiples venenos en los condenados a muerte, para saber cuál sería el más rápido y menos doloroso. Como ninguna prueba le satisfizo, hizo otras con animales venenosos, eligiendo el áspid. Augusto trató de evitar que atentara contra su vida, pero el áspid le fue introducido en un cajón de higos, que no había sido cuidadosamente examinado por la guardia.